jueves, 7 de enero de 2010

50 años después.


"¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no."
Albert Camus, El hombre rebelde

Albert Camus tenía 46 años cuando el cuatro de enero del 1960 dejó para siempre este triste mundo en un accidente de tráfico en el momento que volvía a París después de pasar las navidades en su segunda residencia. Dice Manuel Vicent en su último libro Póquer de Ases sobre Camus: "Al principio fue sólo una emoción estética por su forma de estar en el mundo lo que me atrajo de este escritor, pero llegó un momento en que, en medio del maufragio de todas las ideas, lo elegí como un buen guía frente a mis propias dudas y contra toda clase de infortunios." Son palabras que las hago mías. Es exactamente mi postura respecto a Camus. Y como de infortunios la vida es buena proveedora, sigo leyéndole como el primer día; con la solapa del cuello levantada, un cigarrillo en los labios, el ceño fruncido, un bloc de notas, una pluma y rogando al cielo nublado de oscuras nubes que en este café que me acoge no me echen por fumar. De vez en cuando, miro a través del cristal empañado de madrugada y veo a transeúntes apresurados que parecen huir de algo, cuando a mí se me antoja que van directamente al ojo del huracán.
Echo mano al bolsillo de mi gabardina y extraigo un par de libros gastados de Alianza Editorial. Sus títulos: El hombre rebelde, que ya reseñé en este espacio, y El extranjero, ambas de Albert Camus.
Mi cigarrillo, como en las fotografías de Camus, está apagado y el camarero no para de mirarme.

El extranjero es una novela absolutamente plana. Los eventos que narra, a pesar de tratar sobre un crimen y el subsiguiente juicio, parecen no tener ningún peso en sí mismo, como si meramente pasaran flotando por las páginas. Esto, como se ve, resulta completamente esencial tanto para lo que pretende el relato, como para su muy discutida relación con la filosofía del existencialismo y, curiosamente, para su legibilidad. La escrupulosa simplicidad de Camus fundamenta la historia a la vez en la cotidianidad y en la fábula. Y se deja al lector la tarea de resolver su ambigüedad.
Esta novela que exhibe una inflexible disciplina a la hora de exponer una vida en la que se realiza un trabajo de zapa del control convencional del propio ser. Ho hay ninguna sagacidad técnica en la ilustración de los temas que aborda: se nos ofrece, simplemente, un período de tiempo de la vida de un hombre gris llamado Meursaut, un proscrito social que elige llevar una vida privada y solitaria. En ese tiempo ocurren en su vida varios hechos significativos-como son la muerte y un juicio en el que Meursaut es condenado a muerte-, pero ninguno de ellos provoca la respuesta emocional que cabría esperar de él.
En principio encontramos ciertos paralelismos con Kafka: en la sugerencia de grandes complejidades tras un estilo visiblemente parco y en el distanciamiento onírico que lo rodea. Pero aquí no hay nada surrealista: todo es mundano en el universo de Meursaut, aunque él apenas tiene control sobre ello. Dislocado tanto de los otros como de su propia vida, el personaje de Meursautl es una prueba de la falta de sentido de la vida, más allá del sentido que uno quiera darle. Comprobar y resignarse a esta esencial carencia de sentido es lo que constituye, para Camus, el absurdo: un tema que desarrollará más aún en obras posteriores.

Enciendo el cigarrillo y me pongo a leer de nuevo a Camus. El camarero sigue mirándome sin decir nada. Los transeúntes siguen huyendo de algo. Empieza a llover.

16 comentarios:

Elèna Casero dijo...

He disfrutado un montón leyendo esta entrada, sobre todo por lo que he aprendido. Sigue pues con el cigarrillo apagado y leyendo a Camus.
A mí me gusto El extranjero. La leí hace ya años.

39escalones dijo...

Quizá el camarero también se parezca a Camus...
"El extranjero" es toda una experiencia de lectura, al menos lo fue para mí que, como tantos libros, lo leí tan tarde.
Gran texto.
Fuerte abrazo.

hombredebarro dijo...

No hay nada más que ver tu foto y la de Camus. Buen y fructífero año.

Anónimo dijo...

"Y veo a transeúntes apresurados que parecen huir de algo, cuando a mí se me antoja que van directamente al ojo del huracán.
Echo mano al bolsillo de mi gabardina y extraigo un par de libros gastados de Alianza Editorial. Sus títulos: El hombre rebelde, que ya reseñé en este espacio, y El extranjero, ambas de Albert Camus.
Mi cigarrillo, como en las fotografías de Camus, está apagado y el camarero no para de mirarme."

Cómo he disfrutado leyéndote, querido amigo. Hace una tarde de perros, gris y tenebrosa; esta noche cenaré caracoles en casa de mi hermana Ana en compañía de buenos amigos. Así que la tarde no puede ir mejor, querido Francisco.

Un abrazo.

J,

Alicia dijo...

¿Por qué siempre se mueren los buenos y quedan los malos? Al menos, algunos buenos, como éste, deja algo para nosotros, gracias a las editoriales, claro. jaja, qué ironía.

Preciosa entrada. Un saludo Francisco

Vivian dijo...

La cita me recordó a otra que es uno de los pilares de mi forma de conducirme por la vida, “puede que no sepa lo que quiero, pero tengo muy claro lo que no quiero”, y es que ese no rebelde al que alude la cita es una cuestión de principios frente a la vida en muchas ocasiones, un no tragar por tragar…

La introducción de la entrada, previa al análisis del libro me parece fascinante, con ese estilo tan tú que tienen tus escritos.

El libro, no lo leí, y podría decirte que lo apunto para leerlo, que lo haré, pero no sé cuando será, cuando tendré el tiempo y la ocasión de leerlo, los Reyes me trajeron libros, y ahora no sólo se me acumulan las recomendaciones, sino los libros, y nunca me ha gustado tener en la estantería libros que no he leído, manías mías…

Un beso

P.D: Esto de fumar se está convirtiendo en un deporte de riesgo, un día de estos encenderemos un cigarrillo y aparecerán los G.E.O.S y un francotirador dispuesto a disparar si no lo apagamos ;)

s a n d r a dijo...

Me gusta esa manera sutil de asociación de tu circunstancia con el argumento.
Meursault me provoca miedo, representa el vacío.

Fumo y espero ; )

Un petó

Anónimo dijo...

Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com

LA PESTE me pareció soberbia. Una novela que leí en la Universidad y siempre recordaré.

Saludos!!

Elvira dijo...

Parece que te estoy viendo en ese bar. El Extranjero está entre los libros que quiero leer este año. Cuando lo haya hecho, volveré a leer esta entrada, seguro que la saborearé mejor conociendo la obra de la que nos hablas.

Me encanta la primera frase que ha citado J., buenísima.

Ahora estoy leyendo Casa de Muñecas y me está gustando mucho.

Un fuerte abrazo, amigo (y no frunzas el ceño, hombre :-))

Dana Andrews dijo...

Pues yo todavía no he leído "El extranjero" pero lo haré pronto después de aprender un día más con tu blog Francisco. Espero que no te echen del café por fumar... sería una pena llegar a eso.

leon no es feroz dijo...

Leí " el extranjero" en mi adolescencia y fué uno de los libros que más me impactó. Era un escéptico y rebelde,como tú dices, que se atrevía a decir no.
Representaba el desencanto de una época confusa. En 1960 mi padre era emigrante y rojo en París.Camus simbolizaba la conciencia social. La dignidad por encima de todo.
Un abrazo.

Kinezoe dijo...

Es un placer descubrir lo que bulle por tu mente, Francisco, con la lectura de tus entradas. Me encantó la instantánea de "El Extranjero" que nos regalaste en este post. Muy interesante, y todo un acierto, como cada una de tus reflexiones.

Un abrazo, amigo.

María Jesús Almendro dijo...

Acabo de ver una entrada sobre este mismo autor, no sabía de él pero, parece que dejó huella. Fantástico post, ha sido una lectura estupenda para una tarde gélida y gris como la de hoy.

Un beso!

mi nombre es alma dijo...

Aprovecha pues ese cigarrillo porque quizás sea de los últimos que te puedas fumar en un bar, al menos mientres lees tranquilo un libro de Camus y tomas un café negro y ves correr a la gente mojada por la lluvia.
Porque queda poco humo en los bares y poca lluvia (aunque hoy nos parezca mentira) para leer a Camus.

Un abrazo

Jan Puerta dijo...

De vez en cuando, abro de nuevo una obra de Camus. Leo uno de sus pasajes y sigo experimentando el placer de la escritura como un arte, no como un negocio.
Un abrazo

Jesús Cabezón dijo...

Se agradece una "entrada" como la tuya recordándonos a Camus, una referencia ética permanente y un intelectual riguroso, porque huyó siempre del dogmatismo.
Me fumo un cigarro a tu salud.
Escéptico