
Para mi querido Juan García Negrete que me regaló la novela de B. Traven El tesoro de Sierra Madre y el tesoro de su amistad.
"La ambición es el último refugio del fracaso."
Oscar Wilde
Hace unas semanas estaba yo tumbado en mi cama fumando, sin trabajo y sin un duro en el bolsillo. De repente, me puse a pensar en la cámara del tesoro del Banco de España que se halla a 35 metros de profundidad. Está formado por una gran bolsa de hormigón con muros de tres brazas de expesor, a la que sólo es posible acceder descendiendo por un tubo. Allí en tres salas paralelas se guardan toneladas de oro en lingotes; medio millón de monedas, también de oro; cargamentos de plata y de otros metales preciosos en repletas vitrinas y estantes que llenan el aire de un esplendor suave. Es curioso, pero el oro nace en las entrañas de la Tierra y vuelve enseguida a sus entrañas. De súbito, me dominó la ambición de trazar un plan para ir en busca de ese tesoro. Pero, ay, soy tan perezoso que encendí otro cigarrillo y empecé a reflexionar sobre la ambición y sus consecuencias. Recordé una historia muy antigua que no recuerdo su procedencia y que escribo aquí muy libremente.
Un hombre enterró un tesoro a la espera de una segunda vida para disfrutar de su fortuna. No poseía el desdichado el oro, sino que el oro le poseía. Tenía su tesoro oculto bajo tierra, no conociendo otro placer que pensar en aquél noche y día. Dondequiera que fuese, estuviera comiendo o bebiendo, no se le hubiera cogido un instante sin que pensara en el lugar donde tenía soterrado su oro. Tanta idas y venidas, hicieron que le viese un sepulturero, y descubriendo su tesoro, lo desenterrara sin ser visto. Nuestro avaro, al volver halló sólo el agujero. El desdichado llora y se desespera, gimotea y suspira atormentándose. Un caminante que pasaba por allí le preguntó el motivo de su desesperación.
-¡Me han robado mi tesoro!
-¿Vuestro tesoro? ¿Y dónde?
-Ahí, al pie de esa piedra.
-¿No habríais sido más sensato guardándolo en vuestra casa y no en este sitio? Allí a cada instante hubiérais podido retirar cómodamente lo necesario.
-¿Retirar lo necesario, santo Dios? ¿Es que viene el dinero como se va? ¡Nunca cogía nada!
-Pues entonces, ¿a qué viene afligiros tanto?-replicó el caminante-.¡Si nunca tocábais ese dinero, poned en su sitio una piedra y os hará igual servicio!
También recordé el maravilloso libro de viajes de Marco Polo. El gran viajero sabía que lo que imaginaba los hombres no es menos real que lo que llaman la realidad. Él visitó la torre de tesoros en los que un rey se muere de hambre.
La idea de saquear los tesoros del Banco de España ya no me atraía tanto. La sortija de oro que rodea el dedo de una elegante dama o la corona colocada sobre la cabeza de algún rey, ha pasado muy a menudo por las manos de criaturas que habrían hecho estremecer con su aspecto a esas damas y a esos reyes. No cabe duda de que la mayoría de las veces el oro se lava con sangre humana en lugar de jabón.
Un noble rey, deseoso de demostrar pensamientos elevados, debería permitir que su corona fuera de hierro. El oro corresponde a los ladrones y a los estafadores, razón por la cual son ellos quienes poseen la mayor parte. El resto lo poseen aquéllos a quienes no importa su procedencia. Y para colmo, mi amigo Juan me envió El tesoro de Sierra Madre en la que se narran las peripecias de tres norteamericanos sin dinero, sin trabajo, que al encontrase casualmente en un pueblo perdido de México se ponen de acuerdo para ir juntos a buscar oro en una mina abandonada de Sierra Madre. El resultado es una historia cargada de una enorme fuerza y tensión, al tiempo que es también una admirable reflexión sin disculpas ni delicadezas sobre la ambición desmedida. Todo lo que reluce no es más que lo común y lo corriente. Prefiero seguir siendo un parásito. Los parásitos son extremadamente democráticos. Tienen muchos menos prejuicios de clase que la gente. Un gato lo único que puede hacer es mirar a un rey, pero una chinche puede comer de él durante semanas.
13 comentarios:
Es cierto que no todo lo que reluce...
A pesar del tono amargo con que abre y cierra tu texto, y que suele prevalecer en tus letras, me resisto a eso de parásito. Ningún parásito produce estas reflexiones personales que reflejan (valga la redundancia)tan claramente la realidad como nunca podría hacerlo un anillo de metal precioso.
Un beso.
Hay una frase con la que has resumido todo: "no poseía el oro, sino que el oro lo poseía". Ahora, que vivimos en un mundo tan lleno de novedades fantásticas, con muchas aplicaciones, que no sabemos muy bien cómo utilizar, quizá no recordemos que el dinero fue uno de esos primeros inventos.
Tiene unas posibilidades extraordinarias, pero viene sin manual de instrucciones y olvidamos con frecuencia para qué se utiliza.
Me gusto aquello del chinche. Es cierto que el dinero es necesario pero solo mientras sea un medio cuando se convierte en un fin comenzamos a convertirnos en esos locos que mueren en la miseria sobre un colchón lleno de dolares.
Un abrazo.
"Las minas del rey Salomón", "El hombre que pudo reinar"... De todos modos, sabemos que el dinero no da la felicidad, pero causa un estado tan placentero que es muy difícil notar la diferencia (W. Allen). O bien: "hay cosas más importantes que el dinero, pero cuestan tanto..." (Groucho Marx). Siempre he sido marxista...
Abrazos
Te envío un abrazo, una figura de oro, una fresa de luz y el aire limpio y quieto de este mar y de la luna llena. Magnífico como siempre este relato.
J,
Leyendo estoy a Miguel, Miguel Hernández, querido Francisco. Me consuela su amor a la vida y al fuego abrasador de lava que le consume. Amor, sí, amor a la tierra, a los hombres solos. Su voz no morirá ni por el rayo ni en la luz del viento. Léelo todo.
Un abrazo, querido amigo.
J,
Cuando quieras trazo un plan para un atraco perfecto en plan Ocean's pero los originales. Un buen ejemplo de avaricia está en la película "Atraco perfecto". Estupendo.
Me acuerdo de ese plano, en el arranque de la peli, donde el propio director (como si fuera Hitchcock) aparece en escena para darle una moneda a Bogart en "El Tesoro de Sierra Madre". Con esa mirada ironica de Huston que parece sonreir: "aquí empieza la historia, esta moneda va a desencadenar el resto, porque esto va de dinero..."
Un abrazo.
Hola guapo parásito. Como vas? pues yo creo que un chinche puede comer del rey, pero el nuestro creo más bien que come de nosotros. Sigues escribiendo tan estupendamente!
Blanca
Interesante historia la de aquel hombre y su tesoro. Y con una sabia moraleja...
Un fuerte abrazo, Francisco. Buen fin de semana.
Te leo, pero nunca dejo comentarios.
Esta vez solo quería mandarte un besico a ti y a C.
Saludicos.
No estaría mal quitarle ese oro a los acumuladores y convertirlo en comida, vivienda, agua y dignidad para los que no tienen nada.
A mí el oro no me va. Mi alianza es de acero, espero que como símbolo de que nuestro amor resiste a las rutinas y no necesita ornamentos.
Me parece muy estúpido lo del oro o las joyas que valen millones.
Un cristal hace el mismo efecto que un diamante en un anillo, y encima no te da un soponcio si te lo dejas en el lavabo de un bar.
No creo que un gato pase mucho tiempo mirando nada que no le produzca placer. Son unos hedonistas, por eso los adoro.
Un beso, me gusta mucho venir por aquí.
Y ¿que se puede hacer con un lingote de oro?: usarlo de pisapapeles, de cuña para sujetar la puerta, para atizarle al ladrón que viene a robartelo...Como verás tiene un montón de utilidades a cada cual más imprescindible. Prefiero tomar una cerveza dorada que no tiene ninguna utilidad, pero que rica está....
Un abrazo
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