sábado, 5 de junio de 2010

Un día cualquiera (un cuento underground)

"La belleza no es más que ese grado de lo terrible que todavía soportamos."
RILKE


Salgo de mi cuchitril de treinta metros cuadrados y decido ir a Barcelona. Para llegar a la ciudad debo coger un tren de cercanías abarrotado y atravesar un paisaje de naves industriales y fábricas. Desde la ventana del tren veo la tortuosa geometría de las estructuras que se dibujan contra el cielo. Dice Milan Kundera: "La omnipresente fealdad del mundo moderno, misericordiosamente velada por la costumbre, surge brutalmente a nuestro menor instante de angustia". Llego a la ciudad y me pongo a pasear tranquilamente, anónimo por las calles transparentes de multitudes, ocioso entre la gente ocupadas, ansiosas de hacer carrera lo antes posible. Camino entre el material humano, ausente también de altivez del instinto, concepto que ha perdido su verdadero sentido. La vida moderna se ha vuelto tan efímera, superficial y autocomplaciente que todos sus habitantes parecen estar dentro de las burbujas de sus propias preocupaciones. La superficialidad de nuestra cultura, la mentalidad cerrada y uniforme de la gente que veo a mi alrededor, el propio sentimiento de aislamiento.

Barcelona es una ciudad que cada día me gusta menos por su progresivo cambio y mal gusto, abuso urbano y su desuso de la estética. Es mal gusto casi todo lo que se considera oficialmente de buen gusto. Es de mal gusto casi todo en la vida, porque la cultura burguesa y la cultura hortera, que es su continuación, nos ha inundado de cosas feas. Cada vez se me hace más difícil pasear por la ciudad. Otra revolución urgente es la revolución estética. Siempre he creído que más que un error de fondo, la vida es una falta de gusto. La ciudad se va haciendo progresivamente oscura, amenazadora, sucia, apocalíptica; escenario dantesco de una convivencia degradada. La ciudad es ya un espacio mentalmente donde el ser humano ha perdido el olfato; una plaga en el círculo vicioso de los billetes y la corrupción. En fin; el horterismo, abuso urbano, desuso de la estética, el mal gusto llevado al paroxismo.

Creo que todos necesitamos en algún momento un poco de perspectiva.
Aumento de cafés, bistrots, pizzerías, bares, restaurantes de menús de oferta, bajo toldos de colores chillones y anuncios plastificados que impiden el paso a los apresurados viandantes que entorpecen la perspectiva. La proliferación de almacenes exhibiendo moda barata y multinacional, confeccionada en China a cambio de jornales de miseria. Centros comerciales en donde puedes encontrar de todo. Pero cuando no te interesa absolutamente nada, el espacio se convierte en una extraña prisión que te recuerda lo que no quieres comprar en una ciudad vendida a la especulación inmobiliaria y a un turismo indiscriminado y regalada a la industria "cultural". La ciudad es un gran parque temático para extranjeros; turistas lumpen borrachos, orinando, defecando y follando en las calles, gritándo hasta altas horas de la noche. Las calles apestan y los cajeros automáticos han pasado a ser el último reducto de los vagabundos para dormir el sueño insufrible de la ciudad.

Se acercan elecciones. La ciudad está repleta de grandes caretos sonrientes que aseguran tener la solución a semejante berengenal. Todo en este mundo se hace porque no hay más remedio y no porque la gente lo quiera. Nos conceden un mínimo de espacio y de tiempo y debemos decorarlos con los trastos habituales, después pasa lo que pasa. Uno de los errores de la democracia es que el voto universal da lugar a un líder que nos conduce a una vida vulgar, apática y predecible. Doctores, abogados, camareros, repartidores de pizzas, etc... no importa lo que fuera. Una vez dentro del molde tienes que seguir adelante, ahogarte en la existencia monótona, trivial y cobarde. El mundo entero funciona por miedo. Nuestra existencia es una sucesión de instantes aprisionados entre el "todo" que queda a nuestras espaldas y la "nada" que tenemos delante. Creo que los tiempos son más duros de lo que nos dice el gobierno. El gobierno le debe las pelotas a los bancos y los bancos han hecho más préstamos de la cuenta a empresarios que no pueden devolverlos porque la gente no puede consumir lo que venden las empresas. En fin. Ahora debemos más dinero que el que jamás podremos ganar. Estamos en la ruina, el gobierno está en la ruina, el mundo está en la ruina. ¿Quién coño tiene el maldito dinero?.



Veo un grupo de senegaleses, huyéndo con sus enormes sacos, de la policía, que corren tras ellos; barrigudos y torpes, sujetándose las gorras, las porras, las pistolas, las esposas y las radios. Es evidente que los pobres perseguidos están mejor dotados físicamente, y, en un santiamén, volverán al punto de partida para seguir vendiendo sus productos delante de El Corte Inglés, mientras que la policía persistirá en una persecución inexistente a varias manzanas de distancia. Puro slapstick.

Siento temor por el nivel de ignorancia de esta ciudad y, sobre todo, de satisfacción por parte de la muchedumbre de dicha ignorancia y de escasa, por no decir nula, categoría moral.
Se está haciendo tarde y yo no estoy yendo a ninguna parte, ni tan poco el resto del mundo. Estámos haciendo tiempo, esperando a morir, y mientras tanto hacemos bobadas para llenar el vacío. Algunos ni siquiera hacemos bobadas. Somos vegetales. La realidad no es nada salvo la mugre de siglos. El tráfico de la tarde avanzada comienza a llenar la avenida. El tránsito se precipita en ambas direcciones por vaharadas de gente que vuelven a sus casas y que detestan su trabajo y temen perderlo. La mayor parte de las personas nunca colman realmente sus espectativas. La gente está desesperada y a la defensiva. Se sienten como si estuvieran malgastando sus vidas.
Me dirijo a la estación para coger el tren que me llevará de nuevo a mi cuchitril. Estoy cansado. Sé que esta noche tampoco dormiré bien.
Imagen del centro: Misha Godin

16 comentarios:

Cris dijo...

A un gran nombre de balcons dels barris de Barcelona per on passejo hi ha penjat el cartell "Volem un barri digne". Pensava que es tractava de la conflictivitat habitual en aquest últims anys del barri xino. Però el mateix cartell observo tant al Poble Sec com als voltants de la plaça de Glòries i la Sagrada Família. A cada cop més barris de Barcelona. Els diaris estant plens d'articles denunciant la decadència moral d'aquesta ciutat. No passen més de cinc minuts entre venedor ambulant de cervesa i venedor d'achís a la platja o al Parc de la Ciutadella. Pocs racons li queden a aquesta ciutat malalta que tant i tant estimem. Feia temps que ho volies escriure, no? T'ho noto...

Luzdeana dijo...

Me arrastra, inevitablemente, ese tono penoso con que reflejás la realidad más desnuda.
Me acuerdo de un posteo en que alguien cantaba alegremente bajo la lluvia, con un entrevistado en un banco, creo, a pesar de los pesares. Me pregunto si será el mismo protagonista de este texto bello y terrible.
Un abrazo, fuerte.

Luis dijo...

Quizás la sensación de estar malgastando nuestras vidas sea la enfermedad terminal y verdadera pandemia de nuestra sociedad moderna, lo difícil es descubrir como bien gastarla.
Ahora mismo me pregunto si mañana que tengo descanso laboral será más provechoso dormir hasta tarde y reponer fuerzas o levantarme a primera hora y salir de paseo.
Un abrazo.

Elvira dijo...

Hay zonas de la ciudad que nos hacen sentir como en tu relato, pero otras no. Son más alegres y bonitas.

No estoy de acuerdo con Rilke en poner la belleza en la categoría de lo terrible, la verdad.

Besos, amigo!

s a n d r a dijo...

Recordarás que Murakami ponía el ejemplo del banco y la observación del mundo triste. Hagamos otro ejercicio mejor: pongámonos de cajeros en un supermercado... podemos ir directos al suicidio observando el poco respeto al espacio personal, la mezquindad, lo absurdo, el odio y la actitud cafre del ser humano.
No creo que sea cuestión de más o menos permisividad, de hecho estamos en la época de prohibirlo todo como solución sencilla.

Tan difícil es educar??

Un petó

Licantropunk dijo...

Pesimista. Sobre todo para un domingo por la tarde. Un corte de pelo a lo mohicano, unas gafas de sol, Travis pegando tiros en un burdel.
Saludos.

Juanjo dijo...

Estamos en una crisis integral, total, no sólo económica, o financiera, como nos venden. Datos macroeconómicos nos dicen si estamos en el abismo, o saliendo, o cayendo más abajo; pero no existen estos datos para calificar la decadencia humana.
Creo que los avances tecnológicos tiran de nosotros hacia ningún sitio. El hombre necesita parar y pensar hacia donde se dirige, asimilar esos cambios.

Los días cualquiera que nos describes son demasiado parecidos en las diferentes geografías. La globalidad no nos deja un respiro, un lugar lejano donde encontrarnos.

Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

Es difícil dormir bien después de haber visto semejante delirio de ese paisaje urbano descompuesto crepuscular que al parecer poco le queda de lineal. Hace años que visité Barcelona y recuerdo que lo único que me gustó estaba construido hace ya mucho tiempo. Es decir, me impresionó sobremanera La Sagrada familia y me cautivó el bulevar de Las Ramblas aunque me lo imagino mucho mejor años atrás. Ay, si Gaudí levantara la cabeza... Comparto tu sentimiento y me encanta que respaldes tus texots con frases tan acertadas como: "La omnipresente fealdad del mundo moderno, misericordiosamente velada por la costumbre, surge brutalmente a nuestro menor instante de angustia" de Milan Kundera. Un abrazo y no dejes de contarnos la próxima vez que te embarques en otro tren de cercanías.

39escalones dijo...

Chapeau, Francisco, soberbio texto. La ciudad, la vida, convertidas en un parque temático, en una ilusión de una existencia plena conseguida a través de la contemplación del placer (fingido) de otros. La vida como engañabobos, maquillaje para la angustia vital.
Abrazos.

Raúl dijo...

Me ha fascinado la cita de Kundera.
Yo también considero (creo que siempre he tenido esa percepción de las cosas, desde crío, pero antes no acertaba a bautizarla) que el problema de la humanidad es únicamente el de la pérdida del buen gusto. Sólo es un problema de falta de estética; y con ello -por favor- no querría que se tomara mi comentario como si se tratara de un eslogan frívolo, dado que el concepto de belleza o de estética en el que pretendo caer cuando digo lo que digo, supone casi una concepción filosófica y trascendental de la vida.

Mita dijo...

Lo más terrible de este cuento es:

La gente está desesperada y a la defensiva. Se sienten como si estuvieran malgastando sus vidas.

Creo que tienes razón y ese es el fondo de todo.
Yo no me siento así, pero lo percibo de continuo, incluso la exigencia que viene de fuera, como si pensaran que deberías sentirte así, como si esperaran que te defendieras, que demostraras "algo".
Por eso, ese deseo que tienen de rellenar la agenda de continuo, o de "hacer", salir y entrar no se sabe bien adónde ni de dónde, ni para qué.

Y la sensación continua que yo he tenido al leer tu cuento era gritarte: ¡Sal de ahí!

Besotes

Miguel Sanfeliu dijo...

El hastío, el tono desencantado, la observación de la miseria que nos rodea. "El infierno son los otros", como dijo Sartre. Tal vez sea un día cualquiera, pero no es cualquiera quien lo contempla; la mirada es implacable. La sensación de estar rodeados de miseria, de mal gusto, de estar perdidos en un mundo en el que no se termina de encajar. Visión desoladora de un mundo en crisis.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Con verdad y descarnado lirismo. Estas crónicas urbanas, íntimas como de viandante en tránsito vivaz por la ciudad asfixiante, son extraordinarias.

Yo te envío un abrazo, querido Francisco, un besoabrazo de vida para que no mueras y sigas floreciendo con esta lozanía de buen escritor, con profundo cantar.

J,

Montse dijo...

Esta vez no estoy de acuerdo contigo.
Si observas a la gente bajo ese punto de mira no profundizas en lo que somos, seres humanos y más allá del enjambre de la ciudad llena de personas con mal gusto estético, hay almas que sienten, respiran y transpiran. No se puede generalizar y mucho menos sobre una parte de esa maravillosa generación de jóvenes, llenos de inquietudes y proyectos, si no los mismos parecidos a los que teníamos nosotros en nuestra juventud ¿recuerdas?
Las cosas cambian, las formas, los conceptos, pero el ser humano sigue sufriendo, riendo, soñando y tratando de subrevivir.

Un besito.

Kinezoe dijo...

Me encantan los cuentos underground. La triste realidad plasmada en un texto llega a tener hasta un cierto halo de encanto. Está claro que no es mierda todo lo que subyace, pero las ciudades se nos deshumanizan a todo trapo. Cada vez es más cierto eso de que «aquí todo el mundo va a lo suyo menos yo, que voy a lo mío...». Espléndido texto.

Un abrazo y buen fin de semana en la gran urbe ;-)

entrenomadas dijo...

Texto magnífico, sin duda.
Pero una forma de quitarse la mugre de lo siglos es hablar con los que llevan su mercancía en sábanas de miseria. Escuchar sus historias hace que el eurocentrismo cursi que nos invade se vaya a la mierda, también la seudotristeza.

Este lunes yo fui uno de esos que venden cosas y corre cuando ven a la policía. Una protesta en la que ellos se convirtieron en polis y nosotros en bandidos urbanos.

Francico, venia a saludarte y acabo soltando el rollo con algo que conozco de cerca. Como eres inteligente sabrás disculparme.

Un abrazo,

Marta