lunes 28 de diciembre de 2009

UNA GRAN NOVELA

IMAGEN alta y tierna del consuelo,
aurora de mis mares de tristeza,
lis de paz con olores de pureza.
¡premio divino de mi largo duelo!
Juan Ramón Jiménez



En 1943, año en el que transcurre la acción de la novela, Madrid era una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). Tal vez por eso toda la muchedumbre de seres que comparecen en las páginas de La colmena están muertos, aunque no lo sepan. Las mesas de mármol del café "La Delicia" son lápidas vueltas del revés (además, se nos dice que "el corazón del café late como el de un enfermo"). Del siguiente modo define Cela el espacio urbano: "la ciudad: ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena...". Al final de la novela volvemos al café, "que semeja un desierto cementerio". Y así es la miserable y repetitiva vida de todos los personajes de la novela, que son muchos (algunos críticos desocupados se han entretenido en contarlos, alentados por el propio autor, que hablaba de ciento sesenta; la cosa, al final, queda en torno a los trescientos, dependiendo del criterio que apliquemos). Ésa es la colmena del título, ésa la visión de la vida urbana del hombre contemporáneo que la novela aspira a reflejar. Por eso, resumir el argumento de una obra como ésta no sólo es imposible: es, también, inútil.

La colmena ofrece una visión caleidoscópica de lo real. Para lograrlo, organiza en breves secuencias-algunas muy cercanas al cuadro de costumbres, otras a microrrelatos autónomos-las múltiples historias que la componen. En sus páginas asistimos a un complejo espectáculo que busca comprender aspectos diversos de la sociedad. Por allí pululan toda clase de sujetos, ricos y pobres, asentados y buscavidas (desde sablistas hasta prostitutas), aunque es de justicia admitir que la palma se la llevan gentes apuradas, con vidas llenas de miserias y que apenas muestran ninguna confianza en el futuro. La mirada del novelista resulta desoladora.

A pesar de esa exhuberancia de personajes y situaciones, hay algunos que requieren mayor importancia que otros. Como espacio de encuentro, de cruces de caminos, tenemos el café de doña Rosa, una mujer desagradable e insolidaria, por donde pasean muchos personajes de la novela. A él está dedicado el primer capítulo. Allí conocemos, entre otros, a Elvira, una prostituta melancólica que se deja llevar por una vida inhóspita; a don Pablo, que fue su amante, y también a Martín Marco, poeta y semivagabundo sin otro medio de vida que lo que consigue de su hermana Filo para ir tirando. De este personaje es del que se vale Cela para enlazar muchas de las secuencias de su novela.

El enjambre de personajes se mueve siempre en círculos pequeños, cada uno dentro de sus propias celdillas, sin comunicarse verdaderamente con el resto. Hay una especie de protagonismo colectivo que le sirve a Cela para levantar su fresco que, como las pinturas flamencas, se compone de múltiples detalles, de miniaturas que al juntarse retratan un mundo al que sólo podemos acceder gracias a la mirada del novelista.

¿Y qué mirada es ésa? La primera impresión que tenemos al leer el libro es que nos proporciona un punto de vista privilegiado que nos permite, de un solo golpe, abarcar una sociedad entera. La novela funciona como una radiografía. El uso preponderante del presente de indicativo, las frases cortas, los abundantes diálogos, son todos elementos que buscan dar ese impresión de objetividad, de documental, que permea todo el texto. En vez de narrador, hay una voz en off que nos informa sumariamente de los datos pertinentes que afectan a las criaturas de la novela (y que recuerdan muy poderosamente a los narradores del cine de la época). Sin embargo, toda esa aparente objetividad se ve desmentida continuamente. En primer lugar por esa misma voz, que no puede evitar entrometerse de vez en cuando en el relato.

Así pues, en La colmena confluyen dos movimientos, uno de apabullante impresión de objetividad: los estraperlistas, las dificultades para fumar o para, simplemente comer, las cartillas de racionamiento, los rituales amorosos, la prostitución, la represión política, son todos elementos que se retratan en la novela y que reflejan a la perfección el espíritu de la época, subrayado por otro aún más poderoso, que va imponiéndose conforme avanza la lectura, y que es la visión del mundo que subyace en esta gran obra.

12 comentarios:

39escalones dijo...

Fenomenal texto, Francisco, como siempre, de un libro (y una película) soberbios. Especialmente, en cuanto a la forma, me parece sublime el aspecto de narración coral, caleidoscópica como tú la llamas. Hay quien flipa cuando ve una peli de Altman, por ejemplo.
Feliz año, amigo.
Un abrazo fuerte.

Joselu dijo...

Coincido contigo en que es una gran novela que inicia la llamada novela social pero a la vez tiene mucho de experimental. Es una novela que abre caminos que luego posteriormente fueron explorados. La familia de Pascual Duarte también es una buena novela, aunque la visión descarnada del mundo y los personajes me lleven a no coincidir con Cela. Esta impresión se me agudiza con sus novelas posteriores que ni me gustan ni me dicen nada. Sciascia dijo en una ocasión tras el Nobel, que Cela era la literatura más vacía de Europa. Y creo que es verdad. La colmena es un prodigio, pero pienso que a Cela le faltaba la compasión hacia sus personajes, eso que Dostoievski conseguía mostrando el alma de cada uno de ellos y ni siquiera los más malvados dejaban de tener sus razones. Tienes razón en alabar técnicamente esta novela, pero no guardo del Cela posterior un buen recuerdo lo que me hace sentirme distante de su narrativa y de su concepción del mundo. Un cordial saludo.

Yolanda dijo...

Vi la película (excelente adaptación, dicho sea de paso) después de haber trabajado y disfrutado del libro. Es un fresco impagable de la sociedad de los tristes años cuarenta, llena de miseria y falta de libertades. La atmósfera que se respira es sórdida y cruel. Yo no la viví (nací en 1955) pero mi madre decía que no la recordaba así, que era mentira todo lo que contaban, claro que dada su ideología no podía ser de otro modo.
Es de las pocas novelas de Cela que me gustan, quizá junto a "La familia de Pascual Duarte" y alguna más. Empecé cuatro veces "Mazurca para dos muertos" pero no pude con ella, ni con otras, a pesar de estar firmadas por todo un Premio Nobel. Cela siempre me pareció prepotente y engreído, muy inteligente, eso sí, pero endiosado en exceso. De todos modos, es una época excelente para recordar esta obra que nos traes.
Un saludo.

Dana Andrews dijo...

Una obra brillante, sin duda, de la que has captado su esencia con tus palabras. Gran análisis que tomo como excusa para volverla a leer.

Elvira dijo...

Leí esta novela cuando era muy joven, y no he vuelto a ella. Puede haber influido lo poco simpático que me resultaba este escritor en los últimos tiempos. Prefiero leerte a ti.

¡Un fuerte abrazo y Feliz Año, amigo!!

Antonio dijo...

Suscribo el comentario de Joselu y destacaría sobre todo la capacidad de Cela a la hora de convertir en literatura una de las épocas más grises de nuestra historia.
Felices fiestas.

Anónimo dijo...

Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com

Excelente novela y muy bien analizada por tu parte. Estoy de acuerdo al 99% en todo. En el caleidoscopio, en lo de los microrrelatos, etc.

El 1% en que disiento es en el título. Yo hubiera puesto UNA EXCELENTE NOVELA.

PD: Por cierto, la peli no está nada mal, como cita 39Escalones pero es que la novela es asombrosa e insuperable.

FELIZ AÑO, caballero!!

Anónimo dijo...

Francisco:

Anoche he visto "Vivamente el domingo", de Truffaut. Maravillosa película, y su mujer como protagonista que parecía un ángel detectivesco y simpático.

Feliz año, querido amigo.

J,

Raúl dijo...

Yo no sé si catalogarla de hito novelístico (pues sonaría a pedantería viniendo de alguien con tan poca instrucción como yo) pero lo bien cierto, es que estamos hablando de una grandisima novela.

Desde un punto de vista formal, ya has destacado tú el fenomenal uso del presente de indicativo y la reiterada utilización de frases cortas; una manera significativa y gráfica -con la que últimamente yo me identifico bastante- que deja muy a las claras la ausencia aparente de juicios por parte del autor.

Desde un punto de vista material, considero que Cela no deja títere con cabeza, ya que ni desde el punto de vista individual de cada uno de sus personajes, ni por supuesto desde la óptica de lo colectivo (verdadera intención del escritor) permite la salvación y la gloria de nada/nadie de lo retratado. Mientras a ciertos personajes los trata con desprecio, abocándolos directamente al odio, es cierto que hay otros personajes a los que trata con cierta consideración, pero ésta es tan cercana a la compasión, que el resultado es el mismo para todos.

Por último, la sociedad española de la época (de cualquier época, creo yo) que en este caso es la suma de todos los individuos que pululan por entre las celdas de la colmena, es la peor parada, consiguiendo que sea radiografiada dejando al descubierto todos sus pecados y todas sus miserias.

Muy buena entrada, Francisco.

Licantropunk dijo...

Con este escritor nunca me he sentido decepcionado. Todo lo contrario: lo que haya leído de él siempre me ha gustado mucho: supongo que no lo he leído todo. Y "La colmena" es de las mejores novelas suyas que he leído. Y la película de Mario Camus, muy buena también.
Ese café...
Saludos.

Kinezoe dijo...

Todo un clásico de la literatura y, como bien dices, una excelente radiografía de la sociedad española de posguerra. Gran entrada.

Un abrazo.

mi nombre es alma dijo...

Tú mismo lo dices, es un fresco lleno de matices basntante certeros.

Un abrazo