
Este post nace a raíz de una extraña sensación que tuve hace poco al despertar en la cama de mi habitación. Era como estar en una habitación desconocida de un motel donde el despertador está puesto en la hora fijada por un ocupante anterior, y a una hora infame te saca de repente del sueño para sumirte en la oscuridad, el pánico y una atroz conciencia de que vives en un mundo alquilado.
Empecé a recordar esa forma de embrujo de lo insignificante lo que llamamos en la experiencia suburbana del motel; en las historias de Sam Shepard y Raymond Carver, en las pinturas de Hopper, de Bechtle y de Register, en las fotografías de Frielander y de Shore, en las películas de Antonioni, de Wenders y de Jim Jarmusch.
Sólo la austeridad absoluta permite estimar nuestras reservas. Tocar fondo es coincidir con nuestra esencia. La facultad de vagar prima sobre la de establecerse en un lugar. El valor de un hombre se juzga más en función de lo que puede abandonar que lo que posee. Con el tiempo, comenzamos a observar en los fenómenos urbanos la conformidad general de los lugares y los habitantes. Como los finos muros de conglomerado, levantados en un día, que nos sirven casi siempre de horizonte cotidiano, el hombre de la modernidad está sometido al destino precario de un edificio prefabricado.
Pienso en el ciudadano norteamericano, que no se siente en casa en ninguna parte. Al no pertenecer a ningún lugar en particular sino por decirlo así, al espacio en general, vive como si hubiera sido expulsado de una intimidad original que codicia en sus viajes aunque sepa, en el fondo, que jamás podrá alcanzarla y que, si lo hiciera, tampoco se contentaría con ello.
Creo que a mí me está ocurriendo algo parecido. El tedio constituye la última forma de la aceptación desmitificada de lo real. La vida es una serie de decepciones voluntarias. Sin la promesa de un desengaño, renunciaría a su propia perpetuación.

Ningún otro lugar común se ha presentado a los artistas norteamericanos del siglo XX más cargado de resonancias sociales y míticas que el motel. Lugar histórico a medio camino entre la huida de los pioneros hacia una tierra prometida en el Oeste y el errar de quienes no creen ya en la Frontera y en su espíritu, pero que dan vueltas desesperadamente, en el mismo círculo, eterno retorno de lo mismo que ya no es susceptible de un reconocimiento pero que da la impresión de no ser uno mismo ni otro, el motel representa por ello la doble tentación de la aventura y la renuncia, el gusto por la libertad y la decadencia social en la pasividad. Lugar posible donde recomenzar una nueva vida sobre la base de nuevas experiencias o del fracaso final de toda huida y experiencia de salvación, el motel ha marcado con su anbigüedad formal el imaginario de sus creadores.
Si tuviera que definir el concepto de motel diría que es el antilugar, la habitación penetra el espacio desmintiéndolo. Vive de la tensión constante entre la delimitación nítida y un área infinita que excluye y que, sin embargo, le permite existir.
Tras estas reflexiones, todavía tumbado en mi cama, llegué a sentirme verdaderamente un ser de paso y de derivas geográficas.
18 comentarios:
Leyéndote no podía parar de pensar en el protagonista de “París Texas” de Wenders, sí, así debía sentirse ese hombre a la deriva parco en palabras…
“El valor de un hombre se juzga más en función de lo que puede abandonar que lo que posee.”
Esta frase encierra para mí el verdadero concepto de libertad, esta sociedad de consumo que nos envía al capitalismo brutal ha conseguido que las personas acaben esclavas de los bienes materiales, esos que los “genios” del marketing consiguieron transmutar de simples objetos a depositarios de la felicidad.
Estupendo post, invita a reflexionar largo y tendido.
Un beso
Tus reflexiones son cada vez más acertadas, más incuestionables, más luminosas y cercanas. Más necesarias.
Francamente bueno, Paco.
Nunca me había parado a reflexionar el valor de una habitación de un motel. Ahora que lo dices, es cierto. Siempre sientes la sensación de lejanía o inestabilidad.
No nos veremos en Zaragoza, con la presentación de Raúl.
Así pues, un abrazo muy fuerte
Precisamente hoy me detuve en unos versos de Gª Montero que me han transmitido la sensación de un tiempo extraño, sensación que ahora me regresa al leerle, Francisco.
El viajero está solo. Mira el televisor
como se miran las fotografías
en una casa extraña
Es la sensación de estar de paso, cuando ni siquiera el televisor parece dirgirse a uno.
Y sí, Jim Jarmusch. Hace veintitantos años, estando en la universidad vi Permanent Vacation, que me produjo atracción y angustia. Aún hoy, de vez en cuando pienso si no hubiera debido decantarme entonces hacia aquella atracción lo que seguramente habría borrado determinadas angustias para siempre.
Este relato es tremendamente desolador.
Al desprendimiento siempre le acompaña de una u otra manera el desamparo, es así.
Besotes
La sensación de hogar te la puede dar el cariño de alguien, o un lugar al que te sientes muy unido. También nuestra casa puede ser nuestra guarida, un verdadero refugio. Pero creo que alguna sensación de arraigo o pertenencia es muy agradable, no sé si creo en el desapego total y absoluto. Los animales también necesitan una guarida, una cueva, algo.
El motel, como bien dices, es el anti-lugar. Aunque sólo los conozco por las películas (en fondas muy tiradillas sí que me he alojado, pero no es lo mismo).
Un fuerte abrazo, Paco!
Los moteles nos remiten inevitablemente a las películas americanas. Creo que en España son realtivamente recientes, no sé. Yo he estado en pocos, la verdad. Cuando vamos de vacaciones solemos alquilar casas, nos resulta más cómodo aunque haya que cocinar y limpiar.
Cuando duermo en una cama ajena me pregunto quiénes habrán dormido en ella antes que yo, cómo serían, qué soñarían, qué hicieron en ella. Menos mal que no soy escrupulosa... Las habitaciones de hoteles o moteles son impersonales, frías, asépticas. Quieren hacerlas acogedoras pero no lo consiguen, o ésa es mi impresión al menos.
Magnífica reflexión. Te felicito.
Take a walk on the wild side, ¡sí señor, Francisco!. Me he reservado este texto para leerlo, como debe ser, a medianoche y sin prisas porque el título ya me sugería que debía ser así. El Motel contiene una bohemia heredada de ese deambular por las calles solitarias en busca de ese último bar que está a punto de cerrar, esa peregrinación donde un solitario va buscando algo que desconoce pero que le impide ser feliz. Tus palabras están tan impregnadas de esas sensaciones que he creído escuchar el disco completo de "The ghost of Tom Joad" de Bruce Springsteen mientras las leía. He creído ver en este texto la cara de Henry Fonda hablando a su madre en "Las uvas de la ira" y me has trasladado a la habitación de un motel cualquiera, en mitad de una carretera olvidada, donde el reflejo del neón no me deja pegar ojo y las promesas se destruyen al alba. Gracias por estos momentos de lectura tan gratificantes. Un fuerte abrazo.
Fantástico, Francisco. Y eso que ni siquiera has entrado en la cuestión de la ducha...
Abrazos.
Me encantó tu definición de motel, Francisco, aunque, como a nuestra amiga Elvira, también a mí me reconforta pensar en el concepto de hogar como sitio de retorno y protección. Los moteles son fríos, impersonales; los veo vacíos y sin vida. Para mí no serían sino lugares de paso. Lo que sí es cierto es que tanto en cine como en literatura encontramos decenas de impagables monumentos al motel de carretera.
Cuanto más estás dispuesto a abandonar, más persona eres en esencia, algo así me pareció leer... En eso estoy totalmente de acuerdo. Ahora bien, de tenerlo, nunca me desharía de las llaves de mi piso en propiedad, je,je ;-)
Un fuerte abrazo.
PD: Excelente canción.
Realmente este es un tema apasionante y tú lo abordas con la sabiduría y coraje que sólo la vida -vivida intensamente- nos otorga. Nuestra amiga Elvira ha escrito algunas líneas más arriba. Estoy de acuerdo con ella cuando me hace recordar la frase que dice que el hogar no son (muchas veces) las personas que viven en tu casa sino el lugar donde te comprenden. Abrazos.
Muy bien, sigue escribiendo así, querido amigo.
Un abrazo.
J,
Mi motel por excelencia es el Bagdad Café, donde se muestra que "nuestro lugar" puede ubicarse en cualquier sitio, pues lo creamos nosotros y siempre es circunstancial.
http://www.youtube.com/watch?v=5vm0bceCYxE&feature=related
Un p e t ó
La atracción inevitable por lugares en los que siempre parece que va a pasar algo.
Saludos.
Creo que en alguans de nuestras charlas alcohólicas (que sin ser tantas, han estado semabradas de pequeños detalles) ya tocamos este tema: el motel, como sinónimo de desprendimiento, más que de desarraigo.
Yo no lo concibo. Soy débil a la necesidad de encontrarme raíces que me sujeten a algún sitio, a algunas personas. Quizá por eso, desde el temerario prisma de lo romántico, entiendo que se pueda sentir envidia por aquel que tan solo necesita unas zapatillas y algunas pocas monedas para que, las unas y las otras, le alcancen hasta su siguiente alojamiento.
Nos vemos el viernes.
Recuerdo una serie de televisión (muy mala por cierto) en la que se entraba en la habitación de un motel y cuando se volvía a salir se estaba en otro sitio distinto y así indefinidamente hasta que al final por algún extraña circunstancia se volvía la mismo lugar. La paradoja o la realidad, es que cada sitio era distinto pero equivalente en su soledad.
Me ha venido a la mente mientras te leia.
Un abrazo
Uno de mis viejos sueños es recorrer América en un vijo cadillac rosa chicle, con lo imprescindible, un cuaderno de notas y mi cámara. ja, ja, supongo que lo debería haber hecho ya, pero críar a los hijos también es una aventura.
Sigo con mi sueño: Llegar al motel cada noche y escribir sobre lo vivido.
No tuve casa de pequeña y de mayor ya he vivido en un montón y en diferentes ciudades.
Como dice Serrat, donde haya pan y vino tengo mi hogar, y añado: mi hogar es la gente que amo.
Me gusta mucho leerte. Un beso.
De pequeño pensaba que un motel era un hotel devaluado, un quiero y no puedo con habitaciones desgastadas.
Y ahora lo veo más, como un hotel falso, un lugar virtual que alberga personajes que nunca son lo que dicen que son, donde nacen historias condenadas a una muerte prematura.
Pero no puedo evitar que me atraiga la clandestinidad que conlleva y la libertad amarga que fluye en cada jornada.
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