viernes 29 de enero de 2010

El iluso

A la memoria de Rafael Azcona


Salgo de una entrevista de trabajo bastante escueta.
-¿Tiene estudios?
-Sí. Muchísimos.
-¿Lo puede acreditar?
-Eso depende del interlocutor.
-No lo entiendo.
-Lo entiendo. Para usted siempre seré un ignorante. Hasta luego, Lukas.
Me dirijo a la librería y está cerrada por inventario. Me dirijo a la biblioteca y está cerrada por obras. Me dirijo al café y está a tope. Hoy dan un partido de fútbol. Me dirijo al cine y debo escoger entre Avatar o Lluvia de albóndigas, y, evidentemente, elijo el banco de un parque. No tengo ganas de volver a casa. Volver a casa significa morir, o sea, estar muerto. "Estar en casa, estar muerto", dice Pascal. Por muchas espectativas que tengas la vida te va reculando siempre hacia un banco público. "Tu serás aquel que no tiene domicilio y al que se viene a interrogar sobre un banco." Andre Breton.

Receptáculo llamó Platón en el timeo, y quizá ninguna palabra puede definir la forma más apropiada a la ciudad. Lo que veo es el rasgo ridículamente anodino en la faz de la calle y del día. ¿Qué miserables orfandades, miserias, soledades, quedan reveladas aquí? ¿Cómo evitar el naufragio en las aguas turbias por las que navegamos? ¿Cuándo se descubre en la vida que nos hemos equivocado? ¿Al final o al principio? En ningún momento me siento atribulado ni me domina la tristeza o la depresión. Me ha tocado vivir un tiempo, como cualquier tiempo, abocado a un final. No termina nada. No empieza nada.

Una legión de vendedores ambulantes van interrumpiendo mis pensamientos. ¿Un paraguas? No. ¿Unas flores? No. ¿Bocadillo? No. ¿Hachis? No. ¿Cerveza? Bueno. El vendedor sin papeles me sonríe y me desea un buen día. No todo está perdido. La cerveza todavía se conserva fría. Un ejecutivo con portafolio me pregunta si tengo hora.
-Lo siento. No llevo reloj.
El ejecutivo lleva los cordones de sus zapatos desatados. Otro que no le enseñaron de pequeño a atarse los cordones. Se aleja con paso cansado cuesta arriba. Un gran filósofo dijo una vez que el camino de subida y el camino de bajada son uno y el mismo. Ay, ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. El simple transcurso del tiempo no siempre es sinónimo de evolución. La codicia, la envidia, la petulancia, la grosería, la avidez y, en general, todo ese conjunto de atributos que forman la condición humana puede verse en una cara, en una manera de caminar, en una mirada.

El ser humano se ve forzado a desprenderse de gran parte de su dignidad por imperativo de la existencia. Diría que debiera aferrarse tenazmente a los escasos retazos que le quedan. Hoy la ignorancia forma parte de la estrategia del vivir y prevalece la inmediatez y la necesidad, hija de la ambición y la rapidez mental. Pensar no es calcular gastos y beneficios. Hacemos las cosas por automatismo, sin que intervenga ya nuestra voluntad.




La verdad es que no se está tan mal en este banco. Sartre creía que el lugar para filosofar no es una capilla o un despacho, sino la plaza pública y creo que tenía razón. Siempre he admirado a los filósofos griegos porque vivieron su filosofía y también admiro la posición de los estoicos romanos respecto de la vida. Creo que no se trata de saber más o menos cosas, sino de saber vivir: a ese respecto, nada podemos enseñar a Epicuro o a Georgias. ¿Qué descubrimiento de los quince últimos siglos ha invalidado o vuelto superflua una sola linea de Marco Aurelio? No parece exagerado afirmar que desde entonces no ha pasado literalmente, nada, al menos en lo tocante a afrontar la vida con cierta sabiduría. Recuerdo a el cínico Monimo que obtuvo su libertad haciéndose pasar por loco, arrojando al aire las monedas de plata de la banca donde trabajaba, un gesto surrealista, alegre, memorable. Recuerdo a Crates que renunció a sus riquezas para irse de vagabundo filosófico. Recuerdo a Epicteto, que señalaba cómo es fácil conquistar la felicidad con el simple atenerse a considerar como propio lo que uno es, no lo que uno tiene de prestado, como todos esos aparentes bienes y propiedades que son, en realidad, ajenos.
El reto nos llega a lo más profundo, nos hiere en lo más vivo; sus insultos y sus desprecios nos aciertan siempre.

Después de siglos de filosofía, vivimos de las ideas poéticas de los primeros hombres en contradicción con una época en la que continuamente se ha de fingir que se es tonto para obrar inteligentemente. Ya digo; la misión de la filosofía es hacer que lo real sea inteligible y nada más, su papel es aportar un poco de luz, no unas claves de la felicidad que nadie tiene.

Veo al ejecutivo que baja la cuesta. Tengo de nuevo al sin papeles delante de mí con una sonrisa que le llega de oreja a oreja.
-¿Una cervecita?


34 comentarios:

Anónimo dijo...

De un corazón tan grande como la lluvia de esta mañana, salen tus palabras con mano abierta a las habitaciones del aire; rebotan como rebota la lluvia sobre la luz que cae como una sombra profunda. Yo te quiero amigo mío, y te deseo la paz de los ángeles sentado en ese banco mientras piensas el fondo empedrado del río de la vida.

Un abrazo, querido Francisco.

J,

ethan dijo...

Me gusta tu banco y las palabras que salen de él. Yo me apunto a otra cervecita.
Un abrazo.

Dana Andrews dijo...

A tus preguntas sobre Marco Aurelio, Epicuro o Georgias añado ¿Quién es capaz en nuestros días de diseñar o dibujar como Miguel Angel?. La verdad es que es un paisaje deseperanzador caminar en busca de un cine y tener que elegir entre Avatar o Lluvia de albóndigas. Patético. También yo, muchas veces, termino sentado en un banco público. De hecho el banco de la fotografía me recuerda a un sitio privilegiado que tengo costumbre de habitar en las temporadas que me desplazo a Jaca. Es un banco en mitad de un parque solitario desde donde pudes admirar parte del Pirineo aragonés. es bueno sentarse a pensar...
Me ha gustado mucho tu relato y también hace pensar.

chanclas dijo...

Me sentaré en un banco y pensaré en lo que soy por mi mismo. Creo que me ayudaría una cervecita para reflexionar. ¿La pones tú? El banco es amplio.

Manel dijo...

Saludos desde el banco de enfrente.

Jan Puerta dijo...

Excelente.
Un abrazo

leon no es feroz dijo...

Yo también me apunto a tu banco. Con la birra en la mano. Nos queda que, unos cuantos, coincidimos en el mismo ciclo espacio-tiempo. En el tiempo ganado.
Y nos llegan tus palabras. Decía Cervantes que quién sabe sentir, sabe decir. Y tú eres uno de los elegidos. Besos.

Elvira dijo...

"Depende del interlocutor."

Muy buena respuesta, querido Francisco. Es así. Sólo un interlocutor con la mente abierta y ganas de aprender puede valorar lo mucho que tú sabes. Otros sólo miran cuántos titulitos has almacenado. Y pueden ser unos títulos de lo más hueco, por supuesto, pero eso les da igual.

Vamos a tener que juntar unos cuantos bancos, porque nos vamos sumando a tu tertulia y ya no cabemos todos en uno.

Un fuerte abrazo, amigo

Francisco Machuca dijo...

Juan
Mi querido Juan;yo sí que te quiero,gran poeta,gran conversador,amigo de tus amigos.Incluso el humo de tu pipa es un poema insuperable.

Francisco Machuca dijo...

ethan

Espero que después de este cuento no se masifique los bancos públicos y nos hagan pagar también por ello.
Tomamos esa cervecita.

Francisco Machuca dijo...

Dana Andrews

Sabía que habías estado en algún banco.Todos los amantes de Sinatra en estos tiempos lo hacen.

Francisco Machuca dijo...

Chanclas

No hay problema,querido amigo.Y no hace falta que yo ponga las cervezas,mi fiel amigo el sin papeles está siempre esperando.Eso sí,yo las pago.

Francisco Machuca dijo...

Manel

Como ya nos conocemos desde hace a algún tiempo y se lo buen poeta que eres,brindaremos.

Francisco Machuca dijo...

Jan Puerta

Gracias.Visito tu lugar con sumo placer.

Francisco Machuca dijo...

leon no es feroz

Me he sonrojado con tus palabras.¡Cervantes!nada menos.Gracias guapa.

Francisco Machuca dijo...

Elvira

De momento existen muchos bancos solitarios en los rincones más recónditos de los parques y las plazas.Pero te prometo que quedaremos en un café.

Gracias a todos, de corazón.

Kinezoe dijo...

Como siempre, grandes verdades las que se desprenden de tu prosa, amigo. Que nunca falte uno de esos bancos en cada pueblo o ciudad...

Muy buen gusto para la canción elegida e interesantísimo el autorretrato de Rafael Azcona, el más grande.

Un fuerte abrazo, Francisco.

Raúl dijo...

El rey del banco.

Cuentan que verlo sentado allí, era un espectáculo primoroso.
Cuentan que se aferraba a sus tablones como un náufrago feliz se aferra a su balsa, y que hizo de aquel mueble un baluarte inexpugnable, al poco de su conquista. Cuentan que desde allí, lo mismo observaba el pasmo de un traunseúnte solitario, con el donaire de quien se sabe ungido por un beso, como que les lanzaba piropos a los curiosos, adoptando en el gesto suaves maneras de galán a lo Lubbits.
Dicen también que en él se ciñó su corona, y que desde él se empeñó en gobernar el mundo, convirtiéndolo en el centro y las esquinas de toda su vida. Dicen que desde aquella cofa, con la mano a modo de visera, los días despejados disfrutaba oteando galápagos, nenúfares y sirenas voluptuosas; y que era por sus jardines por donde paseaba tontorrón cada tarde, de la mano de su princesa imaginada, rubia ella, por cierto.
Cuentan también que por las noches, extasiado en un eterno y meloso suspiro, gritaba a quienes se asomaban a los balcones de aquella avenida atraídos por su peculiar show, la siguiente cantinela:

"Damas y caballeros, vecinos todos; sepan ustedes que un banco no siempre es un banco, aunque hay veces, qué caramba, que un banco, también puede ser un banco".

Me has hecho recuperar esta tontería que escribí en un hotel de Barcelona hace ya varios años, tras pasar toda la noche de una primera cita, sentado en un banco. Eso sí, con ella.
Para ti.

Francisco Machuca dijo...

Kinezoe

Otro abrazo para tí,mi querido Kine.

Francisco Machuca dijo...

Raúl

Me encanta tu microrelato sobre todo por el refinamiento de una mirada lírica y poeta.

Licantropunk dijo...

¡Me encuentro con Azcona por segunda vez en lo que va de noche! La otra fue con "El verdugo" en Puerta de Babel. ¿Era un banco del parque o la Tinaja de Diógenes? Je, je.
Saludos.

s a n d r a dijo...

Deberíamos ser capaces de no abandonar del todo a ese niño que un día fuimos pero, desgraciadamente, nos empeñamos en complicarnos... a quién demonios se le ocurrió ponerle cordones a los zapatos?? ; )

B e s o en el aire

mi nombre es alma dijo...

A ratitos me gusta contemplar la vida desde el banco de mi alma, echar una ojeadita a algún recuerdo indoloro, fijar mi absorta mirada en áquel gracioso loco o sentir horrorizada la monstruosidad de algunos hombres. Pero el sol aprieta y mi piel empieza a enrojecer, es hora de levantarse y pensar en los recuerdos futuros, en reirme con los que quiero y si me puedo y me dejan luchar contra el dragón.

Un abrazo señor filósofo en su banco sentado, eso si, con cervecita, a la que por supuesto, me apunto

Luzdeana dijo...

Lo que yo veo es todo lo que se pierde quien se perdió de tomarte para el trabajo.
Y a esa conclusión llego desde una silla de mi casa que de pronto se parece demasiado a un banco de plaza.
Un placer pasar a escucharte, que eso es lo que me parece estar haciendo.
Saludos.

39escalones dijo...

Muy azconiano (excelente homenaje, por cierto). Digamos que, como bien apuntas, desde los antiguos no hemos avanzado sustancialmente en lo humano; nos hemos quedado en lo meramente material, en la forma, en los avatares y en las albóndigas. Y, como en la caverna, tanto se quiere acostumbrar al hombre a ver sombras proyectadas en una pared, que poco a poco nos olvidaremos de cómo son la carne y hueso, hasta el punto de rechazarlas si alguna vez nos tropezamos con ellas. Así, de puro fingir que somos tontos, devendremos en la tontería superlativa. Porque fingir lo que no se es, es la manera más idiota de no ser nada.
Abrazos y enhorabuena por este texto sublime.

Francisco Machuca dijo...

Licantropunk

En el enlace que he puesto podemos ver al gran Rafael Azcona hablar sobre sus personajes y es que me siento muy identificado con él y con la gente que me cruzo por la calle.

Francisco Machuca dijo...

Sandra

Sí,los cordones de los zapatos dícen mucho de nuestra pobre enseñanza básica.

Francisco Machuca dijo...

mi nombre es alma

Todo es más sencillo de lo que parece.Un día cualquiera te detienes en seco y te dices:me apeo,y te pones a observar,no a mirar,que no es lo mismo,y te das cuenta que cada persona tiene su historia,su triste historia.

Francisco Machuca dijo...

Luzdeana

Hay tantas historias en el anonimanto de la calle.Hay tantas historias rotas y silencios y palabras que nunca fueron dichas...

Francisco Machuca dijo...

39escalones

Defines muy bien una verdad,mi querido amigo:fingir,cuando todos compartimos las mismas miserias.

Elèna Casero dijo...

Déjeme usted un rincón en su banco para filosofar con usted. Para ver la vida pasar cuando parece que se está de vuelta de casi todo.

saya dijo...

Me gusto la historia, siempre es grato leer algo bueno.
Saludos!!

Francisco Machuca dijo...

Elèna Casero

Bueno,más o menos, al menos en las cosas esenciales que suelen ser pequeñas.Sí mi querida amiga,olvidamos muy pronto.

Francisco Machuca dijo...

saya

Gracias por tus palabras.