
Homenaje a ELEFANTIASIS, de Raúl Ariza
Los extraños efectos de la luz me obligaron a examinar individualmente las caras de la gente y, aunque la rapidez con que aquel mundo pasaba delante de la ventana me impedía lanzar más de una ojeada a cada rostro, me pareció que, en mi singular disposición de ánimo, era capaz de leer la historia de muchos años en el breve intervalo de una mirada.
La gran ciudad genera una tropa de solitarios, de marginados, de gentes que no han podido con la batalla atroz de cada día. Lo primero que uno desea al vivir en una ciudad es encontrar una manera de estar solo. Este deseo es muy útil: si uno llega a realizarlo, las ciudades pueden ser productivas, de gran rendimiento de trabajo. Sino fuese por este impulso hacia la soledad que produce la vida entre la gente, entre la densidad de la gente, ¿de qué servirían las grandes ciudades? Toda la sociedad, ha sido construida a base de su sentimiento contrario: la soledad. La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Vivir es errar en completa soledad al fondo de un sentimiento ilimitado. La extensión de la soledad hace apenas visible la presa que huye. La soledad es una expresión ontológica de nuestro ser. Se es más de lo necesario. Y el mundo, menos. Comenzamos a saber que es la soledad cuando oímos el silencio de las cosas. Comprendemos entonces el secreto sepultado en la piedra y despertado en la planta, el ritmo invisible de la naturaleza entera. El misterio de la soledad reside en el hecho de que para ella no existen criaturas inanimadas. Cada objeto posee su lenguaje propio que desciframos a silencios inigualables. La palabra inteligente siempre es una palabra solitaria. Sólo en soledad se siente la sed de verdad. Soledad. Es un sabor ácido del cual unos pocos se enamoran. La magnitud de un espíritu se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar.
El hombre es una multitud solitaria de gente, que busca la presencia física de los demás para imaginarse que todos estamos juntos. Sólo hay una cobardía: ante la soledad. Y esa cobardía es tanto más grave porque el hombre está solo en su esencia. El miedo a la soledad es una traición a sí mismo. A los solitarios, encontrar público les hace perder el mundo de vista. Hay sitios y horas en que uno está tan solo que ve el mundo entero. Lo peor que hay en la soledad es el darse cuenta de que la gente es idiota, porque a la postre cada uno se queda solo, y lo que entonces importa es quién es ése que ahora está solo.

He estado toda la vida solo. Para mí ha sido un placer la soledad. Mírese a ustedes mismos y analícese. La solución está en uno mismo. Presta atención al latido del corazón de los otros. Están tan lejos. La soledad no te enseña a estar solo, sino a ser único.
He dejado la ventana y estoy solo escribiendo, que es siempre el destino final de todas mis situaciones. Pero la soledad es también estar rodeado de gente y pensar quien te falta. Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reir. Y no puedo reir solo.
Te ruego que acerques tu oído a mi boca, por lejos que estés de mí, ahora o siempre. De otro modo no puedo hacerme entender por ti. Y aunque te avengas a satisfacer mi ruego quedarán bastantes secretos que tendrás que desvelar por tu cuenta. Necesito tu voz donde la mía falla.
21 comentarios:
Una reseña impresionante, Francisco, me llegó al mail a través de Raúl, que gran realidad ciudadana, digo, lo de la soledad, tal vez consubstancial, supongo. Un placer volverse a perder por aquí!
Un gran homenaje a Elefantiasis y un excepcional canto a la soledad, mujer tan frecuentada por poetas como denostada por psicólogos.
Mi enhorabuena por el prólogo del libro.
Hola Francisco, he llegado hasta aquí a través de Raúl. Hace 2 días leí tu prólogo en el libro y pensé: quiero leer algo más de este tal Fran. Me ha parecido un prólogo muy conseguido, elaborado y sentido. Quizás peca un poco de extenso, pero las ideas y lo que expresas, llegan. Igual que este homenaje que haces a nuestro amigo. Me ha dejado muda y con el deseo de, desde mi soledad y acompañada de alguno más, analizar y penetrar en el silencio y el sentido de cada frase que dibujas. Ninguna tiene desperdicio, hay que bucear profundo para llegar a encontrar todas tus palabras solas y juntas, danzando al unísono para representar el baile primordial: la Soledad.
Encantada!!!
Mi nombre es Pilar, no tengo blog pero me muevo entre ellas como anónimo.
¡¡Hasta otra ocasión!!
Mejor no añadir nada. Chapeau, amigo.
Abrazos.
Estás solo, estoy sola, estamos solos, y sin embargo:
CRECE TU ALMA EN MI VOZ
Ataré tu poesía
con el aire de mi boca
daré a tus palabras
la entonación debida
gritaré tus versos
para que golpeen
susurraré tu poema
de enardecido amor
te han robado la lengua
para que no hables
pero tu alma crece en mi voz
hablaré por ti
Es verdad.
Mientras algunos le huyen espantados, otros nos sentimos atraídos por la soledad y su infinitud desde muy chiquitos. En esa etapa lo difícil es hacer que otros lo entiendan. Pero claro, está la risa. Y todo es demasiado duro sin ella. Así que quizás se trata de aprender a conciliar ambas: la soledad nos distingue de otros, pero sin “otros” no hay “yo”.
Yo seguiré con mi oído muy atento a tus letras, eso seguro. Tus reflexiones tan poéticas siempre me abren nuevas rutas hacia adentro. Además, nunca pude resistirme a los misterios.
Un beso.
Magnífico ensayo sobre la soledad, esa dama que siempre nos acompaña, muchas veces incluso entre multitud de la que, lo queramos o no, somos una pieza más.
Es un detalle que la soledad tenga nombre de mujer. No hay que luchar contra ella; hay que conquistarla, seducirla, aprender a disfrutarla. Puede que, llegado a un punto, ni advirtamos entonces que nos dejó (para seguir ahí, porque ella siempre está, siempre es).
Me parece un poco osado añadir algo después de haberte leído, pero bueno, ya es tarde, ahí quedan esas líneas... Tu texto, como siempre, una magnífica invitación a la reflexión.
Un fuerte abrazo, amigo.
Hay a quien le molesta que te encariñes con ella, maldita sea! por qué esa lucha por defendernos??
Ya sabes que te entiendo bien.
Un b e s o en la sombra
Hola Francisco,
este texto es un regalo bello, seco, riguroso, sereno, cristalino. La soledad nos hace libres. ¡Nos cuesta tanto a tantos entender-sentir esto!
Lentamente, paso a paso, como el hermitaño.
Gracias y un beso
"Comenzamos a saber que es la soledad cuando oímos el silencio de las cosas. Comprendemos entonces el secreto sepultado en la piedra y despertado en la planta, el ritmo invisible de la naturaleza entera. El misterio de la soledad reside en el hecho de que para ella no existen criaturas inanimadas. Cada objeto posee su lenguaje propio que desciframos a silencios inigualables. La palabra inteligente siempre es una palabra solitaria. Sólo en soledad se siente la sed de verdad. Soledad. Es un sabor ácido del cual unos pocos se enamoran. La magnitud de un espíritu se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar."
"Sólo hay una cobardía: ante la soledad. Y esa cobardía es tanto más grave porque el hombre está solo en su esencia. El miedo a la soledad es una traición a sí mismo."
Sólo aplaudo, querido amigo. Mis oídos están atentos a lo que dices.
Un fortísimo abrazo
Profundo como pocos textos que han nacido para un blog. Deja huella en mí de inmediato. Magnífico, magnífico de verdad.
Y toda la suerte y todos los lectores del mundo para Elefantiasis: no es sólo un principio, es un gran principio.
Enhorabuena. Excelente texto. No sabía que habías escrito el prólogo del libro de Raúl, es una gran noticia. Un abrazo.
HAce poco conocí (gracias a Alma) "Elefantiasis" de Raúl Ariza. Personalmente suelo buscar todos los días instantes dedicados para mí, para mi soledad, para ser totalmente sincero conmigo. Es una buena costumbre, necesaria para la vida, que tú has definido inmejorablemente con tu texto. Un abrazo, amigo.
Sinceramente no sé qué me parece mejor, si este ensayo, homenaje a Elefantiasis o el prólogo del libro.
Escribir sobre la soledad es escribir sobre el ser humano. Algo difícil y no caer en los argumentos de siempre.
Un abrazo Francisco.
Se te ve buena intención al promocionarlo pero no me convence.
Planteas la soledad como una opción buscada, como un destino y como un cobijo. Es interesante reflexionar al respecto.
Cada día que pasa, según voy haciéndome a la idea de tener que "explicárme" qué es lo que he pretendido al escribirlo, me voy dando cuenta de que Elefantiasis no es ni más ni menos que un pequeño catálogo de miedos entre los que destaca, como señor del abismo, la soledad en un primer plano.
Ahora bien, no sé yo si lo correcto es temerla, o aliarse con ella.
Se me antoja que esos personajes que bajo la mirada del lector bien pudieran parecer algo deformes (el título ayuda a ello) han conseguido, sin embargo, amigarse (que no rendirse) a los efectos de una soledad que va a ser la que marque ya no sólo su hacer, sino también su sentir. Si ello es así, surje entonces la pregunta del millón: ¿Han triunfado?
Y ahora; gracias, gracias, gracias...
Raúl es creativo y sorprendente siempre.También es un desasosiego con sandalias.
Yo ya pedí su libro, me llegará pronto, supongo.
Me alegró mucho volver a verte en el blog de Elena, hice una tontería cambiando una parte de la dire de mi blog...y pafffffmmmmmmmmmm, desapareció.
Pero ya hace algún tiempo que me siento muy a gusto con la gente que pasa por allí.
No sé qué es lo que los demás consideran soledad, de pequeña crecí en unas condiciones difíciles, así que pronto me acostumbré a estar sola conmigo misma; por dentro también, me refiero. Me sentaba en cualquier parte, con cualquier libro, o fotos de Túnez -no sé por qué este país- y no oía nada del exterior. Pasaban horas y horas. En esa especie de aprendizaje inconsciente adquirí un cierto aire de ausencia; hoy a veces también me llega, solo.
Pero el hombre solo no existe, porque a uno mismo también lo hacen-forman-transforman-recrean-engrandecen los demás y uno no es sin los otros.
Besotes
Todavía no me han conseguido los dos ejemplares.... estoy ansiosa, un prólogo elegante, con el estilo pulido de Raúl que ya se respira.... Suerte a ambos, buen trajo (sé que lo es)
"Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad sin que nadie se lo pueda dar o quitar, esto es mucho más importante que todo lo que posee o lo que es a los ojos de otros.
Quien no ama la soledad, tampoco ama la libertad; cuando uno no está solo y no tiene tranquilidad, no es libre."
Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación.
(Sonrisa enorme...Buen viernes!)
Kuss
Vuelvo a leerte, por regocijo, y porque he encontrado un nuevo blog en el que nos mencionan a ambos.
Un fuerte abrazo, amigo.
http://entrenomadas.wordpress.com/
Solo he quedado en silencio, meditando y padeciendo tus palabras.
Meditando por el sentido con que las has escrito y padeciendo por sentirme la identidad de tu relato.
Me has conmovido en grande,en este instante se me ha hecho un nudo en la garganta, un verdadero homenaje a Elefantiasis.
Un honor haberte leído.
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