
martes 28 de julio de 2009
WILLIAM BURROUGHS

jueves 23 de julio de 2009
SUEÑOS PERDIDOS
¿Por qué me gusta tanto La última sesión (1971), de Peter Bogdanovich? Ay, yo os preguntaría: ¿quién no ha vivido alguna vez en Peyton Place? ¿Cuántas veces hemos pensado ya en la madurez que un adolescente es un proyecto de adulto que fracasa todos los días para volver a empezar? La última sesión es una espléndida muestra de los años perdidos, las locas aspiraciones y las rivalidades sin sentido de una comunidad en declive no demasiado consciente de su pasado y con pocas esperanzas para el futuro. La última sesión hace pensar así en una obra de Chejov a la americana.Los diversos encuentros sexuales de los adolescentes de la película les reportan sobre todo desilusiones y dolor, pero el filme da al mismo tiempo a entender que, con el paso del tiempo, la nostalgia puede muy bien convertir ese dolor en gratos recuerdos, en la memoria de grandes oportunidades perdidas. Así, Sam el León (Ben Johnson), en el único parlamento largo de toda la película, le cuenta poéticamente a Sonny (Thimothy Bottoms) mientras pescan un idílico momento de su juventud, cuando él y una muchacha se bañaron desnudos. El objetivo de esos bellos recuerdos es ahora una mujer cínica y de marchita belleza, capaz de aconsejar a su hija lo que tiene que hacer para perder la virginidad. Pero ella también se aferra a esos recuerdos de juventud como el gran momento de su vida. Mientras tanto, los jóvenes del filme van acumulando parecidas experiencias ambivalentes y encerrándolas en sus corazones.
La película de Bogdanovich es, como he dicho, una comedia a lo Chejov sobre las vidas vacías de un puñado de personajes que de vez en cuando llegan a extremos ridículos para demostrar que su existencia tiene sentido y sus acciones son importantes. El intento de Jacy de ser aceptada por los ricos consiste en mostrarse desnuda sobre el trampolín de la piscina; por otro lado, incita al amante de su madre a violarla y, con su fuga en compañía de Sonny, pretende únicamente convertirse en objeto de atención de todo el pueblo.
La forma de enfocar el vacío de las vidas de sus protagonistas por parte de Bogdanovich no incurre en ningún momento en el sentimentalismo, y está llena de un acre sentido del humor. Sentada en el desvencijado cine local, mientras contempla El padre de la novia (1950), Charlene (Sharon Taggart) se saca el chicle de la boca para besar a Sonny distraídamente, absorta por los irreales problemas de Spencer Tracy, que tiene que hacer frente a los caprichos prematrimoniales de su hija, Elizabeth Taylor. Posteriormente, en la última película que se exhibe antes de la clausura del cine, Rio rojo (1948), el gigantesco rebaño conducido por John Wayne a través de las grandes praderas contrasta dramáticamente con las pocas cabezas de ganado que quedan en el moribundo pueblo, y a las que se ven montadas en un camión. Los fragmentos de otras películas que aparecen en La última sesión tienen así el carácter de verdaderas drogas, de fantasías con las que alimentar la imaginación de los jóvenes protagonistas y que, con la desaparición de la vieja sala de cine local, se verán sustituidas por el nuevo monstruo: la televisión.

sábado 18 de julio de 2009
JOSÉ LUIS GARCI (Primeros encuentros)

A pesar de este intento de ruptura, no podía Garci olvidar la atmósfera sentimental de sus historias cargadas de amor, ausencias y reencuentro. Tras aquéllas, por tanto, afronta la realización de Volver a empezar (1982), la confirmación de su gran sueño americano, y Sesión continua (1984), de nuevo un filme que retoma las constantes de Asignatura pendiente, al menos en su sentido retrospectivo y emocional, cargado de ansiedad pasada. Con ella Garci construye una especie de metáfora sobre el cine, estableciendo una simbiótica relación entre el mundo ficticio de la pantalla y el que alimenta la realidad cotidiana. En tal sentido resulta significativo aquello que apunta uno de los personajes: "Hemos vivido siempre en estado de película. Por eso se nos ha olvidado vivir nuestras vidas. Así nos va. En nuestras vidas no hay historias."martes 14 de julio de 2009
EL SECRETO McGUFFIN
Severine (Catherine Deneuve), en Belle de jour (1966), de Luis Buñuel, le muestra a un cliente asiático una cajita misteriosa que emite un inquietante zumbido. Ambos miran fascinados el interior de ésta. Nunca sabremos que es lo que contiene. A Buñuel le preguntaron hasta el día de su muerte por el contenido de la caja. Lo sorprendente del caso, según contaba el director aragonés, que en la mayoría de las veces, las preguntas procedían de críticos renombrados, escritores, curas, psicólogos y políticos, todos amigos de Buñuel. Pero jamás obtuvieron una respuesta concluyente.Dos hombres que no se conocían viajaban en tren. Están sentados uno frente a otro. Señalando con su dedo una maleta que está encima de ellos, en la red portaequipajes, uno de los hombres pregunta:
- ¿Qué lleva usted ahí dentro?
- Es un McGuffin-responde el otro.
- ¡Ah! ¿Y qué es exactamente un McGuffin?
- Es un aparato que sirve para cazar leones en los Adirondacks.
Los Adirondacks son un macizo sin muchas pretensiones que se halla en el estado de Nueva York.
El viajero se extraña:
- Pero no hay leones en los Aridondacks.
- Entonces, quizá no sea un McGuffin.
Los misterios que plantean los grandes directores no encierran más que nuestra curiosidad insaciable respecto a nuestra ilusoria condición de libertad y, no sólo por lo que implica la caja de Severine o las maletas de Hitchcock. Quizá no hay tantas preguntas como creemos, como tampoco hay respuestas, o, quizá, la existencia de una respuesta depende solamente de que haya la pregunta adecuada.
martes 7 de julio de 2009
EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO

Se trata de una película no sólo sobre el cine y quienes lo hacen, sino también sobre la gente que ve las películas, sobre los cinéfilos que construyen su vida en torno al cine. Está hecha para enfrentarse al público, para intimidarle. Es una película "underground" en el mejor sentido de la palabra.miércoles 1 de julio de 2009
EL MUNDO AL REVÉS
itir, como Alicia, ante ciertas observaciones del Sombrerero, que si por una parte carece totalmente de significación, resulta por otra parte, y al mismo tiempo, correcto. La gratuidad es la primera regla. Ella "visita" los países de las maravillas y del espejo, observa todo con distancia ("¡qué curioso!" es una expresión clave en ella), discute a sus genuinos habitantes generalmente desde la más estricta sensatez y no pocas veces siente temor ante la idea de no regresar nunca más a la supuesta realidad de donde partió. Su curiosidad resulta más poderosa que su miedo, le impele a vivir la aventura que, a fin de cuentas, en su sueño buscó.
villas le permitirá entender también la lógica de la conducta de sus habitantes y, por lo tanto, intenta seguir lo que ocurre en la mesa del té con algo de razón y buenos modales. Contrarresta con planteos racionales las situaciones absurdas que se le presentan; intenta encontrar respuestas inteligentes a las preguntas que le formulan, por ridículas que sean. Pero es en vano. "La verdad, ahora que me lo dices-responde-, no pienso..." "Entonces no deberías abrir la boca", contesta bruscamente el Sombrerero.Ilustaciones de John Tenniel
