A comienzos de los 60, el éxito de Nazarín y de Viridiana posibilitó el que Buñuel entrase en los circuitos europeos de "Arte y Ensayo". Este venía desarrollándose desde los años 50, en las que el éxito tanto de crítica como de público de directores como Ingmar Bergman, Federico Fellini o Akira Kurosawa propició la aparición de un entramado de producción/distribución/exhibición relativamente independiente de las organizaciones dominantes en Europa.Cuando Buñuel realizó El discreto encanto de la burguesía, la situación había cambiado radicalmente. El público que mantenía el cine de Arte y Ensayo europeo era predominantemente burgués y su subsistencia comercial dependía del apoyo del mismo. El surrealismo había dejado de ser un movimiento subversivo y provocador; se había convertido en parte de la historia del arte; sus ideas y planteamientos se discutían con simpatía, y sus poemas, cuadros y películas habían adquirido prestigio cultural. Es decir, todo lo contrario de lo que ellos pretendían en sus inicios.
Se ha afirmado que El discreto encanto de la burguesía es una clara muestra de surrealismo domesticado, que su función fue la de confirmar el sentimiento de superioridad cultural del público burgués, permitiéndole reconciliarse con el enfoque surrealista. Es evidente que esas objeciones responden en parte a la verdad, pues la crítica que hace la película de la burguesía no es políticamente sólida. El embajador de una mítica república bananera sudamericana, que se dedica al tráfico de drogas, no puede aspirar seriamente a representar al poder y la influencia de la burguesía de los años 70. Y el deseo continuamente frustrado de cenar juntos puede indicar la trivialidad de buena parte de la forma de vida burguesa, pero no es una metáfora que sirva para revelar métodos empleados por ésta para mantener su posición de hegemonía en la sociedad contemporánea. Debido a todo ello, la película tiene muy pocas posibilidades de irritar o escandalizar a los burgueses, al tiempo que su refinado uso del color, de los decorados y el vestuario, así como la solidez de las interpretaciones, tienden más bien a complacerles. No obstante, aunque El discreto encanto de la burguesía representó un claro cambio en la forma de abordar el cine de Buñuel, sus desviaciones con respecto a los ideales puramente surrealistas no pueden considerarse tampoco como una traición a dicha herencia. La película mantiene su fe en las posturas surrealistas mediante la forma en que muestra los distintos dramas y conflictos, no como algo que ocurre al nivel consciente, sino al nivel subconsciente, en el mundo de los sueños y las fantasías. Buena parte de la fuerza de la película procede de la aguda percepción de que hace gala Buñuel sobre el funcionamiento de los sueños. Es innegable que tiene en cuenta la obra de Freud; pero al mismo tiempo, los enriquece con la irrupción en ellos de temas sociales y políticos, como ocurre con el relativo al funcionario de la policía que todos los catorce de julio vuelve para liberar a los presos, en un intento por expiar su anterior brutalidad y sus torturas.
10 comentarios:
Hola Francisco: Me ha interesado mucho tu entrada. La verdad es que no recuerdo casi nada de las películas que vi en los 70's, tendría que ver todas las que valen la pena de nuevo.
Lo que dices me ha recordado aquella antigua expresión francesa, "épater le bourgeois" (escandalizar al burgués, o algo así), algo que el surrealismo sí consiguió al principio pero esta pelicula no hace.
Lo bueno de las obras que nos descolocan (seamos burgueses o simplemente si estamos instalados en cualquier tipo de certeza cómoda), es que nos sacan de nuestra manera de pensar habitual, aunque sólo sea un momento, y desde otra perspectiva podemos comprender o vislumbrar cosas que habitualmente no vemos.
Tendré que verla otra vez. Eso de los sueños que nos cuentas me ha sonado muy interesante. Un fuerte abrazo
En los 70 había una esperanza en la clase trabajadora mundial de que todo iba a ir a mejor. Esperanza de que el mundo iba a ser más igualitario. Buñuel con esta peli da un guiño al espectador sobre esto.
El mundo de los sueños, del subconsciente es tan importante para Buñuel, como la vida misma. Como lo cuenta en sus memorias" El último suspiro" tan interesantes como su vida.Clave para entender su cine y su persona.
Un saludo Francisco.
Me quedo alucinada con los comentarios sobre las películas, de verdad. Es como ver la película desde otra esquina que yo jamás hubiera imaginado.
Me encanta. Gracias de alguien que no tiene ni idea de cine.
Un abrazo
Otra muestra de tu admiración (y conocimiento) por la obra de Buñuel. Genio del celuloide.
Saludos.
Cuando el instante "surreal" se amplia y permanece, se convierte en real. Pura ley intelectual.
Un abrazo nada discreto
Todo es menos, si se compara con lo anterior. Esta frase, que suena a criptograma, creo que es perfectamente aplicable a tu conclusión.
Somos fruto de las circunstancias que nos envuelven, e incluso los genios puedan acabar plegándose a ellas.
Recuerdo haber leído, que a cerca de esta película, el propio Buñuel dijo que lo único que había pretendido era hacer una comedia de humor amable, ni estridente en cuanto a la carcajada, ni ajena a la constante sonrisa. Eso, a mí ya me suena a cierta "comercialización". En fin. La película (que a mí me gusta, quizá por mi falta de exquisitez surrealista) acabó ganando una estatuilla y provocó que Cukor invitara al genio a aquella histórica cena.
¡Chapeau!
En realidad, la idea primigenia es la de hacer una película sobre un grupo de gente que intenta comer o cenar junta y nunca puede. A partir de ahí, sí, vuelta de Buñuel a sus temas de siempre, quizá de una forma más ligera, pero quien tuvo, retuvo.
Excelente texto.
Abrazos.
Je je, este argumento me recuerda algo ; )
Un petó
Interesante reseña para una grandísima película de Buñuel, aunque si de surrealismo y burgueses hablamos, yo tengo mi favorita: "El Ángel Exterminador". La situaría un peldaño por encima de la que tú comentas. Surrealismo, burguesía... fueron temas recurrentes en el cine de Buñuel...
Un abrazo.
La última etapa francesa de Buñuel convierte el surrealismo en un juego de salón burgués, en esas reuniones donde los invitados se disfrazaban. Las máscaras bajo las cuales se agazapan los hipócritas son los hábitos eclesiasticos y militares.
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