viernes 9 de abril de 2010

Una tumba faraónica

Existe una tradición muy española que todavía no he llegado a comprender del todo; y es la exhibición de los habitáculos cuando somos invitados a una casa.

Sin ir más lejos, el otro día fui invitado por unos amigos que acababan de casarse. Cito textualmente: "Paco, ven mañana por la noche. Queremos enseñarte el piso". A mí me hubiera gustado más estas palabras: "Ven a casa, que te invitamos a una copa y te contaremos lo que sentimos." Llegué al edificio. Vivían en un quinto y el ascensor no funcionaba. Subí por las escaleras. Los pasos mueren en las escaleras. Cada paso tiene su féretro en cada peldaño. No puedo sufrir la vida del hogar. Soy un hombre errático y tornadizo. Había que clasificar a la gente según sus casas, como los caracoles. Si no tenemos cuidado la vida se vuelve rápidamente previsible, monótona, un engorro.

Nada más entrar ejercieron inmediatamente de cicerones. Intuí algo parecido a una tragedia tranquila, muy suave que se instalaba en sus corazones de sus vidas apagadas. Andaban perdidos entre los escombros de un sueño muy viejo, entre restos sin forma. Se sentían encerrados, cogidos en una trampa, completamente liquidados. La indigencia intelectual y moral de esos chicos educados desde niños en la pedagogía del consumo y el instante como culminación de la nada, una nada sonriente, pero fugaz. Querían gozar de la vida, pero entorno a ellos, el goce se confundía con la propiedad.

-Esto es el váter.
-Muy bien-respondí.
-Esta es la cocina. Esta es la habitación de matrimonio.
Yo lo único que deseaba era sentarme y tomarme un whisky.
-Este es el cuarto de los trastos.
-Genial.
-Aquí tenemos el lavadero. Este es el rincón donde pasamos las horas muertas en el ordenador.
Me entraron sudores. Tenía la garganta seca. La casa era un sepulcro, nuestro sufrimiento permanecían enterrados en las ruinas. No había ninguna resurrección. Recordé cuando le preguntaron a Nabokov por qué vivía en hoteles, y el genial escritor respondió: "Simplifica las cuestiones postales, elimina el estorbo de la propiedad privada, me fortalece en mi hábito favorito, el hábito de la libertad."

-Este es el cuarto de nuestros futuros hijos.
Querían ir demasiado deprisa. El mundo, las cosas, tendrían que haberles pertenecido desde siempre, y ellos habían multiplicado los signos de su posesión. Pero estaban condenados a conquistarlos. Ahora tenemos derecho a todo, menos a conformarnos con cualquier cosa.
-Este es el balcón.
Acabado el espacio empezaron con las cosas materiales.
En el mundo en que vivían, era casi de rigor desear siempre más de lo que podían adquirir. No eran ellos quienes lo habían decretado; era una ley de la civilización, una situación real de la que la publicidad en general, las revistas, el arte de los escaparates, el espectáculo de la calle, y hasta, en cierto aspecto, el conjunto de las producciones llamadas comúnmente culturales, eran las expresiones más normales. Sus primeras incursiones en aquel universo de las tiendas de lujo que no tardarían en convertirse en su tierra de promisión. Pero todos vivimos en falso en la sociedad de consumo. Todos vivimos con muchas fantasías consumistas y televisivas en la cabeza y muy poca raíz económica en el suelo.

-Aquí tenemos una pantalla plana.
Y, sin embargo, se engañaban; se estaban perdiendo. Empezaban, ya, a sentirse arrastrados a lo largo de un camino del que no conocían ni las vueltas ni el destino. Tenían miedo. Estaban impacientes; se sentían preparados; estaban disponibles; esperaban vivir, esperaban dinero. Querían pelear y vencer. Querían luchar, conquistar su felicidad, pero vivían en un mundo extraño y tornasolado, el universo espejeante de la civilización mercantil, las prisiones de la abundancia, las trampas fascinantes de la dicha.

-Estos muebles no son de Ikea.
Cuanto más iluminadas y prósperas son nuestras casas, más fantasmas manan de sus paredes; los sueños del progreso y de la racionalidad son visitados por espectros. Sí, entre ellos se alzaba el dinero. Era un muro, una especie de tope con el que chocaban a cada instante. Era algo peor que la miseria: los apuros, las estrecheces, la escasez. Vivían el mundo cerrado de sus vidas cerradas, sin porvenir, sin más salidas que unos milagros imposibles, sin pies ni cabeza. Se ahogaban. Se sentían hundidos.
Por fin, agotado como estaba, me invitaron a sentarme y me sirvieron el ansiado whisky.

Eugene Ionesco en El nuevo inquilino, resume lo que todos llevamos a cabo a lo largo de la vida: preparamos una tumba faraónica para la muerte. Cada vez que alguien me enseña su casa llena de cuadros y vanidades pienso en Ionesco, pienso en la muerte. En su obra el hombre que alquila una habitación vacía y la va llenando de cosas, en plena proliferación de la materia, hasta que el escenario rebosa objetos inútiles sobre el patio de butacas y el protagonista muere ahogado entre sus biombos.
Después, cuando me voy, algo tambaleante, se quejan de que me he bebido toda la botella de whisky.

25 comentarios:

Ofelia dijo...

Hola Francisco,
estoy a la mitad del relato. Y me cuesta continuar del ataque de risa que tengo. (Veremos que pasa en la segunda mitad). Rio por no llorar. Es tan duro i cruel que sólo puede ser salvado por tu finísimo sentido del humor. Me encanta!¡!
¿Alguna vez te han dicho que escribes muy bien?
Continuo....

Ofelia dijo...

Ya he acabado. Sigo riendo.
No se si te ha pasado, pero en mi familia existía la costumbre de no sólo enseñar el piso, sino también el interior de los ordenadísimos armarios, cajones incluidos. Y como había leído a Freud, ya tenía pistas de lo inmaculada que era su sen(x)ualidad.
Besos y gracias por tu relato.

Elvira dijo...

-Este es el cuarto de los trastos.
-Genial.

Jajajaja! Te prometo que cuando visites mi casa te pasaré directamente a la sala, y mejor que vaya comprando una botella de whisky, que no me queda.

Sí, hay casas que son como tumbas faraónicas. De vez en cuando me da una especie de ataque minimalista y quito cosas de las estanterías o de las paredes, pero me gusta sentirme acompañada por algunos objetos queridos.

Un fuerte abrazo, amigo (tu texto genial, como siempre)

Luzdeana dijo...

Si la tradición es de origen español, seguro la hemos heredado de ahí. Aquí se acostumbra lo mismo.
Debo decir que tu texto me impresiona a partir de la sensación de angustia que tan bien refleja. Ese intento desesperado de demostrarse a ellos mismos que finalmente lo han logrado, de convencerse de que ahora nada puede fallar: que la felicidad está en sus manos porque TIENEN todo lo necesario para que así sea. Han hecho bien los deberes. Todo debería ir cayendo en su lugar.
He recorrido ese camino y durante mucho tiempo no pude entender la angustia insólita que todo eso me provocaba. Me llevó vida entender que yo también había sido programada aunque algo interior se resistía. Aprender a agradecer lo impredecible de la vida fue confirmar lo que sentía desde siempre.
“Los pasos mueren en las escaleras”. Bellísimo. Y aquí mismo renuncio a intentar decidir cuál de tus textos es mi favorito.
Un abrazo fuerte.

leonnoesferoz dijo...

Y menos mal que no te enseñaron sus fotos de boda o de algún viaje!!
Tengo amigos que practican feng-shui y dicen que hay que desprenderse de cosas viejas e inservibles para que entren otras en tu vida. Pero es curioso, nos aferramos tanto a lo material,que tendemos a acumular sin medida.
Y también tengo cosas de Ikea. Es como si lo material nos protegiera de alguna forma. Tengo y por lo tanto soy. Cosa que no es cierta. Soy y conmigo mismo me sobra.Dificil.
Un beso

Pilar dijo...

tu blog no admite comentarios, sino largas charlas...
lleno como está de interesantes reflexiones, como ésta de la obsesión por enseñar la tumba faraónica, jejeje.

me río porque justo es eso lo que hago a diario¡¡¡

empeñando la vida en construirnos el cortijo... mi paraiso en la tierra o el mausoleo perfecto?

y a mí me gusta la idea de que nuestro esfuerzo trascenderá, de que los árboles nos sobrevivirán y albergarán nuestro recuerdo y quién sabe si algo más...

saludos hasta Barcelona¡¡

Luis dijo...

Encuentro tu intervención sencillamente genial porque es lo que siempre ocurre. En mi caso mientras mi pareja hace el tour por cuanto recoveco y armario existe yo prefiero buscar un ventanal y observar la vista que creo que es lo único que se debría destacar de las casas o los dptos.
Creeme que si tuviera el poder adquisitivo viviría al estilo de Navokob.
Un abrazo.

Mita dijo...

Sí, es muy español todo eso. El sentido de la ostentación.
Pero no sientas tristeza, todos nos dejamos arrastrar por muchas cosas.
Besotes

Marcos Callau dijo...

Yo también me la hubiera bebido Francisco. Es muy amargo estar condenado a cumplir unos sueños, demasiado áspero seguri vivendo así. Desconozco "El nuevo inquilino" pero creo interesante descubrir la obra. Por cierto, ¿un Jack Daniel's?.

Kinezoe dijo...

Una casa en propiedad y bien amueblada. Ese parece ser el objetivo, el fin último que perseguimos en nuestras vidas. ¿Nos asegura eso la felicidad? Ciertamente, no, aunque nos sentimos atraídos por esa quimera. Hace tiempo que entramos a formar parte de "Europa", pero en ciertos aspectos seguimos siendo todavía muy españoles: el alquiler es una costumbre que no parece ir con el español tipo.

Espero que el whisky al menos estuviera a la altura del mobiliario ;-)

Un fuerte abrazo.

PD: "Si quieres conocer a una persona, ve a su casa". Supongo que tú ya te formaste una idea, jeje... No logro recordar de quién era esa frase...

Yolanda dijo...

Es cierto que mucha gente disfruta enseñando su casa. Yo, no. Sé que necesita arreglos, que está bastante desordenada, que no aparecerá nunca en una revista de decoración, pero es MI casa y me gusta, estoy muy bien en ella. Las casas son para habitarlas, no para mostrarlas. Cuando voy a una demasiado ordenada tengo la sensación de no poder moverme para no descolocar nada. Creo que las personas perfeccionistas, tan pendientes del orden y la limpieza, tienen algún problema psicológico. No se permiten ningún fallo, ni una mancha, ni una mota de polvo. Yo no sabría qué hacer en salones inmensos con sofás apenas estrenados, cuando veo casas tan lujosas creo que es un desperdicio, un despilfarro inútil e injusto.
Gracias por tu divertido texto. ¡Menos mal que al final disfrutaste del whisky!
Un saludo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Y el caso es que hay gente que espera que le enseñen la casa. Si van a visitar a unos recién casados y éstos no les enseñan la casa, empiezan a pensar que ocultan algo. ¿Un cadáver tal vez?
Genial el texto, como siempre.
Un abrazo.

Vivian dijo...

Ays, mi querido Francisco, no sabes como me alegra regresar y descubrir que seguimos teniendo tantos puntos coincidentes, de esos que una cree raras extravagancias que la alejan del redil social preestablecido y que siempre consiguen que esboce una sonrisa cómplice ante la coincidencia.

De amigos hipotecados en tiempo y dinero, por obra y gracia de un banco y una oposición a funcionario ando también servida, esos que te miran con cara de ¿cuándo sentarás la cabeza? ante tu situación de asalariada a la que pueden dar la patada en el culo y sin casa en propiedad, lo que ellos no saben, y tampoco tengo intención que sepan, es que a mí, su forma de vida me provoca una sensación a mitad de camino entre el agobio y la pena, porque mi culo en riesgo de ser pataleado puede sentarse donde quiera en el momento que a mi cabeza le de la ventolera, porque ni me ata un inmueble, ni mucho menos un triste trabajo, y eso, querido, es algo, libertad de..., que no se paga con dinero.

Un beso y, como siempre, un placer leerte.

P.D: Por cierto, yo nunca quedo con nadie en mi casa, prefiero los bares, terreno neutral ;)

39escalones dijo...

Me encanta el texto, pero la imagen es ya el acabóse... Como perpetrador del crimen en potencia (me he comprado casa hace poco y la estoy arreglando), tomo nota. De hecho, sólo la he enseñado mientras ha estado vacía y sin arreglar. Eso sí, siempre me ha reventado ser visitante en el contexto que describes, así que, supongo, también al ocupar el otro lado de la ecuación. Eso espero.
Abrazos.

chanclas dijo...

No me extraña que te la bebieses entera, sobretodo sintiendo lo que sentías.
He disfrutado en cada pieza de esa casa en la que tu sudabas de angustia. ¡Magnifico relato, lleno de sabiduria y humor!
Me he cambiado de casa ... no sé cuantas veces. La última vez va a hacer 2 años. Cada vez que lo hago voy dejando cosas por el camino, de modo que mi mausoleo a este paso va a ser una birria.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Marivilloso, Francisco. Estas que te sales; con ingenio, verdad profunda y dominio.
Te envío ahora un fuerte abrazo, mi querido amigo.

J,

Tesa dijo...

Muy divertida la manera de contarlo, con un toque de humor y talento.

Es así de patético, sobre todo cuando te intenta mostrar su "estatus" y a mí como a ti lo único que nos apetece es charlar de la vida de verdad o echarnos unas risa y tomar una copa.

Será que no tengo apego a nada material y mis muebles sí son de Ikea, y no tengo nada último modelo a no ser que coincida que sale justo cuando a mí se me rompe el anterior cacharro.

Tuve una tele cuadrada de aspecto soviético, horrorosa, hasta que dejó de funcionar, tenías que ver la cara de las visitas.


Me ha encantado encontrarte. Un beso.

Licantropunk dijo...

Lo leí hace unos días pero hasta hoy no tengo ocasión de dejarte un comentario.
¡Cómo he disfrutado de esta lectura!
Lo peor de todo: vernos reflejados. Un féretro en cada peldaño (esa frase me recordó a la lectura de "El quimérico inquilino" de Topor, esa maravilla de libro que recomendaste hace meses y que tuve la fortuna de tener en cuenta). En fin, que podías haber terminado arrojándote por una ventana. Metafóricamente, claro.
Saludos.

Juanjo dijo...

Hombre, eso no se hace. Dejar una tumba faraónica sin whisky. ¿Te lo presentaron, al menos?

Anónimo dijo...

Ampliación: El Tiempo Ganado se ha enriquecido como un millonario con esta mixtura de crítica cinéfila y de reflexión moral de la vida cotidiana del autor.
Náufragos entre el oleaje de los días convulsos, este cuaderno ganador nos redime como un salvavidas prevenido.

Otro abrazo, querido Francisco.

J,

Raúl dijo...

Hay estudios que lo asegurarn. En la órbita mediterránea uno de los motivos principales que tenemos al ahora de decidir comprarnos una casa, es para dejar algo de herencia a los que nos precederan. No concibimos, al cotnrario de lo que ocurre en otras latitudes, vivir de alquiler o de precario. Hay que ser propietario.
Esto es herencia del derecho romano, dicen.
Todos lo hemos hecho; y entono con esto mi mea culpa. No me siento orgulloso de ello, pero yo también insistiré cuando vengas a casa, para que veas de buen grado el original color con el que pinté mi dormitorio. Disimula y haz buena cara.

mi nombre es alma dijo...

En eso coincido contigo, aunque creo que por otros motivos más prácticos, yo no enseño mi casa a nadie porque antes tengo que limpiar y eso agota, y lo digo en sentido literal aunque quizás también en un sentido metafórico. Y además, si por un casual hiciera limpieza, mi tendencia es tirarlo todo, o casi. Sería el inquilino de la habitación vacía, quizás del alma llena, no sé.

amelia dijo...

Detesto cuando me enseñan una casa, y mas detesto cuando me enseñan el video de boda, no asi las fotos, porque en ellas se ve mas que imagenes, y veo las historis de las personas plasmadas en segundos por la camara, ( ellos no saben que es verdad que se les ve el alma cuando se hace una foto),
las casas que he visto, son nuevas como las que describes, y me parecen ya un cementerio en vida,¿ se creén que me importa su lavadora en su lavadero?, o valoro en lo mas profundo de mi ser el baño principal?, bueno, envidia de es si tengo, un buen baño con una bañera y con un armario y espejos, los uqe me ya me conocen me tienen guardada la cervecita, sino, no voy a ver nada, bueno, la verdad es que ya hace tiempo que no voy a ver nada, creo que soy una antisociable, nunca he entendido como pueden tener tanta pasión por unas nuevas cortinas, y según el cura, será el monete, y por eso mis dias y noches me las paso comiendomé el tarro, bebiendo cerveza y a veces miro la luna, pero ya poco, hace tiempo que solo miro dentro de mi pancreas y de mi corazón haber si oigo otro sonido mejor.
me ha gustado como escribes.

Montserrat Sala dijo...

Hola: soy muy curiosa i desde el espacio de Jan Puerta, he visto a algo nuevo, i he entrado: Me ha gustasdo la historia. Es muy verdad todo lo que cuentas i de qué manera lo cuentas. Humor inteligente, talento i sencillez. Gracias por tan buena lectura.

entrenomadas dijo...

Radiografía del tedio!
Me he reído un montón.
A pesar de que es triste enseñar la casa que habitas como si fuera la vida que habitas. Para echarse a correr sin mirar atrás, eso sí, con la botella en la mano.


Un abrazo,

Marta