miércoles 21 de abril de 2010

El molino y el violín

"¿Qué significa en realidad ser útil? La suma de la utilidad de todas las personas de todas las épocas está plenamente contenida en el mundo tal como es hoy. De lo que se deriva: nada es más normal que ser inútil."
Milan Kundera, La inmortalidad


Acaba de publicar la editorial Rey Lear De la vida de un inútil. Es una deliciosa novela picaresca breve del alemán romántico del siglo XIX Joseph von Eichendorff. La novela empieza de esta manera:

"Sentado en el umbral de la puerta me restregaba los ojos aún lleno de sueño. Escuchaba cómo daba vueltas sin cesar la rueda del molino de mi padre. El ruido se entremezclaba con el gorjeo de los gorriones que revoloteaban por el tejado de donde la nieve empezaba a gotear. El sol ya calentaba un poquito, lo que me hacía sentirme muy agusto. De pronto, mi padre, que llevaba trabajando en el molino desde el alba, salió de la casa con el gorro de dormir todavía colgándole a un lado, y algo enfadado me dijo:
-¡Tú, inútil! Ya estás tomando el sol otra vez y estirándote los huesos hasta cansarte mientras yo trabajo por los dos. Ha llegado el momento. No puedo mantenerte más tiempo. La primavera acaba de empezar, coge tus cosas, sal a ver mundo y gánate la vida tú solito."

Nuestro héroe coge su violín y se marcha a ver mundo, cantando una canción por el camino. El joven protagonista es recogido en el camino por dos damas aristócratas que lo llevan a su castillo, donde le ponen a trabajar de jardinero y entonces, cuando sus excentricidades le han granjeado la simpatía de todos, le ponen al mando de la biblioteca. Se enamora de una dama, pero cuando la ve con otro hombre coge de nuevo su violín y, desafiando otra vez las convenciones sociales, vuelve al camino, guiándose solo por el azar y por el deseo de aventura que le llevará a Italia y Praga.

Existen una clase de personas muertas en vida, vulgares, que apenas son conscientes de estar vivos si no ejercen alguna ocupación convencional. No tienen ninguna curiosidad, no pueden entregarse a estímulos azarosos, no disfrutan con el ejercicio de sus facultades por el mero placer de hacerlo y, a no ser que la necesidad la emprenda a palos con ellos, incluso se quedarían quietos. Es inútil hablar con gente así; no pueden estar sin hacer nada, su naturaleza carece de la generosidad necesaria; y las horas que no dedican al furioso trabajo en el molino de oro las pasan en una especie de coma. No es el caso del personaje de esta novela entrañable, es un personaje compasivo y su historia es fascinante. El relato viene a decir que, de todos los estados de ánimo posibles, el mejor es aquel en el que una persona se eche al camino.

Tentado estoy en aprender a tocar el violín, pero dudo que se me permita salir más allá de la esquina de mi calle. Malditos tiempos.

12 comentarios:

Elvira dijo...

Jajaja! No necesitas el violín, nos encantas con tus letras.

Yo creo que hace falta saber hacer y saber contemplar, las dos cosas. Admirar, observar, maravillarse... ¡qué importante!

Besos, querido amigo

Luzdeana dijo...

Entrañable será el relato, tanto quizá como tu entrada. Qué maravilla poder echarse a andar en compañía de la música y los vientos, sin ataduras ni planes, con la curiosidad y el deseo de aventura como mapa.
Entre nuestras decisiones y lo vivido vamos forjando el camino. No sé si el mío es el que soñé, pero reservo y defiendo un lugar para tocar mi violín a mi manera. Y vamos, que la melodía del tuyo se oye muy afinada. Aquí estoy siempre, para no perderme ninguna de tus magníficas interpretaciones.
Un beso.

Vivian dijo...

Un inicio prometedor, este que nos traes, y el desarrollo posterior en la entrada no hace más que aumentar mi interés por el libro, intentaré conseguirlo, eso sí, no sé cuando podré leerlo, ando en una lectura que prometía apasionante y me está costando la vida terminar, pero mi cabezonería me domina y termino de leer este libro porque lo termino, jeje…
Luego tengo pensado regresar a mi montaña, que hace mucho que la leí y me dio nostalgia de volver a visitarla…

Me gustaron especialmente tus reflexiones tras la lectura del libro, reflexiones en las que estoy absolutamente de acuerdo, y me encantó la cita de Kundera.

Como siempre, un placer pasar por aquí y leerte.

Un beso

s a n d r a dijo...

Con todo el cariño y siempre bajo mi humilde punto de vista:
Yo no calificaría con desprecio a alguien por optar por una vida gregaria (y sabes que estoy completamente en desacuerdo). El miedo provoca todo tipo de elecciones frente a la vida... todo es lícito. Preocupémonos de luchar por defender nuestras teorías y demos libertad de escoger al resto.

Me gusta la esencia de la novela, y en contra de tu opinión creo que es posible llevar a cabo algo parecido (sólo es cuestión de ponerse "manos a la obra")

46 b e s o s ; )

Marcos Callau dijo...

Malditos. Comencé a tocar violín a la edad de diez años y sólo llegué a completar dos años. Una pena. Confieso que el comienzo del libro invita a leerlo pero tus palabras, aún más. Espero adquirirlo y espero, también, nunca ser un muerto en vida.

chanclas dijo...

Pues si te animas, llámame. Yo tampoco se tocar el violin pero me llama eso de buscar gente interesante por el mundo.
Afortunadamente tenemos el blog, No es lo mismo pero es que a mi tampoco, creo, que me dejen irme sin más.
Un abrazo.

Juanjo dijo...

Yo diría que asomarse a esa ventana, que son tus textos, es ya en sí una forma de coger el violín y hacer camino.

Ofelia dijo...

Hola Francisco,
la eterna dicotomía: ¿cigarra o hormiga? Este es el cuento de mi infancia aunque por motivos poco agradables. Vivía inquieta y angustiada por el destino de la cigarra, es decir, por mi.

Hace años leí un final distinto. Cuando la cigarra llama a la puerta de la hormiga y esta le pega la bronca del siglo,

- Que!!! ¿Ahora vienes a aprovecharte de mi esfuerzo?

La cigarra le contesta,

- Pues no, yo venia a saber si quieres venir conmigo de viaje. Ayer pasó un manager musical que me ha organizado una tourné por el Caribe. Que, ¿te vienes?

Desde entonces desterré la culpa, desarrollé la fe y decidí vivir mi parte cigarra con alegría.

Además, las cigarras se entierran durante el invierno, y vuelven a sonreir cuando el sol sale de nuevo

Besos musicales***

39escalones dijo...

A mí me gustaría también tocar el violín pero, ya me dijeron, soy un inútil (también) para la música... Me encanta el título del libro y, por lo que cuentas, bien podría ser un manual de supervivencia para el siglo XXI. Vamos, que el título parecen habérmelo dedicado...
Abrazos.

Tesa dijo...

Será una consecuencia de amar la literatura, lo que nos provoca soñar con dejarlo todo y emprender un viaje en busca de nuevas experiencias.

Los que viven como el molinero ya están muertos.

Debemos tratar de ser felices y de encontrar nuestro lugar en el mundo.

"Lo importante no es el destino, sino el viaje"

Buen viaje, pues, y ten en cuanta que los malos momentos también pasan.

Sé creativo y mímate mucho. Un beso,

mi nombre es alma dijo...

Porque devenir inútil es a veces una forma de vivir a gusto con uno mismo.

Un abrazo

Kinezoe dijo...

Interesante propuesta, amigo; anotado queda. No hay nada más aburrido que un muerto en vida. Lo que nunca aburren son los paseos por El Tiempo Ganado. Un placer leerte, Francisco.

Un abrazo.