jueves 24 de junio de 2010

El rayo que no cesa

"La pedantería va escoltando al saber tan frecuentemente como la hipocresía a la virtud, y es, en algunos casos, un ingenuo tributo que rinde la ignorancia a la cultura."
Antonio Machado, Juan de Mairena


Me he pasado la mayor parte de mi vida trabajando en lugares tan penosos como en la construcción, en fábricas explotadoras y alienantes, en talleres oscuros y cutres, hasta que pude conseguir un trabajo en el ámbito cultural. Fui contratado por los pelos porque no poseo titulación universitaria. Debo reconocer que me sentí feliz cuando me contrataron. Quedaba atrás los madrugones a las cinco de la mañana. Los relojes para fichar. El trabajo físico agotador. El perdir permiso para ir al lavabo. Los bocadillos aceitosos de atún envueltos en papel de alunimio. La fatídica relación con el lumpen proletariado desquiciado y nada solidario. Los encargados fascistoides y gárrulos. La tiranía horaria. La suspensión de la individualidad en nombre de una uniformidad productiva. La prisa del dinero cuando se trabaja a destajo. La angustia del trabajo ingrato, inseguro, con jornadas muy largas y poco descanso. La grotesca condición de la vida sin finalidad. Adiós a todo eso.

Por fin pude acceder a la cultura. Pero la alegría dura poco en la casa del pobre. Llevaba tan solo una semana en mi nueva vida laboral al servicio de la cultura cuando me di cuenta del lamentable ambiente que se respiraba tan similar al que había dejado atrás: la misma arrogancia, el fanatismo de todo tipo de presunción. La misma ignorancia, el mismo miedo, la misma vanidad. Es decir, los mismos incompetentes, pajoleros, ignorantes, elatos y zangaloteros que asedian los puestos claves. Y aquí me encuentro, en el mezquino y repetido absurdo continuo de los hechos y de los movimientos del corazón. La verdad amarga del desencanto. La modernidad enajenada.

La peor crisis es la de valores porque la crisis ha sido consecuencia de esta carencia y reforzada por sus lacras. La esencia de todo mal no reside más que en la ignorancia moral. Antes habían más analfabetos; ahora hay más analfabetos funcionales.
Cuando la intransigencia cultural de cualquier manifestación de cultura se hace tan histéricamente programativa, me asalta la sospecha de que la intransigencia en cuestión es como una especie de compensación a la fragilidad, a la gran escasez de hechos verdaderamente vitales. Hoy la cultura demuestra que la estupidez es la hermana gemela de la razón. Nuestra cultura está mostrando signos inequívocos de la proximidad de su fin sin tregua, se ve obligada a reinventar noticias, modas o nuevas variantes, porque nada de lo que se extrae de sí es perdurable, fecundo o sanante, y, por otro lado, no hay nada tan ambiguo como una tradición heredada del pasado, porque en ella se trazan valores y aberraciones, cortesía y violencia, fidelidad al recuerdo de los padres y obediencia a las infamias que estos perpetraron y dejaron en herencia. Tardaremos mucho tiempo en aprender que la cultura no es sino fantasía fosilizada.

La cultura no es un problema de velocidad ni de eficacia. Una cultura no termina de hacerse ni de tenerse nunca. ¿Qué es eso de tener una cultura? Una cultura no se tiene; se hace y se deshace cada día. Hay tantos mares como culturas. La cultura es el rayo que no cesa. Hoy la cultura ha sido completamente sustituida por la preparación. Lo que quiere la gente, hoy, es estar preparada. Preparada para ganar 2000 euros al mes. Pero una cultura casi nadie sabe lo que es.



La cultura es un bien personal. Únicamente nos llega por el camino del cultivo propio. Es aquello que permanece en una persona cuando lo ha olvidado todo. No se compra, sino que se adquiere a través del esfuerzo personal. No hay personas cultas: hay personas que se cultivan, que están abiertas y se van educando hasta la tumba. Decía Nietzche: "La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura". Y no le faltaba razón. También decía: "Cuanta más cultura tiene un hombre, menor es su inclinación a la burla y a la sátira". Y Sigmund Freud: "La felicidad no es un valor cultural".
La cultura es un juego y es un riesgo (juego y riesgo de la inteligencia), y si al final no nos reímos francamente no vale la pena. Cultura es cuando a pesar de todo uno se ríe.
Llevo cuatro años trabajando para la cultura y cuando tengo ganas de reirme debo salir a la calle. Entonces aprovecho para fumarme un cigarrillo.

17 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Cuánt razón Francisco. La cultura la cultiva uno mismo, muy acertado. Si te sirve de consuelo, que no creo, yo ytambién me siento así en mi trabajo. En todos los servicios en que he trabajado ha sido igual. La tiranía está a la órden del día y todavía existen clases. En fin, no fumo pero me fumaría un cigarrillo contigo...jeje. Un abrazo.

Mita dijo...

No fumes que es malo para la salud.
Sé que tienes esta tendencia permanente hacia -no sé bien-el lado existencial, o algo así.
Pero hoy me has hecho reír.
Todas las citas de tu texto me encantan.
Gracias.

39escalones dijo...

Magistral, Francisco, ya lo decía Buñuel: "un día sin reír es un día perdido".
Me ha encantado eso de los "analfabetos funcionales". Es una clase social más. La sociedad actual se ha erigido para ellos, y bien que se regodean públicamente como nuevo "pueblo elegido". Como dice Robert De Niro en "El cabo del miedo": lo que nos queda por tragar.
Abrazos, amigo. Enhorabuena por el texto.

Kinezoe dijo...

Mis felicitaciones por el texto, Francisco. Aquí otro que piensa igual. Por cierto, me encantó la cita de Machado.

Un fuerte abrazo.

Elèna Casero dijo...

Francisco.
Bien escrito, cargado de toda la razón. Me ha parecido magnífico.

Un abrazo

Licantropunk dijo...

Pues sí, ¿qué es tener cultura? Cultivarse, como si uno fuera un viejo campo necesitado de simiente. Machadiano me estoy poniendo, por Dios.
Saludos.

Luis dijo...

Genial Francisco porque encarnas el sentir de muchos que estamos hastiados de la pedantería de los grupos de quienes se creen intelectuales por leer un libro de autoayuda o conocer algo de cine sueco, de quienes determinan que es cultura y que no lo es, de sus respingones de nariz, de su mirar por sobre el hombro, de toda su arrogancia y prepotencia.
Un abrazo.

Luzdeana dijo...

Qué bien pones en palabras el sentir de unos cuántos. Eso es lo que me hace seguir a un escritor como hechizada: su capacidad de decir lo que yo ya sabía, de una manera visceral, y no sabría cómo expresar.
Ese cultivarse (qué bella palabra) que no se compra con dinero. Y que por lo tanto los analfabetos funcionales no pueden entender para qué queremos... Sonrío.
Un abrazo.

Juanjo dijo...

La cultura importa a cuatro, y de los cuatro, tres quieren ser cultos como aficionados al vino, para presumir de conocer los mejores caldos y las mejores cosechas delante de los amigos.
¿Hay alguien interesado en saber por saber?

Mita dijo...

Sí, hay gente interesada en saber por saber. :)

ana dijo...

Buenas Francisco... Ana de San Salvador /Zaragoza... Mira por donde hoy he ido a leer tu blog, hoy que no encontraba nada que me hiciera sonreir. Verdades como templos he ido a encontrarme aquí, y palabras que le hacen a una reflexionar... "Es aquello que permanece en una persona cuando lo ha olvidado todo", esta me ha gustado especialmente... Saludicos al mar.
Un beso

ana dijo...

Buenas Francisco... Precisamente en un momento bajillo he visitado tu ventana, y me ha venido de perlas; si es que no hay que tomarse la vida tan en serio... Vaya post interesante, para exprimirlo y hacer un zumo de lo más realista. Todo verdades... Me ha encantado tu definición de cultura como aquello que permanece en nosotros cuando hemos olvidado todo. Creo que me acabaré aficionando a este lugar...
Saludicos al mar de mi parte.
Un beso
Ana

ÁFRICA dijo...

Hola Luis, perdón por meterme en tu casa sin llamar, tu entrada ha puesto letra alguno de mis pensamientos.
Y te doy la gracias por ello , un saludo.

ÁFRICA dijo...

Hola de nuevo Francisco, te puse otro nombre, pero el comentario iba directo para ti.
Un saludo.

Raúl dijo...

Con entradas como ésta, rozas la excelencia, amigo mío. Amigo mío.

leon dijo...

Me ha gustado mucho lo que dices. La curiosidad del día a día. El "aún aprendo" de Goya,ya anciano.Y la libertad interior, la satisfacción tan grande que nos da escuchar, leer u oir otras voces.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Muy buena, Francisco, esta reflexión. También he leído los artículos que preceden a este escrito.

Un abrazo, mi buen y querido amigo.

J,