miércoles 23 de diciembre de 2009

LOS HIJOS DE MAIRENA


Confieso que Juan de Mairena de Antonio Machado lleva siendo mi libro de cabecera desde hace más de veinte años. Padecí una educación pésima y muy engañosa y tuve que educarme a mí mismo. No nos queda otra alternativa. Al fin y al cabo un autodidacta no es más que una persona que se ha edificado a sí misma desde la más absoluta derrota.
Machado construye un escenario complejo, Juan de Mairena es, oficialmente, un profesor de gimnasia que imparte al margen clases de retórica y de sofística. Las lecciones son "gratuitas y voluntarias". Los alumnos, nos dice, son "casi niños": el profesor coloca a los más torpes en la primera fila y, en general, se dirige a ellos. Mairena repudia la gimnasia y ejerce una pedagogía sin temario fijo, sin progresión aparente, sin afanes por acumular conocimientos, seguro en su desorden y en sus defectos. Las cartas sobre la mesa: "Yo os pido un poco de amistad y ese mínimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas durante algunas horas. Pero no me toméis demasiado en serio. Pensad que no siempre estoy yo seguro de lo que os digo, y que, aunque pretenda educaros, no creo que mi educación esté mucho más avanzada que la vuestra. No es fácil que pueda yo enseñaros a hablar, ni a escribir, ni a pensar correctamente, porque soy la incorrección misma, un alma siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones y de arrepentimientos". Mairena vacila y Machado insiste en este rasgo. Nos presenta un individuo, pero también un vacío histórico: estamos ante un profesor apócrifo. El poeta, al crear a Mairena, nos dice lo que allí faltaba.

El escenario-quizá el mejor hallazgo de Machado- es, en efecto, un segundo lenguaje. La figura del oyente oficial, fuera de ser un ejemplo de probable humorismo, es la indicación clara de que nadie escucha, es la exaltación de un comportamiento que en ese desolado contexto cultural se transforma en una virtud. Oír con pureza no es aquí un signo de pasividad o una cualidad neutra, angelical y primaria; supone, por el contrario, una dedicación intensa, una conducta ajena a la tribu, una aventura emocionante. Supone ese mínimo de respeto del que hablaba Machado. El silencio del oyente nos hace imaginar los gritos, la sordera, la altanería. El saber oficial se encuentra en las instituciones y el auténtico en un aula perdida en la que un hombre mal vestido se reúne con unos adolescentes. El contraste se subraya sin exceso de palabras: basta señalar el empleo de Mairena, el sitio y los asistentes. Alumnos jóvenes y profesor anacrónico: lo primero porque Mairena no se hace ilusiones acerca de sus contemporáneos y lo segundo para sugerir-ahora a los lectores de Machado-que moda y verdad no siempre coinciden. No cobra dinero, porque no enseña a ganarlo. Su vida demuestra lo que sucede cuando un hombre, en aquella España, huye de "los púlpitos, plataformas y pedestales". Queda el refugio del café-esas catacumbas modernas-, la extravagancia, la paradoja, las pasiones íntimas, el orgullo y la muerte provinciana. El escenario establece también las posibilidades del texto. La biografía intelectual de Mairena permite la diversidad temática: el argumento ontológico, el solipsismo, el teatro, la realidad del mundo exterior, la poesía, el lenguaje, la vejez, la crítica, el cine, la política, el barroco, etc.

Y también algo más. Juan de Mairena pretende una cosa obscura e inefable: la educación del alma. Está convencido de que para ello es necesario inculcar hábitos más morales que intelectuales: modestia, espíritu lúdico, libertad interior, gusto por el riesgo. La ironía es también el instrumento bondadoso para desmontar la conclusión apresurada, el tono satisfecho, la vanidad incipiente, la seguridad facilona o la creencia cómoda. El "alma educada" será la condición necesaria del buen pensar. Machado inventa un profesor cuya tarea es enseñar virtudes mostrando defectos: los callejones sin salida de sus reflexiones, las continuas incertidumbres, sus limitaciones, sus ignorancias, las dudas, los dilemas insuperables. La exhibición de la intimidad es aquí pedagogía.

Hoy la educación tiende cada vez más hacia la especialización, en detrimento de las humanidades. Hemos concebido la idea peregrina y disparatada de que es más provechoso formar técnicos que ciudadanos. Se piensa, incluso, que la misión de una Universidad es especializar a los estudiantes en una determinada disciplina, aun a costa de mantenerlos ignorantes en otras. La tarea educativa no consiste en enseñar una determinada técnica, sino en suministrar unos métodos y unas perspectivas que nos permita comprender el mundo. Una educación hacia la sensibilidad, una educación que permita al joven actuar conforme a criterios propios y originales, frente al criterio unidimensional que hoy se impone. No obstante, existe una obsesión absurda entre los pedagogos por estar a la última, pero a la última no se está en clase: para eso ya están el mundo, la calle, la vida diaria. Cuando un estudiante me dice que no ha aprendido nada práctico en la Universidad me quedo muy tranquilo y satisfecho: sólo quien verdaderamente ha aprendido algo es capaz de darse cuenta de lo que le falta por aprender.
Nunca sabremos dónde estamos y hacia dónde nos encaminamos sin saber quiénes fueron los hombres que nos antecedieron.
Juan de Mairena es todavía un libro provocador.

Mis mejores deseos para todos vosotros y un próspero año nuevo. Sin vosotros, queridos lectores, amigos, El Tiempo Ganado no sería nada. Vuestros comentarios me hacen crecer.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com/

Para ser autodidacta te has formado muy requetebien...

Gracias a ti por actualizar tan a menudo y tan bien tu genial blog.

Felices fiestas Francisco.

mi nombre es alma dijo...

El problema creo que viene mucho antes de llegar a la universidad. Yo misma que estudié hace ya muchos años una ingenieria, solo veía libros de química y matemáticas, y en clase solo se hablaba de estructuras policarbonadas o ecuaciones con multitud de incognitas. Pero mi alma venía educada de casa y algo, menos, de la escuela. Y por eso fuera de esas clases superespecializadas, las actividades personales eran de los más diversas y casi exclusivamente autodidacticas. Por eso digo que si no existe una pedagogía libre por parte de la familia o en nuestros primeros años, ¿como vamos a pedirla nosotros, los interesados, con posterioridad?.

Un abrazo

Elvira dijo...

¡Bravo, querido amigo autodidacta!!! Da gusto lo bien que te has educado, y encima hoy nos hablas de uno de mis libros preferidos, Juan de Mairena. Te leeré varias veces, pues quiero saborear tu texto mejor, sin perderme detalles.

Aunque alumna menos aventajada que tú, también me considero "hija de Mairena". Te dejo una frase de nuestro querido profesor que ya cité en mi blog una vez:

"El ceño de la incomprensión –decía Mairena, gran observador de fisonomías– es, muchas veces, el signo de la inteligencia, propio de quien piensa algo en contra de lo que se le dice, que es, casi siempre, la única manera de pensar algo."

Me saco el sombrero y te mando un fuerte abrazo

leon no es feroz dijo...

Me encanta Machado y tengo varios libros de él. Y sin embargo no conozco " Juan De Mairena".Qué pecado. Incluso tengo
algunas obras de teatro que escribió junto a su hermano Manuel. Una de ellas " Juan de Mañara". Prometo que la conseguiré.Estoy leyendo ahora unas palbras de Mairena que he encontrado en un libro de Machado: " Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que ser hombre". Un saludo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Juan de Mairena sigue siendo un libro provocador y necesario.

Tu blog es todo un regalo y eres tú quien enriquece a quienes te leemos.

Mis mejores deseos para ti y tu familia, Francisco.

Un abrazo.

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

feliz navidad tambien para ti y que sigas con estas entradas tan estupendas como esta de Machado con la que he disfrutado tanto.

Un saludo.
Luis Roser

Montse dijo...

Antonio Machado está dentro de mis favoritos, igual que este "Tiempo Ganado" del que tanto se puede aprender.
Da gusto leerte, Francisco, me devuelves las ganas de volver a leer libros ya leídos.
Feliz Navidad y un Nuevo Año lleno de salud y felicidad.
Un beso.

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¡¡BON NADAL!!

Dana Andrews dijo...

Feliz Navidad para tí también Francisco. Has elegido hoy uno de los personajes que más intriga y admiración despiertan para mí. Además ha sido una entrada que hoy, en especial, me viene como anillo al dedo. Hoy he recibido el regalo más especial de esta Navidad (por adelantado): un poemario de Machado. Maravilloso.

Raúl dijo...

Venga o no a cuento de estas fechas, aquí tienes mi sincero abrazo, amigo.

Kinezoe dijo...

¡¡Felices Fiestas, amigo!! Me quedo con esta frase: "sólo quien verdaderamente ha aprendido algo es capaz de darse cuenta de lo que le falta por aprender". Qué gran verdad...

Y Juan de Mairena, otro libro para la lista...

Un abrazo.

María Jesús Almendro dijo...

Que tengas una noche mágica, con la compañía del recuerdo del nacimiento del Cristo.

¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad!

Joselu dijo...

Educación del alma, ¡qué hermosa idea y qué alejada de todas las teorías y prácticas pedagógicas que se han impuesto! Ya no hablamos del alma -probablemente no existe- pero qué sugerente y elocuente idea que era. Sin embargo, creo que sigue siendo necesaria. Feliz día de Navidad.

Luzdeana dijo...

Como cada vez que leo tus posts, muy satisfecha con lo que encuentro. Éste especialmente, por ser yo docente. Entiendo tu postura: me suele ocurrir que dadas las precarias y difíciles condiciones en que me encuentro en algunos ámbitos para enseñar lo mío (idioma extranjero, inglés)solamente me mueve la esperanza de lograr transmitir algo, aunque nada tenga que ver con mi asignatura, una cosa al menos, que les sirva para la vida.
Saludos cordiales en estas Fiestas.

Raúl dijo...

Reflexiono acerca de lo mal tratados que son nuestros clásicos, incluso aquellos cuyos nombres nos son conocidos a todos.
Machado (me refiero a Antonio, y qué voy a decir de su hermano)queda como únicamente como una lejana anotación en los libros de texto de nuestra época de escolares.
No conocía esta obra suya.
Ya no me sorprendo (pues hemos hablado mucho al respecto de esta característica tuya en estos largos meses que hace que nos conocemos) pero debería de seguir sorprendiéndome (y no sólo admirándome)la capacidad de vinculación que tienes entre lo que lees (sabes o conoces) y lo que vives.
Es esta misma cualidad, un ejemplo vivo, real y magnífico de lo que estoy seguro pretendes transmitir en esta entrada.
Un abrazo.

39escalones dijo...

Que viva la formación autodidacta. Leyéndote podemos ver que puede dar al menos tan buenos resultados, si no mejores, como la enseñanza reglada cuando había algo que podíamos llamar así.
Otro fantástico regalo el que nos haces, amigo.
Abrazos.

Cris dijo...

Aprendí lo mejor de no de los más buenos profesores que tuve en la universidad estudiando Historia cuando nos dijo que nuestros estudios empezarían una vez hubíeramos terminado la carrera, en la calle. Todo el mundo me ha preguntado siempre porque he estudiado Historia "si no sirve de nada". No hace falta añadir nada más. Excelente texto para sentarse en la "silla de parar las prisas" y reflexionar profundamente.

Muchos besos!
Cris