
"Cuando el espacio sin perfil resume como una nube su vasta indecisión a la deriva, ¿dónde la orilla?"
Jorge Guillén
"La concepción surgió después de un proceso de prolongado autoexamen. Fui a un cura, en un momento en que las cosas estaban tranquilas. Vivía en el limbo, hacía mi balance. Necesitaba conciliar mis temores. Me hice las preguntas habituales: ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Adónde voy?. Sentí que necesitaba encontrar las respuestas de incontables preguntas. Y fue entonces cuando la idea echó raíces. Realicé un viaje un viaje al yo interior. Sería una reunión de sueños, recuerdos, sentimientos olvidados, vagas dudas y una especie de eterna interrogación en busca del conocimiento y aceptación del yo."
Federico Fellini, en Fellini, una vida, de Hollis Alpert
Las películas sobre gente que hace películas, sobre problemas personales de sus autores y llenas de referencias intelectuales son tres de los géneros más irritantes que existen. Ocho y medio (1963) encaja en las tres definiciones, por su exuberancia y enorme imaginación.
Es innegable que Ocho y medio invita a efectuar una lectura o interpretación personal. Su título se refiere al número de películas dirigidas por Fellini hasta entonces; al igual que él, Guido (Marcelo Mastroianni) es un director de cine de prestigio internacional, y sus dificultades matrimoniales corresponden a las del propio Fellini. Por si fuera poco, toda la película está llena de los toques característicos de su cine: payasos y personajes del espectáculo, mujeres de espectaculares pechos y grotescas escenas sexuales, Mastroianni como intérprete y una espléndida música del gran Nino Rota.
Sin embargo, Ocho y medio puede interpretarse también como una metáfora de significado mucho más amplio. Recrea, con todas sus frustraciones y vicisitudes, la experiencia de intentar reconciliarse con el mundo. Las peripecias personales de su protagonista pueden ser las de cualquier hombre o mujer que intente buscarle un sentido al mundo y a la vida.
Pero, mientras que Ocho y medio es una película sobre la búsqueda del sentido, resulta bastante difícil encontrárselo a ella. Su compleja estructura, en la que se mezcla la realidad, los sueños y las fantasías, se ve adicionalmente complicada por toda una serie de referencias a la religión, las ideas, el arte, el ocultismo, etc. Esa riqueza de alusiones parece exigir continuamente notas a pie de página que expliquen las continuas referencias. No obstante, se puede considerarlas simplemente como las distintas formas de buscarle sentido a las cosas de que dispone Guido. Además, Ocho y medio es un filme profundamente antiintelectual. Como en otras de Fellini, ese antiintelectualismo se ceba en la figura desgarbada del crítico Daumier que, con su nariz afilada y su extrema delgadez, representa la postura fría y carente de vida que Fellini considera típica de los intelectuales.
El final de Ocho y medio es también un rechazo de toda clase de esfuerzos intelectuales o sistemáticos por encontrarle sentido a las cosas o también (como ha venido haciendo Guido a lo largo de toda la película) por escarbar en el pasado en búsqueda de claves que contribuyan a explicar el presente. Cuando Guido se encuentra con Claudia (Claudia Cardinale), la diosa de la pantalla que representa a la mujer ideal, lo que encuentra es una mujer agradable y normal, no un ser idealizado. Pero, el hecho de que Guido busque la "mujer ideal" revela en el fondo cuál es su verdadero problena: la incapacidad de amar, y proporciona la clave para comprender la escena final de Ocho y medio, en la que Guido, sentado en un coche y escuchando al crítico Daumier, sueña con toda una serie de imágenes en las que los hombres y mujeres que ha conocido a lo largo de toda su vida se ponen a bailar en círculo, y él con todos ellos. Ese es el final aparente de la película y también la conclusión de Ocho y medio: una sencilla celebración de la danza no de la muerte sino de la vida, la cálida aceptación de uno mismo.Sin embargo, la última imagen de la película no es ésa, sino la de un niño tocando una melancólica canción con su flauta. El niño no es otro que el propio Guido de pequeño visto a través de sus recuerdos. Esa aceptación de la vida y de los demás se ha producido simplemente en su imaginación; en el fondo, sigue siendo un niño débil, lleno de confusión y que toca una nostálgica melodía.
Ocho y medio puede o no gustar, pero vista hoy, cuando la mayoría de los filmes son operaciones objetivas que no manifiestan en lo más mínimo las inquietudes de quienes los realizan, puede resultarnos una película grande muy grande.
12 comentarios:
Siempre me pareció una gran película que con el tiempo sirve para mitificar más a su director.
Cierto es que algunas secuencias te dejan un tanto desconcertado. Siempre que las mezclas oníricas aparecen hay que estar muy atento y saber interpretar lo que nos quieren hacer ver. Si no es así, la confusión nos hace sacar unas conclusiones que nos parecen erróneas en un segundo visionado de la película. Afortunadamente, después de esa segunda visión uno se envuelve de la fuerza que desprende la historia en sí, mejorando notablemente su comprensión.
Me muevo por un continente donde Fellini no ha tenido la repercusión que merece. Pero algún caso se ha dado de recomendar ocho y medio y siempre me han comentado la “necesidad” de volverla a ver sin saber muy bien el porqué. ¿Cuántas películas de hoy en día desprenden esa magia? Pocas. Desgraciadamente, pocas para las que se llegan a realizar.
Excelente análisis.
Un abrazo
Home! un blogg dedicat al cinema. M'hi apunto, si no et fà rès. Desprès et llegeixo, i si acas comento.
La verdad es que quizás la vi siendo demasiado jóven porque lo que más me gustó de la película fue Nino Rota y su banda sonora. La volveré a ver por si, en el paso de mi tiempo, la asimilo de otra forma o desde otro punto de vista. No sería la primera vez que me suceda...
Como he comentado en más de una ocasión, Fellini es una de mis debilidades cinéfilas, algunas de sus películas trascienden el cine para convertirse en más que una película para mí, ésta es, no sólo una de ellas, sino “la película” hablando en este sentido.
Me encantó tu análisis, en el que estoy de acuerdo casi en su totalidad. Una película que invita a la interpretación porque está creada desde la subjetividad más absoluta, el subconsciente plasmado en imágenes, las ideas por encima de la realidad palpable que para algunos, entre los que me incluyo, son más reales que la propia realidad. Como suelo comentar a veces, una película muy Bergman ;)
En lo que discrepo es en que sea antiintelectual por el tratamiento del crítico, creo que, la mayoría de creadores no consideran a los críticos como intelectuales, que pueden serlo, pero no por desarrollar esta función, y suelen tratarlos en sus creaciones con la severidad que se les presupone a la hora de juzgar la creación de otro.
Que hay más intelectual que una obra que hace pensar, y esta película no sólo hace sentir, también hace pensar.
Enhorabuena por esta magnífica entrada, una gozada leerte.
Un beso
He oído hablar tantísimo de esta película que no he visto. Pero lo más interesante, lo que tú has escrito.
Eso de que sea antiintelectual me atrae. No sé qué pasa, pero las personas más sabias, cultas e interesantes que conozco no van de intelectuales por la vida.
Un fuerte abrazo, amigo
Cuánto me alegro de encontrar un comentario de esta película por aquí y también la música de Nino Rota. La película es una joya y, ciertamente, hay estupendas películas (aunque el tema sea irritante) de "cine dentro del cine", como "La noche americana" o "Vivir rodando". Pero te entiendo.
Luego verás por qué me entusiasma tanto la música de Nino Rota...
Fuerte abrazo.
Siempre es agradable ver a Fellini y dejarte llevar por sus "locuras", su imaginación.
Hoy quería pedirte que coloques una entrada en tu blog con la bandera de Haití
Cuando escribes de películas que conozco y te leo, suelo emocionarme. y cuando son cintas que desconozco me provocas ganas de verlas. Ahoa con 8 1/2, una de mis favoritas de siempre, me pasa lo primero. Tanto que cuando leí este post hace un par de días, por la noche acabé soñando con una escena inexistente originalmente: Guido se encuentra en un juicio en el que es acusado de algo que ya olvidé (maldición). En lugar de jurado, está el público, que admira el espectáculo como una escena en vivo.
Un abrazo, Francisco.
Y sin embargo, no hay ser más intelectual que Guido, en el sentido de que su búsqueda de la mujer ideal, sólo puede hacerse a través del intelecto, porque como dices la mujer (o el hombre) ideal no existe, sólo es un reflejo de nuestra incapacidad de amar de manera real. Guido sólo ama con la mente, con su brillante mente.
Que placer pasear contigo por l intelecto y la imaginación de Guido-Federico
¿Cuánto tienen de necesarias las reflexiones intimistas pero públicas? ¿Qué verdadera capacidad de exorcización -o de búsqueda- tiene un viaje al interior cuando al mismo tiempo se explica al exterior? ¿Acaso funcionan como un manual de autoayuda, algo así como un manifiesto personal bajo el título "a mí me funcionó"?
Estas son algunas de las preguntas que se me plantean cuando veo o leo supuestas expiaciones de algún autor. Ni qué decir que las respuestas que encuentro no son muy alentadoras, de ahí que trate de quedarme en un análisis meramente cinematográfico -en este caso- y evite considerar las motivaciones que tuvo el autor para editar/publicar/exhibir, sus rarezas, miedos o búsquedas del sentido de su vida.
En fin. Sirva todo esta gilipollez, para decir que yo disfruto menos con "8 y medio" que con cualquier otra película de este monstruo, reconociendo claro está, que en todas ellas (como en la obra de cualquier otro autor) existen pinceladas, a veces gruesas, de su yo personal, de su propia interioridad y, por supuesto y gracias a dios, de su más absoluta subjetividad, como no podía ser de otra forma.
Y es que nunca tuve mucho aguante para el ensayo filosófico.
Verdaderamente interesante, como de costumbre, tu analisis. No la ví en su momento pero me pongo a buscarla ya. Seguro que ahora la veré "de otra manera". Además está Nino Rota.
Un abrazo
Vista hoy, una película grande en un mundo de peliculitas.
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