Bajo las escaleras de mi casa silbando. Abro el buzón y entre propagandas y amenazas de banco veo una carta del Juzgado. La abro muy nervioso y asustado. En ella dice: "Le dirijo esta carta a fin de que se presente ante este Juzgado para efectuar una diligencia..." Hago repaso general de toda mi vida en un instante buscando antiguas fechorías. Nada. No hay nada. Doblo el sobre y salgo precipitadamente hacia el Juzgado. Me adelanta K, con otro sobre en mano.Paso por el detector de metales sin los zapatos y subo por unas escaleras olvidándome de ellos.
Veo al Marqués de Sade que ha sido denunciado por adquirir los servicios de una prostituta en mitad de la calle. También está Tom Sayer y Huck Finn muy indignados; Finn le dice a Zeno, el personaje de Italo Svevo, que no llega a comprender, que por el simple hecho de fumar en pipa, se monte semejante alboroto. Veo al pobre TíoTom que no para de llorar porque le han desalojado de su cabaña de la periferia para levantar en su lugar pisos de alto standing. Él no comprende todavía lo que significa "especulación inmobiliaria". Veo a Sherlock Holmes con su inseparable amigo el doctor Watson. El médico ilustrado intenta consolarle con palabras cálidas. Holmes no acierta a comprender por qué ha sido cacheado y maltratado en mitad de la calle como si se tratara de un vulgar yonky. Phileas Fogg mira impacientemente su reloj de bolsillo. Picaporte, a su lado, se lamenta de que no llegarán a tiempo a dar la vuelta al día en ochenta mundos por culpa de un radar camuflado en una autopista hacia a ninguna parte. Más allá veo al capitán Nemo juzgado por no ser feliz (hoy nadie se atreve a confesar que a veces no es feliz por miedo a rebajarse socialmente) y no llevar documentación (por lo visto, la policía no tiene conocimiento de latín y desconoce por completo que Nemo significa Nadie). Bartleby está sentado en un rincón con las manos apoyadas en las rodillas. Parece ido y no para de repetir: "Preferiría no hacerlo." Flash Gordon también está aquí. Había liado un pollo que te cagas en la Nasa. Quería volver al espacio exterior para correr aventuras y que por culpa de la tecnología se había quedado varado en nuestro planeta aburrido, superficial, materialista, totalitarista y alienado. Pobre Flash, nuestras sociedades son tal vulnerables que todo es posible, en especial lo peor. Hay riesgos por doquier. Es el desencanto de este comienzo de siglo: sabemos que los avances se pagan con terribles retrocesos, y cada conquista también es un terreno perdido, cada demostración de fuerza una confesión de debilidad. Robinson Crusoe parece sentirse más solo que nunca en una isla de tres millones de habitantes. Tarzán está acusado por exhibicionista. El monstruo de Frankenstein sigue matando porque nadie le quiere. Fu Manchú, Fantomas, Moriarty y Vito Corleone están juntos con rostros pétreos. ¿Qué ha hecho la burocracia y los paparazzi a esa buena gente? Se lamentan que para pagar la cuantiosa multa deberán de acudir a uno de esos programas basura de la televisión. Lo que no acierto a entender que hace aquí Alicia ¿lo saben ustedes? Humbert Humbert intenta consolarla. El padre Brown se abanica con su sombrero. Veo al hombre invisible que ya no puede esconderse bajo el ojo omnipresente. Philip Marlowe, Sam Spade y James Boond están condenados por beber alcohol en la calle. Se lamentan que los bares nocturnos de hoy ya no son lo que eran y les parece inconcebible esa maldita costumbre de colocar pantallas de televisión, y, sobre todo, ese griterío infernal.
Pero el caso que más me entristece es el de don Quijote. Un funcionario gárrulo y obsoleto le pone en evidencia. Don Quijote le muestra su corazón lleno de buenas intenciones, pero no puede partir porque carece de los siguientes documentos y licencias que el funcionario va enumerando.
1- Permiso de conducir jamelgos y recibo de haber satisfecho las cuotas correspondientes.
2- Certificado de que Sancho había sido dado de alta en la Seguridad Social.
3- Recibo de haber satisfecho en su plazo las cuotas catastrales y las de la contribución urbana.
4- Licencia fiscal para trabajar en actividades liberales.
5- Copia de la declaración trimestral del IRPF y anual del año anterior, así como certificado de que ha ingresado en sus fechas las percepciones recibidas en concepto del Impuesto sobre el Valor Añadido.
6- Certificado de estar al día en el pago de los impuestos de la Seguridad Social como caballero andante autónomo en los tres años anteriores a su salida hacia los agravios de los malandrines autorizados por las leyes en curso.
7- Permiso de utilizar lanzas y adargas antiguas.
8- Certificado médico de estar en buenas condiciones físicas para el ejercicio profesional de la caballería andante.
9- Certificado de vacunación de Rocinante y Rucio.
10- Y declaración jurada de todos sus bienes por si hubiese reclamaciones legales por destrozos y daños, con copia de haber abonado la última cuota del seguro por daños a terceros.
Pobre don Quijote que tendrá que volver a su casa para morir esta vez enloquecido de leer leyes europeas, nacionales, comunitarias, autonómicas y municipales. Que descanse en paz, si las leyes vigentes lo permiten.
Ya ven, yo que siempre he creído que lo más hermoso, lo profundamente útil de los héroes es que vuelven siempre, revestidos de los concretos afanes liberadores que cada época alienta. Nuestra dificultad de vivir no proviene de las circunstancias de la vida, sino de nuestra perplejidad ante cómo afrontarlas sin saber previamente en qué consiste vivir como humanos, o mejor dicho, como héroes.
-¡Francisco Machuca! ¡Preséntese en el despacho número 5!Les cuento.




