En 1972, la Paramount decidió convertir a El padrino, de Francis Ford Coppola, en el centro de su nueva estrategia de producción. El objetivo era el encontrar un título al año que fuese un gran éxito de taquilla, un éxito lo suficientemente grande como para respaldar al resto de la producción. La película elegida para este fin se beneficiaría de un elevado presupuesto y una gran campaña de promoción, exhibiéndose además de manera máxima y generalizada para lograr el máximo impacto: es decir, estrenándose simultáneamente en todo Estados Unidos, con una gigantesca campaña publicitaria como respaldo. Su impacto se aprovecharía luego para subir los precios de las entradas. La elección de El padrino demostró ser acertada, y la película obtuvo un enorme éxito comercial. A los pocos días de su estreno había recuperado ya su inversión inicial y a las pocas semanas se había convertido en una empresa enormemente rentable. En términos comerciales, El padrino se convirtió en un hito dentro de la Historia del Cine, en una indicación de lo que podía lograrse siguiendo el plan trazado por la Paramount. Pero fue también un hito en términos menos tangibles. Francis Ford Coppola, era considerado como uno de los representantes de la nueva generación de directores de Hollywood, y el éxito de la película garantizó no sólo su futuro artístico, sino que también mejoró las perspectivas de sus compañeros de generación.A pesar de estar dirigida por un cineasta nuevo, El padrino es en esencia una película tradicional: su tema, los crímenes de familia, es familiar, y constituye también la base argumental de numerosos títulos anteriores. El principal énfasis es el narrativo, abarcando una amplia variedad de lugares y tiempos; la historia se cuenta de manera vívida y contundente; en el reparto se mezclan las caras conocidas, Marlon Brando, Sterling Hayden, con las nuevas, Al Pacino, James Caan o Diane Keaton. En realidad, lo único que separa a El padrino de anteriores películas de gángster es la cantidad de dinero invertida en su realización. Esta observación no es tan cínica como parece, ya que ese dinero se refleja en la pantalla en valores artísticos. En primer lugar, permite que la trama se desarrolle con tranquilidad, ofreciendo así a los actores oportunidades de lograr buenas caracterizaciones y posibilitando que los decorados y el vestuario tengan una vigorosa presencia dramática. En términos generales, el dinero invertido permite a la película convertirse en un espectáculo de calidad.
Por supuesto, la disponibilidad de dinero no basta para garantizar que se use de manera eficaz. La aportación de Coppola a El padrino es indudablemente fundamental. Como director, su talento se inclina a la creación de grandes espectáculos, y, como los grandes directores de musicales, es capaz de coreografiar los movimientos de un elevado número de personajes; por ejemplo, la recepción de boda con la que se abre la película lo demuestra claramente. Es, asimismo, consciente de la necesidad de utilizar creativamente el color. Coppola parece también sensible a la presencia física y emocional de los actores y actrices de la película, y sabe extraer un magnífico partido de todo el reparto.

Se ha dicho que El padrino es una película progresista, lo que resulta difícil de mantener, pues su retrato del mundo del crimen en Estados Unidos es de sobra conocido, por lo que Coppola no aporta ningún elemento nuevo, mientras que la admiración que muestra la película hacia un cierto ideal de pureza e integridad masculinas basadas en el honor, el uso de la violencia y el mantenimiento de la unidad familiar no puede ser más reaccionaria.
9 comentarios:
Estoy por decir que la veo un poco sobrevalorada, pero no, me retracto; quizá se deba esto a que a veces se cansa uno de escuchar tantas grandezas sobre esta película, mientras otras de su mismo género y una enorme calidad permanecen en el olvido. Así que empezamos de nuevo:
Obra maestra. Sonará a comentario muy manido, pero así lo pienso. Totalmente de acuerdo también con tus afirmaciones del último párrafo: de progre tiene poco esta película. Es más, en ocasiones pienso que hasta juega en su contra el haber dado una imagen tan "buena" del mundo de la mafia... Yo siempre haría como nuestro Dino, intentar mantenerme al margen. Y es que no hay nada cool en el crimen organizado, por muy bonito que pueda quedar sobre una pantalla...
Un abrazo y buen domingo.
Una de mis películas favoritas y ya no sólo eso sino que toda la saga me parece absolutamente genial, incluso la tercera parte con ese final homenaje a Hitchcock y a "The Roaring twenties". Aún siendo así he aprendido muchos aspectos que desconocía leyendo tu artículo. Un abrazo.
Hola, querido Francisco: Voy a quedar fatal ante ti y ante todos los cinéfilos que por aquí pasean: no me gusta El Padrino.
No me aporta absolutamente nada. Me gusta la interpretación de Al Pacino, eso sí, pero la de Marlon Brandon no, nada. Y la trama no me emociona, ni los personajes. Bueno, mejor lo dejo.
Pero he disfrutado de tu entrada, eso sí.
Un fuerte abrazo, amigo!
Me parece muy bien esta otra visión de una película que nunca me ha gustado demasiado.
Aunque a mí los matones, el honor, la familia, la religión, la hipocresía, el crimen, el machismo me van poco, tengo que reconocer que acabó enganchándome. Vamos que me gustó bastante.
Marlon Brando es uno de mis actores favoritos. Lo adoré hasta gordo y viejo. Yo lo prefiero a Al Pacino, que me pone de los nervios, pobre.
Un beso,
He entrado aquí porque un mosquito se ha posado en la pantalla de mi teléfono...lo siento. Echaré un vistazo. [el mosquito ha muerto, lo he chafado]
El Padrino fue una de mis películas favoritas, de esas que uno ve repetidas veces al punto de ya saberme algunos diálogos de memoria. Quizás por lo mismo más allá de si es o no una gran filme se trata más bien de un icono de la cultura pop moderna al mismo nivel de las imágenes de Warholl o las travesuras de Bart Simpson.
Un abrazo.
Creo que la gran virtud y al mismo tiempo el gran problema es haber pasado la mafia por el filtro de Shakespeare. A la saga le da la misma grandeza y complejidad que pueden tener las grandes tragedias del genio inglés, pero también genera una serie de estereotipos lejanos de ser aceptables, reaccionarios como bien comentas, en un sentido amplio que va desde la santificación de ciertas conductas hasta la aceptación de cierta violencia y criminalidad como "justas". Peligroso tema del que huimos al ver la magnificencia formal de la trilogía. Copiada hasta la saciedad, por cierto, ahí está el cine de James Gray, por ejemplo.
Abrazos, amigo.
El progresismo que dices que se le atribuye; ¿no vendrá por sus formas cinematográficas y no tanto por el tratamiento que hace de la historia? Lo digo porque defender la segunda postura es tan estúpido, que me cuesta admitir que alguien pueda encontrar algo novedoso en la lectura que el director hace del tema.
En cualquier caso, ante posiciones que se escapen de lo meramente artístico, siempre digo que uno tiene que mantenerse en el camino de las formas, y no salirse a la vereda de las intenciones.
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