sábado 6 de marzo de 2010

El amigo americano (globalización)


Wim Wenders se siente fascinado por las carreteras, los viajes, por la sensación de identidad que proporciona el contar con un hogar al que poder volver. Aunque el viaje constituye uno de los ingredientes esenciales de sus primeras obras, también es parte de El amigo americano (1977), en la que todos los personajes carecen de raíces (Jonathan es suizo y Ripley americano, pero ambos viven en Hamburgo). Y, aunque de nacionalidad alemana, el propio Wenders ha sentido siempre un enorme respeto y admiración por el cine norteamericano y por la cultura pop británica y americana, que han influido decisivamente en sus películas. Desde el plano con el que se abre El amigo americano, el de Tom Ripley (Dennis Hopper) con sombrero Stetson y abrigo saliendo de un taxi neoyorquino frente al estudio del pintor Derwatt (Nicholas Ray) hasta el final de la película, el espectador es zarandeado sin piedad de un lugar a otro: los muelles de Hamburgo, París, Munich, otra vez Nueva York, sin que los paisajes urbanos que aparecen en la película cambien de manera perceptible. El mundo parece haberse reducido a una aterradora ciudad universal llena de estaciones de Metro, aeropuestos, ascensores, circuitos cerrados de televisión, impersonales hoteles, túneles, rascacielos, es decir, todas las trampas de la moderna civilización urbana. Incluso la sagrada identidad personal se ha visto sustituida por las canciones pop que resuenan en la cabeza de todo el mundo. Así, para poder concentrarse en sus problemas, Jonathan (Bruno Ganz) canturrea un viejo éxito de The Kinks en voz baja.

El hecho de que Wenders utilizase a dos directores de Hollywood como actores, Sam Fuller y Nicholas Ray, constituye un homenaje directo al cine americano; ya que, como reconoce el propio director, Europa se siente psicológicamente muy próxima a Estados Unidos, sobre todo después del escándalo Watergate y de la guerra de Vietnam. Y resulta también significativo que Wenders basase su película en un thriller de la gran escritora americana Patricia Highsmith, Ripley's Game. La aparición de otros cuatro directores europeos; Daniel Schmid, Jean Eustache, Peter Lilienthal y Sandy Whitelaw haciendo de gángsters puede parecer un exceso de cinefilia y autoindulgencia, pero Wenders dice que no se trató de algo intencionado.
No fue sin embargo casual que la película contenga tantas coincidencias y escenas absolutamente improbables. En el primer montaje, todo estaba mucho mejor trabado, pero la supresión de bastantes minutos de metraje hizo que algunas de ellas parezcan carecer casi totalmente de sentido. Y, sin embargo, esa misma incoherencia contribuye a la sensación global de realidad dislocada que percibe el espectador y todo parece calculado para cambiar la forma de reconstruir o interpretar la historia, lo que a su vez podría cambiar la forma de ver el mundo.

Al igual que el "angst" de Ripley se ve exacerbado, por su incapacidad para sentirse en casa como en ningún sitio, la dispersión que la caracteriza obliga a la propia película a funcionar a pesar de sí misma y a aferrarse a una identidad determinada. A pesar de lo complejo de su trama y de su abundancia de incidentes, El amigo americano es una película que consigue mantener la atención del espectador centrada continuamente en Jonathan, el hombre que asesina de manera incompetente y de mala gana, así como el primero de los héroes de Wenders que posee un hogar y una familia, algo que paradójicamente destruye por su deseo de protegerlo.

La idea básica de la película, ya explotada en la obra de Hitchcock o de Agatha Christie, es la de que un solo momento de desviación de la normalidad puede cambiar toda una vida, lo que se ve resaltado por el hecho de que la historia esté en todo momento contada desde el punto de vista de Jonathan. Se trata de un punto de vista que no tiene nada que ver con la impresión inicial de introspección narcisista que puede dar El amigo americano, en la que Wenders, director, no ha traicionado sus raíces izquierdistas.
"... mis películas", dice Wenders "son políticas simplemente porque no tratan de mitos, sino de personas reales y de la posibilidad de actuar".



6 comentarios:

Licantropunk dijo...

En noviembre del 2008 me dijiste que tenías pendiente realizar una entrada sobre esta película. Más vale tarde que nunca, sí señor, sobre todo si nos permite traer a la memoria de nuevo esta fantástica película. Gran post.
Saludos.

Marcos Callau dijo...

Acabo de leer una reseña de "Paris, Texas" me sucede igual que con "El amigo americano": no las he visto. Ya estoy poniendo remedio a ello. Soy muy aficionado a las "Road-movie" o películas de viajes y de "un hogar al que regresar" y no puedo permitirme no haber visto esta película. Desde el mismo cartel ya me llama. Me parece un cartel digno de estudio. Muy buena reseña Francisco.

Kinezoe dijo...

No he visto "El Amigo Americano", Francisco. Pero es cierto que las carreteras y los viajes siempre estuvieron muy presentes en la filmografía de Wim Wenders, quizá como una herramienta más al servicio de esa búsqueda de la identidad que nuestro alienante mundo a menudo nos hace perder.

La que más me gusta de este director sigue siendo "París, Texas". Y la última que vi de él: "Tierra de Abundancia", en la que podía escucharse la canción homónima de Leonard Cohen (The Land of Plenty).

Me gustó mucho tu análisis y el tema musical de The Kinks; le dio algo de vidilla a esta insulsa mañana de domingo.

Un abrazo, amigo.

Francisco Ortiz dijo...

Excelente película y notabilísima novela en un texto sugerente, poroso, de cinéfilo con los ojos bien abiertos.

39escalones dijo...

Ciudades diferentes y, sin embargo, todas parecen la misma: frías, impersonales, asépticas. En efecto, la globalización, que a su vez nos hace fríos, impersonales, asépticos. Y, un poco, como la propia película, por más excelente que sea (que lo es). Qué bien lo hacía Wenders...
Abrazos.

ethan dijo...

Es de las mejores películas malas de la historia, porque mira que tiene fallos estructurales y narrativos; pero, felizmente, lo que permanece en la memoria es el desasosiego del personaje de Bruno Ganz, la sombra fatal de Ripley, y la cinefilia de Wenders.
Un abrazo!