
Creo que es un buen momento para acercarnos a esta gran autora y posiblemente la más amena de las letras inglesas del siglo XX. De todo lo que se ha escrito sobre ella, incluso por encima de su enigmática desaparición de once días y aparecida en el Hydropathic Hotel de Harrogate en estado amnésico, me sigue conmoviendo la fragilidad de su autoestima y la intensidad de su timidez. En 1962, cuando era ya una gloria nacional, acudió al hotel Savoy de Londres para celebrar con actores y directores los diez años de éxito de La ratonera. Al parecer, el portero le negó el acceso y ella, en lugar de protestar, se volvió por donde había venido, dócilmente, urdiendo ya una trama para una novela.

Una autora que le tengo mucho cariño. Más adelante le dedicaré todo un post sobre nuestros encuentros personales. Su última novela es posiblemente su obra más depurada y todo un tour de force. La historia se centra en la colonia nazi que durante el franquismo se instaló impunemente en la costa levantina. A través de los personajes, un octogenario ex interno del campo de concentración de Mauthausen, y una ingenua embarazada de treinta. La gran novelista nos acerca a las dobles vidas de unos teutones aparentemente bonachones jubilados que esconden un pasado de infamias.

Cada novela de Enrique Vila-Matas es un acontecimiento, más que editorial, emocional para los verdaderos amantes de la literatura. En Dublinesca nos encontramos con un editor arruinado que viaja a Dublín para celebrar el final de la imprenta. Es también todo un homenaje al espíritu literario irlandés que va desde Joyce a Beckett. Ya no queda espacio para el editor arriesgado, para el editor que ama la literatura y que busca incansablemente al genio desconocido.

Paul Desalmand crea un personaje donde el narrador es un libro que cuenta su propia historia: "Nací el 17 de junio de 1983, a las 16.37, en la imprenta de la Manutention, en Mayenne. Formato: 16,5 centímetros x 12,5 centímetros. Peso: 230 gramos. Número de páginas: 224. Tipografía: Garamond..." Una vez admitido el postulado del libro narrador, entramos en un mundo paralelo en donde los libros conversan. Un ejemplar de La náusea, de Sartre, consuela La cartuja de Parma, de Stendhal. Es un paseo maravilloso a través del mundo de la bibliofília con una galería de personajes curiosos, como el librero de tulla, el médico iraní que se encuentra entre el humanismo occidental y el absolutismo islamista, el vendedor de libros raros enfermo de gravedad. Esta autobiografía ficticia nos sirve de guía por todos los pasadizos secretos, todos los túneles de este mundo fascinante. No se disimula nada de las prácticas mercantiles de los editores que no hacen filantropía sino negocio en un mundo en que cada año se trituran millones de libros. Podría leerse este libro después de Dublinesca.

En su día dediqué un post a Robert Walser: escritor singular y único en la historia de la literatura. La editorial Siruela nos entrega una edición preciosa con más de noventa fotografías, documentos gráficos y numerosas citas. Tomen nota: "El escritor que tiene más posibilidades de cosechar éxito es aquel que se empequeñece al máximo, tanto ante los contemporáneos como ante la posteridad."

Una novela encantadora que sirve para conocer a esta brillante novelista totalmente desconocida en nuestro país. La historia trata sobre Florence Green, una viuda de un pueblo de Suffolk, que abre allí una librería. No tarda en llegar los problemas. La llegada de Lolita de Nabokov a la tienda pone en estado de revuelta a los aldeanos, pescadores de arenques y cultivadores de guisantes a los cambios.
Dejen de lado el televisor, las esperanzas en los políticos en los empresarios y en la banca. No se dejen engañar por falsos temores y desconfíen de las propuestas abiertas y sonrientes. Elijan un sofá cómodo bajo una luz blanca, a poder ser, cuando la ciudad duerme; es cuando un buen libro se convierte en un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma responde.
10 comentarios:
Cuando la ciudad duerme es un buen tiempo para leer. Ayer lo hice también después de la tormenta literaria que el día de San Jorge desató en Zaragoza. En cualquier caso te agradezco nos sigas descubriendo literatura. Sólo conocía "Dublinesca" de Vila-Matas. Me llama mucho la última novela de Clara Sánchez por el tema que trata. Un abrazo.
Pero parece que te estoy escuchando antes de leerte... aunque este posteo, con tantas sugerencias, también me provoca ansiedad por ese tiempo de que no dispongo para leer tanto como quisiera. Definitivamente estoy a punto de abandonar una pequeña parte de mi trabajo(sólo puede ser pequeña...) para encontrar un poco más de ese "tiempo ganado" entre los libros pendientes. Más aún si pretendo seguir garabateando textos propios.
Me has terminado de convencer... :)
Un beso.
¡Qué bueno me parece todo lo que nos recomiendas! Sólo paso a agradecerte la entrada y a dejarte un fuerte abrazo, amigo
Por qué?
Apuntados quedan. Uno, afectado por la crisis, se limitó a los libros más recurrentes (cine) dejó de lado la narrativa. Pero apuntados quedan para cuando se pueda.
Abrazos.
Muy interesantes todas las propuestas literarias que nos traes en esta entrada, pero, permíteme que en esta ocasión me vaya un poco por las ramas, a propósito de la primera recomendación, me hizo recordar mi época de instituto, cuando en casa adquirimos la colección de obras completas de Agatha Christie, que devoré con voracidad, y, a raíz de esas lecturas, en los “recreos” del instituto, el grupo de amigas que nos reuníamos en el descampado de detrás jugábamos a que les contaba la última historia que había leído y las demás tenían que intentar adivinar quien era el asesino, ya ves, a lo que me llevo tu entrada, si es que, ya te avisé en una ocasión, soy dispersa jeje…
Un beso
Agata Christie tiene mucha culpa de que yo haya acabado leyendo algo diferente a la mutante reglamentación nacional.
Tienen buena pinta tus recomendaciones, aunque algunas son caballo ganador. Alguno de esos libros terminará cayendo en mis manos. Seguro.
La resaca de Sant Jordi deja siempre un sabor a libro imperecedero y un regusto a lo bien hecho que hace que queramos más.
Un abrazo
Yo compré lo que pude. Aunque lo que sí que hice, fue dejar de lado la televisión y demás zarandajas y aprovechar tan significativo día, para vivir.
Abrazos.
Interesantes recomendaciones. Vila-Matas siempre es un acierto, y me atrae poderosamente la obra de Clara Sánchez, que ya he visto reseñada en algunos medios. Ahora tengo poco tiempo para leer, pero no dejo de tomar nota para cuando lleguen tiempos más lectores.
Un saludo
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