lunes, 10 de mayo de 2010

El cuento perdido

Gabriel García Márquez leyó en su juventud un cuento que le marcaría para el resto de su vida. En su momento, no sabía cuál era el título, mi quién lo había escrito, ni en qué idioma, ni en qué antología lo había leído. Necesitó cuarenta y cuatro años de averiguaciones para saberlo todo. Lo leyó por primera vez en 1949. Él recordaba el argumento y trataba de un sospechoso que dos detectives seguían sin piedad por las calles de París durante días y noches, con la esperanza de que tarde o temprano se viera forzado a volver a su casa, donde estaban las únicas pruebas para acusarlo. Como suele ocurrir siempre con los cuentos policiales, y con la vida misma, no se le quedó metido en el alma el encarnizamiento de los perseguidores sino la angustia del perseguido.


Pasó el tiempo y los derroteros de la vida condujeron a García Márquez a París. En mitad de Saint-Michel, una ráfaga de viento glacial le obligó a refugiarse en el café más cercano. Se sentó cerca de la vidriera de la calle, fingiendo leer el periódico. De pronto tuvo la sensación de que alguien le miraba. Lo buscó por encima del hombro, y allí estaba. Era un hombre duro que le miraba sin piedad desde un rincón apartado. García Márquez bajó la vista y de nuevo fingió leer. Cuando volvió a mirar, el hombre seguía allí, mirándole impávido. El escritor colombiano sintió el pavor del perseguido y recordó el cuento perdido sin recordar el final y se propuso de nuevo encontrarlo para releerlo con más atención. Recordó que el libro tenía menos de cuatrocientas páginas, pero no recordaba quién se lo prestó. Investigó. Preguntó, pero no encontró a nadie que le diera una pista.

Pasaron más años y fue en 1965 en México cuando leyó un cuento al azar, y encontró un nombre que le hizo saltar de la silla: Maigret. Fue como una revelación sobrenatural con años de retraso, recordó que así se llamaba el inspector que perseguía al sospechoso de su lectura inolvidable. De modo que el autor, sin ninguna duda, era Georges Simenon. Para García Márquez era apenas un paso, porque encontrar un cuento suelto de Simenon sin conocer el título era como buscar una aguja en un pajar. Consultó a expertos en su obra. Nadie reconoció el argumento. Un amigo, aburrido de tanto oírlo le dijo:
-De todos modos escríbalo usted, porque es un cuento del carajo que necesita existir.


Pero no lo escribió y siguió buscando; revisaba catálogos de Simenon en bibliotecas y librerías, con la esperanza de encontrarlo. Tres amigos que oyeron contar el cuento por separados estaban seguros de tenerlos, y le mandaron copias de diferentes cuentos de Simenon que les parecían iguales al que él contaba. En realidad, ninguno era igual. Por primera vez se hizo la pregunta tremenda: "¿Y si no fuera de Simenon?".

Corrían los años setenta. García Márquez, mientras hacía tiempo para una cita en un café de Ginebra, vio sentarse en una mesa cercana a un hombre ya entrado en años, de gabardina clara y sombrero blando, y con un paraguas colgado en el brazo. El camarero que le servía a nuestro escritor, le susurró:
-Es el escritor Simenon.
No había estado nunca tan cerca de la solución del enigma, pero no fue capaz de acercarse al escritor belga. Se preguntó si Simenon tendría tiempo y memoria para acordarse de sus propios cuentos extraviados.


Siguió pasando el tiempo y García Márquez se encontraba una noche en Managua con Julio Cortázar. Estaban hablando sobre cuentos de perseguidos, que era una más de tantas especialidades del escritor argentino, y de pronto García Márquez se acordó de Simenon. Antes de que acabara de contar el argumento, Cortázar le dijo con su hermosa voz baritonal y sus erres arrastradas:

-Ese cuento se llama L'homme dans la rue, y forma parte de una colección de nueve cuentos titulada Maigret et les petits cochous saus queve.
Lo compró en un mercado de saldo en una edición pirata en español con tan solo seis cuentos, y no incluía el cuento que buscaba.

Hacía ya diez años que había renunciado la búsqueda. En 1993 se encontraba en Barcelona y una editora le contó que tenía el proyecto de publicar por primera vez en español la obra completa de Simenon en doscientos catorce volúmenes. La editora le sugirió que escribiera un prólogo a la colección y él respondió:
-Te escribo si me encuentras un cuento de Simenon que se llama L'homme dans la rue.
Recibió el ejemplar y el enigma quedó resuelto.

Os cuento esta famosa historia porque a mí me ocurre lo mismo que a García Márquez, pero sin haber encontrado todavía el cuento de mi vida. Llevo buscándolo más de treinta años. No recuerdo el título ni el nombre del autor. Este es el argumento: Un hombre regresa al cabo de varios años a su ciudad natal y encuentra en su lugar una urbe extraña. Tiene el mismo nombre (no lo recuerdo), pero ahí acaba todo. Insiste que él nació allí y los actuales habitantes le muestran la noticia de su muerte acaecida el día en que él salió del pueblo.

¿Podría alguien darme a alguna pista? No quisiera seguir la recomendación del amigo de García Márquez: "De todos modos escríbalo, porque es un cuento del carajo que necesita existir".
Más adelante os cuento mi historia.

20 comentarios:

Ofelia dijo...

Hola Francisco,
no puedo ayudarte con tu cuento pérdido, pero podría haberlo hecho con García Marquez si nos hubiésemos encontrado en el bar Quimet de Horta, por ejemplo. Es una de las novelitas que más me han impresionado de Simenon, aunque no la única. Algunos de sus argumentos se me quedaron extrañamente pegados (suelo tener mala memoria retrospectiva).
Espero que tengas suerte en tu búsqueda.
Besos**

Luzdeana dijo...

Francisco,
El argumento de tu cuento me trae a la cabeza dos pensamientos: por un lado El mundo, de Millás (lo estoy leyendo), lo que él llama “la Calle” de su niñez, que es esa visión especial de un escenario repetido. Por otro lado, el pueblo de la infancia es siempre ese lugar donde hemos muerto un poco al marchar y que nunca es igual a nuestro regreso, aunque conserve su nombre, e incluso unos cuantos edificios.
Lo encuentres o no, sería un placer leer ese cuento en tu propia versión.
Mi abrazo fuerte.

Marcos Callau dijo...

Pues no es mala recomendación para alguien al que se le da tan bien escribir, Francisco. Así de pronto el argumento sólo me suena a ¡Qué bello es vivir!, así que mejor me callo porque no tengo ni idea. La historia del cuento perdido de García Márquez la desconocía pero es muy buena. Además me gusta cómo la cuentas. Te deseo que no te cueste tanto encontrar tu cuento perdido. Un abrazo.

Montserrat Sala dijo...

Extrañahitoria la de Garcia Marquez, pero con extrordinario final. Espero que tu no tengas que esperar tantos años, en conocer el final. Mejor lo escribes, ok?.
Saludos muy cordiales

Elèna Casero dijo...

Creo que mi mente me está jugando una mala pasada o yo he leído algo así.
O quizás lo has puesto adrede para que me lo imagine. Sea como sea, es una buena historia del carajo que merece ser escrita.

Un abrazo

Luis dijo...

Parece que algo nos ocurre a cierta edad que de golpe vuelven fracciones de canciones, peliculas y novelas leídas hace años que no recordamos del todo y que necesitamos revisitar.
Yo acumulo una buena lista de obsesiones en ese sentido, la mentablemente no puedo ayudarte con la tuya.
Un abrazo.

39escalones dijo...

Pues me temo que tampoco puedo ayudarte, Francisco. No sé, quizá te encuentres un día a García Márquez en un café y se lo puedas preguntar...
Abrazos.

Joselu dijo...

La historia de este cuento, cuyo autor desconozco, es la misma de mi alejamiento de la ciudad en que nací. Cuando volví todo había cambiado. Aparentemente las calles eran las mismas, los paisajes también habían cambiado, pero yo ya no tenía ningún lugar en ella. Espero algún día escribir un cuento cuyo argumento recuperará el tiempo de mi infancia en aquellas calles que ya no existen. Es un tema intemporal el de la vuelta. Creo que incluos Ulises en su vuelta a Ítaca tras veinte años -la duración canónica de un viaje- no la encontraría como la recordaba. Uno muere y la ciudad también. Nada se repite. Todo es extraño.

Francisco Ortiz dijo...

Buena historia, buena descripción de la voz del gran Cortázar, buen enigma nos dejas.

Yolanda dijo...

Francisco, yo llevo años buscando unos cuentos japoneses de la colección Auriga que leí siendo niña y perdí sabe Dios dónde y cuándo. Recuerdo algunos de ellos, pero no he conseguido encontrarlos en ninguna edición, ni siquiera en esas ferias del libro antiguo que tienen de todo. A veces he pensado reescribir alguno, especialmente uno que habla de un sauce mágico cuya alma se convierte en mujer y enamora a un rico noble. Es una historia preciosa, o al menos yo la recuerdo así. Quizá sea cierto que la infancia es un territorio idealizado por el paso del tiempo.
Un saludo.

Kinezoe dijo...

Siento no poder ayudarte, amigo; no me suena ese cuento. Tampoco conocía la odisea de García Márquez en su búsqueda de un título. Fue interesante leerlo en tus palabras.

Un abrazo y buena semana.

lula Fortune dijo...

Creo que deberías escribirlo y fingir que lo has encontrado. Fíjate lo que me ha pasado a mí :

(http://lulafortune.blogspot.com/2010/05/maldito-seas-pedro.html)

Puede que en la librería de Pedro esté ese cuento que buscas, o en la maleta de un misterioso inglés... :)

Un besote. Que sepas que te leo siempre, aunque casi siempre también paso de puntillas y en silencio.

mi nombre es alma dijo...

Con lo que nos cuentas, ese libro no puede ser más que de Philip K. Dick y jablar de juguetes cósmicos.

Un abrazo

Licantropunk dijo...

A mi se me perdió un disco hace casi veinte años, uno que sólo escuche una vez, una tarde, en una cafetería subterránea de Salamanca. Le pregunté al camarero el nombre del grupo. "La promesa", me dijo. Casi veinte años buscando y la semana pasada me entero de que el camarero se confundió, de que el grupo se llamaba "La búsqueda": sí, la que llevé a cabo tantos años, consultando la letra P de las estanterías de todas las tiendas de discos a las que entraba en vez de consultar la B. La promesa era la búsqueda.
Ya tengo el disco: una maravilla. Pero, ¿y ahora qué? ¿qué busco ahora? Ojalá no lo encuentres.
Saludos.

Mita dijo...

Ah, escríbelo. Será nuevo y diferente cuando lo veas desde fuera.

Besotes

Cris dijo...

Investigant una historia d'investigadors. El relat en sí trascendeix els seus límits per transformar-se en un objecte clau. La prova que confirma un passat lector que ha marcat la vida, talment com una historia de detectius.
El relat que busques té similituds amb la novela d'Alberto Manguel "El regreso", però què té de dir jo, si vas ser tu que me la vas recomanar...

Petonets!

Anónimo dijo...

Muy bonito, Francisco. Eres todo un escritor. ¿Por qué no escribes una novela? Es muy fácil. Te sugiero una técnica. Piensa una historia original con sus personajes bien definidos, no muchos. Escribe los capítulos breves, como secuencias cinematográficas, como pequeños cuadros teatrales. Como tienes talento será una hermosa novela, y serás libre como un pajarillo que canta un solo de flauta cautivador desde el árbol más próximo, antes de alzar el vuelo por el azul. No puedo darte un consejo mejor. Ya sabes, sólo hay que tirarse a la piscina, ¡y a nadar!, mi querido amigo.

Un abrazo.

J,

Vivian dijo...

No tengo ni idea respecto a tu cuento perdido, Francisco, la verdad es que nunca he sido muy de leer cuentos ni relatos, de hecho, es desde que me metí en este mundo bloggeril que empecé a acercarme un poco más al género.

Lo que sí, me gustó conocer la historia de “El Cuento Perdido de Márquez” a través de tus palabras.

Y, como dirían por otras latitudes, hágale caso al amigo, escríbalo usted si al final no lo encuentra, o reescríbalo si llegara a encontrarlo.

Un beso

Miguel Sanfeliu dijo...

Me encantaría poder ayudarte en tu búsqueda, pero no tengo ni idea de qué cuento puede ser el que recuerdas. Quién fuera Cortázar, con esa memoria prodigiosa.
Siempre me ha fascinado esta historia de García Márquez y el cuento perdido.
Un abrazo.

Juanjo dijo...

Ni idea, la verdad.

Mientras te leía estaba pensando en la angustia del cuento sabiéndose buscado por García Márquez.
¿Le gusta a los cuentos ser perseguidos? ¡Eh, eh!

No me hagas mucho caso, jajaja.

Un abrazo.