
El otro día hice limpieza general y encontré un viejo cuaderno de notas que siempre llevaba conmigo. En él iba anotando peculiaridades que encontraba en las revistas y periódicos al mismo tiempo que anotaba observaciones cotidianas. He aquí una pequeña muestra de mi cuaderno olvidado.
Cuando se está solo mucho tiempo, cuando se ha acostumbrado uno a estar solo, cuando se ha adiestrado uno para estar solo, se descubren cada vez más cosas por todas partes, donde para los demás no hay nada. Cuando nuestros sentidos captan el detalle infalible de la vida.
Cuando Henry Ford dejaba descuidado su primitivo coche de gasolina en la calle se lo robaban tan amenudo que al final optó por atarlo a una farola con una cadena.
Cuando Adolf Hitler se encontraba en el poder de Alemania, no se permitió a los policías y a los granjeros que llamaran "Adolf" a sus caballos.
Estoy un poco triste, con esa especie de suave melancolía que el siglo XVIII juzgaba tan estimable.
Tengo un amigo escritor al que le gusta sentarse en los bancos de los parques y escuchar conversaciones; pero en cuanto lo que oye amenaza con revelar más de lo que necesita profesionalmente, se levanta y se va.
Veo a niños doblados como sherpas, entrando a rastras por las puertas de los colegios bajo el peso de sus mochilas. Algunos las tenían con ruedas y tiraban de ellas como quien tira de sus maletas en un aeropuesto. No me lo explico. El mundo ha entrado en la era digital; todo es más pequeño y ligero. Sin embargo los colegiales acarrean más peso que nunca.
Cuando un ignorante proclama que sobre gustos no hay nada escrito, la verdad es que sobre gustos no hay nada leído; por él, claro.
Franco prohibió la película OO7 contra el dortor No para eliminar cualquier referencia al "no" ante el referendum de la Ley Orgánica.
Idea para un relato: En la Tragedia un sujeto recibe un mensaje que le está dirigido, lo interpreta mal, y la Tragedia es el recorrido de esa interpretación.
La paradoja humana consiste en que todo ha sido dicho y nada ha sido comprendido.
El reloj era su principal enemigo. Le ofrecieron muchos trabajos y le abrieron muchas puertas, pero mi amigo decía que encima de aquellas puertas siempre había un reloj enorme que cortaba los días en pedazos. No quería horarios de entrada y salida, no quería fichar, se negaba a aceptar que las horas tuvieran, por narices, sesenta minutos. Decía que la ociosidad era el estado ideal para provocar los grandes acontecimientos.
Andre Breton, una vez arrancó de la guía de París la página de los Breton, donde estaban todos, abogados, fontaneros, dentintas, detectives, matarifes, esteticiens, todos menos él, que no tenía teléfono. Firmó la página y la publicó como un poema propio.
D.H.Lawrence, uno de los escritores más originales y discutidos del siglo XX, tenía una compulsión a desnudarse y trepar a moreras.
He soñado que estaba internado en una residencia de ancianos. Estaba sentado en un balancín ataviado con un batín a cuadros y unas pantuflas. De súbito me doy cuenta de mi juventud y salgo precipitadamente hacia la salida. Me encuentro con un guardia de seguridad. Le digo angustiado que yo no debería estar allí, que soy todavía joven. El guardia me sonríe con dulzura y me dice: "Sí, eso es lo que dicen todos." Echa mano a su porra y me insta a que vuelva a mi sitio.
Estoy en una sala de espera. Tengo cita con mi abogado. Cojo una revista y me encuentro con lo que sigue: "Un equipo británico de psicólogos afirma que el exceso de felicidad no es bueno para el rendimiento laboral y escolar de las personas. Los investigadores analizaron el comportamiento de varios individuos con estado de ánimo que iban desde sentirse desgraciados hasta muy felices y la capacidad de trabajo resultó abrumadoramente superior en los desgraciados."
Antonin Artaud murió sentado en su cama con un zapato en la mano cuando se disponía a salir de su casa por la mañana. Siempre me he preguntado a donde iba.

Camino por la calle y de repente veo una gran aglomeración delante de un pequeño cajero automático. Un hombre encorbatado se ha quedado encerrado en él. Golpea el cristal de la puerta muy enojado. Cuatro policías intentan tranquilizarle. Me ha venido a la memoria el cortometraje La cabina de Antonio Mercero. El individuo no paraba de señalar con el dedo índice la esfera de su reloj. Tenía prisa. Llegaba tarde al trabajo. He visto una mezcla entre el personaje de José Luis López Vázquez y Gregorio Samsa de La metamorfosis. De este último, más que la angustia de su nueva situación le domina la desesperación de no acudir puntualmente al trabajo.
El totalitarismo busca no la dominación despótica de los hombres, sino un sistema en el que los seres humanos sean superfluos. Nunca he ido a votar.
¡Fiasco! Henry Thoreau se fue a los bosques para escribir su Walden, y descubro que durante su estancia allí su madre acudía a diario para lavarle la ropa y hacerle la comida.
El abrelatas se inventó diez años después de que se inventara las latas de conserva.
Descubro que la guerra bacteriológica ya se daba en los ejércitos romanos. En las catapultas ponían enjambres de abejas y cadáveres infectados por la peste.
Estoy sentado en la terraza de un café. Una pareja junto a mi mesa:
-La gente vive de ilusiones-dijo él.
-¿Y por qué no?-sugirió ella-.¿Es que existe otra cosa?
Una vez fui a renovar el carnet de identidad. Me senté a esperar mi turno y desde allí pude oír la conversación de una funcionaria con un señor entrado en años. El hombre mencionó el nombre de su pueblo natal. La funcionaria buscó en su ordenador y le dijo que el pueblo no le salía en la red. El hombre empezó a darle referencias geográficas. "Es un pueblo pequeño...". Ella siguió buscando con el ceño fruncido. "No. Lo siento. Este pueblo no existe." El hombre se inquietó y dejó la geografía para entrar en la memoria de su infancia. "No puede ser. Pasé mi infancia allí. Hay unas minas muy famosas. Un lago donde íbamos a bañarnos en verano..." La funcionaria no le miraba a la cara. Seguía con el ceño fruncido mirando la pantalla del ordenador. "Lo siento, pero el pueblo no existe".
Era mi turno y debía dirigirme a la mesa asignada. Me sentía frustrado por no saber el desenlace de la historia. Pasé por detrás de él y lo último que pude escuchar fue un monólogo tartamudo en donde se decía que era imposible. Empezaba a aceptar la inexistencia de su pueblo, de su pasado. Todo lo que no consta en un ordenador no existe, no tiene credibilidad.

El Apocalípsis puede presentar apariencias distintas. A primera vista, la menos dramática será aquella en la que el hombre perezca bajo una avalancha de cosas inútiles, de palabras despojadas de significado, de actividad excesiva. El hombre se convierte en un volcán que absorve furtivamente calor del subsuelo hasta que un día da una sacudida y se sepulta a sí mismo.
Envidio las expediciones de los antiguos trotamundos. El planeta ya no guarda rincones vírgenes y no hay ningún territorio desconocido para el hombre. Ya no se puede viajar para explorar. Se viaja ahora, en todo caso, para perseguir una idea que alentaste, o para sentirte a ti mismo pisando el lugar que has soñado ver.
Según el biólogo Ross Gelbspan en su libro Crímenes contra el planeta; sólo los insectos sobrevivirán en un futuro al cambio climático y al ser humano.
Quizá vivir se reduzca a estas migajas del pasado que reaparecen de pronto, como la entrada de ese museo que olvidamos un día en el bolsillo de un pantalón o en un cuaderno viejo.
17 comentarios:
Ay, esos cuadernos-blocs trotamundos cuántas historias encierran. Ahora que los blocs se convierten en blogs parece que han perdido cierto encanto pero la personalidad del escritor debe seguir vigente. En el tuyo, por lo menos, sigue vigente. Me ha gustado mucho que rescataras este pequeño gran tesoro que forma parte de tu historia más personal. Me ha gustado mucho lo del escritor sentado en el parque y lo del hombre que odiaba a los relojes y no quería horarios. Escribías cosas muy interesantes, ahora me explico que de un bloc interesante hayas pasado a un blog más interesante aún. Un fuerte abrazo, amigo.
Estas notas casi olvidadas en un cuaderno son impagables.
Un abrazo
La verdad... no encuentro las palabras dignas de lo que me causa tu post. Simplemente me siento del lado de adentro de tus palabras.
Ya sabés que admiro tu escritura. Y especialmente cuando escribís estas cosas.
Un beso.
En unos años, el valor de esos cuadernillos puede alcanzar precios astronómicos.
Sonrío.
Siempre se experimenta extrañeza, aunque uno se reconozca en ellos,cuando se hallan vestigios de ese tipo. Es como si, en parte, retazos de nuestra vida hubieran quedado allí atrapados, prendidos de las letras, de las imágenes, de una mancha y pudieran ser mínimamente revividos. Ocurre con los viejos apuntes, los cuadernos, las cartas...
Te sigo, Francisco, con gusto, aunque nunca diga nada. No sé por qué hoy lo he hecho.
Saludos.
Sobre la vida hemos escrito mucho, pero tampoco hemos conseguido comprenderla.
O sea, que ya tenías blog mucho antes de que Google dominara el mundo. Apuntar recuerdos: generarlos continuamente es la única justificación posible.
Saludos.
Se parece a las ideas que deambulan por mi mente mientras camino rumbo a mi casa meditando en que publicar en mi blog.
Un abrazo.
Estupendo , Francisco. Precisamente ayer compré una moleskine roja para anotar todas esas minucias que me vienen a la mente cuando no hay una computadora cerca. Ojalá un día pueda leerlo y encontrar mini textos tan interesantes como los tuyos.
Saludos.
Tengo un par de cuadernos de notas desde hace ya bastantes años (uno de ellos sin cubierta). Para mí tienen más valor que cualquiera de mis libros o que todo el Internet condensado... Son mis cuadernos y hay muchas horas invertidas en ellos. Me encanta la costumbre de leer, observar, escuchar, seleccionar y anotar. Releerlos es como viajar al pasado. Me encantó el viaje que nos propusiste en esta entrada, repleto de curiosidades y anécdotas varias.
Un fuerte abrazo, amigo. Y no pierdas el cuaderno ;)
Todo un hallazgo, pura arqueología personal. No estaría mal juntar unas cuantas cosas para una historia más larga que un post; aunque seguro que ya se te ha ocurrido.
Un abrazo.
Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com
A mí encontrar "recuerdos físicos" del pasado me pone melancólico y muy nostálgico. Suelo ir desembarazándome de ellos, aunque me dé pena. No hay otro modo. De lo contrario sería un síndrome parecido al de Diógenes.
Gran post Francisco. Buen verano!!!
Los fragmentos de la residencia de ancianos y del carnet de identidad son geniales: y no utilizo yo mucho esta palabra, de verdad.
Cuánto te queda por contar, por descubrirnos. Afortunados nosotros que te leemos.
PD: Como alumno de este buen blog aprendo y te sigo y escribo a veces en el que tengo ahora y te estoy agradecido siempre por leerte y por aprender de ti. También de verdad.
Me encantó. Ese cuaderno de notas es un tesoro.
Un gusto haberte encontrado, gracias a la recomendación de Francisco Ortiz.
Saludos.
Muy bueno tu cuaderno.
Hay que volver a los cuadernos, como se vuelve al pasado que no tuvimos.
Saludos
Qué perlas de notas y tesoro de bloc, Francisco. Muchas de esas ideas merecen ser desarrolladas, como ha señalado un lector.
Los blocs de papel permanecen y nos sobreviven mientras nadie los queme o triture o sumerja en el agua borrando su tinta.
¿Y los blogs? ¿Qué será de nuestros blogs cuando hayamos muerto? Algunas veces me entrego a este tipo de elucubraciones morbosas.
Un fuerte abrazo.
Menudo cuaderno, fantástico Franciso, me ha hecho pensar en un puñado de escritores memorables, es como si hubieses hecho una historia de la literatura en apenas unas líneas, y para colmo me he descojonado ¿qué más se puede pedir?.
Como decía por ahí un comentario, Tus notas son impagables.
Un abrazo, compadre.
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