
domingo 29 de noviembre de 2009
PREGUNTAS Y RESPUESTAS

jueves 26 de noviembre de 2009
MÉNAGE-À-TROIS
Basada en la novela autobiográfica poco conocida de Henri-Pierre Roché, Jules et Jim (1962), fue la tercera película de François Truffaut, y sigue siendo aquella por la que más se le valora y recuerda. Enormemente inventiva y nostálgica, es una de esas raras películas que, a la primera visión, dejan ya una marca imborrable en el espectador, a lo que constribuyen el interés de la trama, las magníficas interpretaciones de Jean Moreau y Oskar Werner, y la espléndida música de Georges Delerve. Pero lo más asombroso de todo es la enorme facilidad con la que, en esta historia de un interminable ménage-à-trois, Truffaut consigue pasar de la comedia al drama y finalmente a la tragedia, desplegando al mismo tiempo todo un arsenal de peligrosos trucos cinematográficos, tales como congelados, cortinillas, etc. Aunque el triángulo formado por Jules, Jim y la huidiza y voluble Catherine dista mucho de ser idílico, los numerosos elementos sombríos que contiene la película no consiguen ahogar su optimista exuberancia. Para encontrar un ejemplo de ello basta fijarse en el personaje de Catherine, deliciosamente interpretado por Moreau. Rara vez ha concedido el cine tales dosis de sentido del humor, encanto y ternura a sus mujeres fatales. Y no cabe duda de que se trata de una mujer fatal, pues cambia caprichosamente de amante una y otra vez, enfrenta a dos amigos entre sí, y termina provocando la muerte de uno de ellos (al tiempo que la suya) cuando conduce directamente el coche en el que van ambos a las aguas del Sena. Pero es precisamente esta volubilidad e imprevisibilidad de Catherine lo que ha permitido que la película soporte mejor el paso del tiempo que todos los dramas pasionales llenos de ruido y furia hechos más o menos simultáneamente (recuerdese por ejemplo Un lugar en la cumbre (1959), de Jack Clayton, rodada sólo dos años antes). En Jules et Jim el sexo es algo divertido, al menos de momento. Aunque los tres protagonistas no consiguen llegar a un entendimiento que les permita perpetuar su curioso ménage-à-trois, Truffaut no formula tampoco condena moral alguna; según él, las relaciones más convencionales conducen también a finales igual de desdichados.
El equilibrio entre tragedia y comedia, milagrosamente mantenido a todo lo largo del filme, nace del hecho de que aunque los personajes no parecen envejecer físicamente, el paso del tiempo va destruyendo de manera cruel e inexorable su propio universo. Al principio de la película, la I Guerra Mundial, evocada mediante materiales de archivo que, al ser pasados al CinemaScope, adquieren una cualidad etérea y casi fantasmagórica, hace temer a los dos amigos que puedan matarse el uno al otro (ya que, a pesar de su nombre, Jules es alemán, mientras que Jim es francés).
Entonces, de repente, la acción se sitúa en 1933, y los tres protagonistas están en un cine viendo nuevos materiales de archivo, pero esta vez sobre la quema de libros por parte de los nazis. Luego, el paso de los años se ve indicado por la aparición en la película de obras pertenecientes a las distintas etapas de Picasso. No obstante, y desde el primer momento, Jules et Jim ha apuntado ominosamente la imposibilidad de que la felicidad del trío protagonista se perpetúe: el imprevisto chapuzón de Catherine en el Sena, la quema ritualizada de cartas de antiguos amantes (que termina casi en su auto-inmolación); el espectro de los celos en un chalet del Rhin, reflejado mediante un asombroso plano de grúa en el que se ve al mismo tiempo a Jim bajando nerviosamente las escaleras y a Catherine y a Jules abrazándose extasiados en el dormitorio de arriba, son todas escenas que ensombrecen las relaciones de los tres personajes principales.
martes 24 de noviembre de 2009
EL GRAN BUSTER KEATON
Buster Keaton era el actor cómico que se enfrentaba a un mundo hostil sin mostrar la menor emoción, y superaba las dificultades físicas con una serie de acrobacias deslumbrantes, pero fríamente calculadas. Tenía un asombroso sentido de lo visual, un gran dominio del ritmo y de la comicidad. Su negativa (o incapacidad) para reflejar emociones, nacía quizá de la creencia en que el triunfo y la tragedia se suceden inevitablemente, y que ni una cosa ni la otra merecen la más mínima excitación.viernes 20 de noviembre de 2009
RAMÓN
"El alba riega las calles con el polvo de los siglos."
Podríamos decir que la literatura es una circunferencia que el escritor traza en torno de sí para singularizarse y, al mismo tiempo, aislarse del mundo. Toda la obra de un escritor no es sino un sistema de señales para dar fe de sí mismo y perpetuar la distancia del mundo. Ramón es él y su circunferencia, y por eso le saldrá los géneros fingidos, porque no ha nacido jamás a la vida. Lo suyo es andar y andar la circunferencia, recorrerla y contárnosla. Ahí está su genialidad circular y, por lo tanto, limitada: y, por lo tanto, infinita. La genialidad es siempre una monotonía, un ser uno igual a sí mismo. Con Ramón descubrimos que nunca escribimos sobre lo que creemos escribir, sino sobre nosotros mismos. El escritor no está para explicar el mundo-filósofo o novelista-, sino para explicarse él en el mundo. Con él también aprendemos esa cosa elemental de que sólo se es alguien en lo de uno. La cuestión, para Ramón, es huir de prisa de la sordidez de unos hogares intransitables del perfume antiguo de la frustración. Odia y teme el mundo de los adultos, el rito, el negocio, la política. Niega siempre la trascendencia de la Historia y a todas las trascendencias. Ramón se ha resistido a construir nada, porque sabe que no hay nada que construir. Ramón es humorista y tiene un claro sentido de la muerte. La ironía del vivir y la tragedia del morir. En El rastro, posiblemente una de sus mejores obras, es precisamente el revés de ese mundo serio que él repudia. El rastro es ese mundo, pero ya vencido, caducado, revestido de poesía por la ruina y el tiempo. Lo cursi es la mediocridad que se cree sublime. Lo cursi es cursi porque insiste demasiado en la felicidad, y todo se queda cursi en El rastro, con el tiempo, porque la muerte ha dejado fuera de época esa felicidad. Mejor que el mundo abrupto de los negocios y la política, Ramón entiende la decadencia de ese mundo. El lenguaje en él tiene muchas claves temporales. El escritor siente repugnancia por la realidad mostrenca que sigue la repugnancia por el realismo. El realismo es insoportable siempre, como copia testaruda de la vida. Ramón sabe, en el fondo, lo que sólo saben los poetas: que el tiempo es siempre igual y que las emociones son siempre las mismas. El poeta llega más lejos que el pensador en su resumen del tiempo o de la tarde. Que se aprende más del curso de un río que de la geometría de un estanque."Ha oscurecido de pronto, de un modo súbito y vehemente. Todo el pasado de la ciudad está ahí, en ese pozo. No es más trascendental la historia, tómese como se tome. Todo queda emborronado y tergiversado por la noche."
domingo 15 de noviembre de 2009
ESPEJISMOS
El otro día un amigo chiflado por los nuevos avances tecnológicos me instó a que lo acompañara a ver una exposición sobre los últimos cacharros de plástico y chips. Le dije que no, pero su perseverancia acabó con mi paciencia y al final cedí.miércoles 11 de noviembre de 2009
UNA GRAN DAMA

domingo 8 de noviembre de 2009
EXPERIENCIA
-¿Tiene usted experiencia?-me preguntó el director de la empresa con el ceño fruncido y con mi Curriculum vitae en las manos.jueves 5 de noviembre de 2009
SERIEDAD

Oscar Wilde
En la escuela se tendría y sobre todo que jugar a reir, de uno mismo y también de los demás, no menos cómicos y zarrapastrosos; reirse juntos, cada vez que se presenta la ocasión, es un patrimonio inestimable, que ayuda a soportar una vida con tanta frecuencia invisible e intolerable, agobiada no sólo por el sufrimiento y la injusticia, a la postre siempre victoriosa, sino así mismo por la obtusa seriedad, que contribuye también al déficit de lo creado.
Afirmo que el exceso de seriedad está acondicionado por el exceso de frivolidad. Ay, el mundo se ha convertido mortalmente y estúpidamente serio. De nuevo el tío Wilder: "La seriedad es el último refugio de los superficiales."
Hay gente que cree que todo cuanto se hace poniendo cara seria es razonable. La seriedad, en la mayoría de los casos, es un truco que se aprende para adquirir reputación a los ojos del mundo. Y, no obstante, todas estas personas que están siempre serias demuestran que no han entendido nada. "Poca sabiduría me darás si a cambio no me otorgas una carcajada." Nietzche.
La vida es algo demasiado importante como para hablar de ella en serio. La coherencia es el último refugio de los carente de imaginación. Tomarse la vida en serio, es seriamente irrisorio. Tomarse en serio, signo muy serio de tontería.
Imagen: Marcel Marceau.
martes 3 de noviembre de 2009
MITAD OSCURA
El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde de R.L.Stevenson, sigue siendo uno de mis relatos favoritos. ¿Por qué? Porque cada vez me inquieta más su fondo. Me explico: sospecho que el tema de fondo es la fascinación envidiosa que la persona convencionalmente buena siente por sus posibilidades de maldad desaprovechadas. El hipócrita es quien siente las normas morales como nuevas coacciones, como limitaciones socialmente tópicas de su deseo: es, en gran medida aunque no por completo, el caso del doctor Jeckyll. Por tanto envidia la ligereza, la disponibilidad incluso la energía juvenil de Hyde, que él ha sacrificado para hacerse respetable. En una ocasión, Hyde dice explícitamente que lo que le atrae turbadoramente de su mitad oscura, es su repelente "amor a la vida". Si Jeckyll fuera un hombre auténticamente virtuoso y no un mojigato con ambiciones prometeicas sabría que el verdadero amor a la vida es el fundamento de la moral y no del crimen. Sea como fuere, con todas sus competencias y contradicciones, aún tiene Jeckyll una indudable superioridad sobre Hyde: lo ve como un problema, como una tentación dañina, como un abismo. Jeckyll es humano porque siente la llamada culpable de Hyde. Somos mejores no en la medida en que evitamos totalmente lo peor sino en cuanto aún sabemos que es peor. Cuando Jeckyll tiene que decidir con cuál de sus dos personalidades quedarse para siempre, comprende que la aparente ventaja de Hyde es que nunca sentirá remordimientos por haber perdido su mitad más positiva, mientras que Jeckyll jamás olvidará del todo la tendencia que Hyde representa. Pero precisamente es este desasosiego, al que podemos llamar si se quiere "conciencia", lo que le hace preferible a su obsceno rival.