"Amigo, somos las películas que hemos visto".
José Luis Garci, Entrevistas
Me siento indignado cuando leo a la mayoría de los escritores de cine o, cuando los cinéfilos de pacotilla tratan de convencerme que John Ford fue un cineasta de derechas. Sí, a Ford lo vilipendiaron durante muchos años los críticos europeos stalisnistas, los españoles a la cabeza, que lo acusaban de fascista y militarista, a él y a su cine. Ford sigue siendo condenado sin ni siquiera mirar cómo eran en realidad sus películas, de qué hablan o qué decían. Yo siempre recomiendo que vean el episodio "La Guerra Civil", de veinte minutos, que forma parte de la superproducción La conquista del Oeste (1962). En esta breve historia hay uno de los más convincentes alegatos antibelicistas jamás filmados. A mi juicio, Ford ha sido el más grande cineasta que ha dado la Historia del Cine. Mientras los demás caen, sobre todo en Europa, en la trascendencia, Ford saca verdadera vida y la convierte en poesía. Creo que nadie puede filmar como Ford, y, como dice José Luis Garci en una entrevista: "El maestro se llevó el secreto a la tumba".
Una vez le preguntaron a Ford por qué prefería rodar en el desierto y no en los cómodos platós de los Estudios de Hollywood, como hacían todos sus contemporáneos, contestaba que era el único lugar donde se podía apreciar con toda su intensidad un rostro humano.

El duelo celebrado en OK Corral, Tombstone, Arizona, el 26 de octubre de 1881, fue sin duda, uno de los acontecimientos más famosos de toda la historia del Oeste americano. No resulta, pues, sorprendente que John Ford (que, de todos los grandes directores americanos fue el que mostró mayor afición a contar la historia de su país) lo incluyese en uno de sus mejores westerns, Pasión de los fuertes (1946).
Hasta los últimos momentos de la película, en los que tiene lugar el duelo, resulta imposible prever lo que va a ocurrir, ya que el director ha conseguido mostrarnos al protagonista, Wyatt Earp (Henry Fonda) no como la figura legendaria, en la que le convirtió dicho duelo, sino como un hombre normal y corriente en sus actividades cotidianas. En Pasión de los fuertes se antepone constantemente Wyatt el hombre a Wyatt el héroe. La película no contiene ninguno de los elementos acostumbrados que compone la leyenda de Wyatt Earp ni ninguna reivindicación del triunfo de la ley sobre la anarquía y la violencia del Viejo Oeste. Sin embargo, esto deja libre al espectador para extraer unas conclusiones nunca explícitas enunciadas, y que ganan en fuerza debido precisamente a esta aparente indiferencia. Según se van desarrollando los acontecimientos en la pantalla, la certeza moral se vuelve tan absoluta que Ford es incluso capaz de utilizar una audaz elipsis en el momento culminante del duelo: la muerte del viejo Clanton (Walter Brennan) se produce fuera de escena, como si al director le interesase únicamente la erradicación del mal, con el fin de dejar a su protagonista libre para otras aventuras.
Cualquiera que sean las circunstancias, Wyatt se comporta siempre con dignidad y contención. Es un hombre que ama la paz y la tranquilidad, y que sólo acepta el papel dinámico impulsado por el brutal asesinato de su hermano menor y el robo de su ganado. Con él contrasta Doc Holliday (Victor Mature), uno de los antihéroes menos característicos de Ford. Vestido siempre de negro, es un dandy fascinado por el riesgo, cuya búsqueda de lo absoluto le ha llevado inexplicablemente a una destrucción lenta y sistemática de su talento. Ha renunciado a su profesión de médico y ha abandonado a su prometida, Clementina (Cathy Down), para buscar refugio en Tombstone. Atormentado por la idea de una muerte que sabe próxima, pero todavía más aterrorizado por la dureza de la vida, intenta continuamente provocar una confrontación que sería fatal para él. Con tendencias suicidas, identificado con el dilema de Hamlet, desarraigado y fuera de lugar en este Oeste primitivo en el que introduce un cierto elemento de absurdo y nihilismo, Doc Holliday es completamente opuesto a Wyatt Earp. Desde el punto de vista de la civilización es el hombre sin motivos, el poeta y el vagabundo.
Ford es, indudablemente, uno de los más hábiles retratistas de la vida familiar americana. Resulta significativo que Pasión de los fuertes comience como un drama familiar, con el asesinato de James Earp (Don Garner) que hace que Wyatt y sus otros hermanos se enfrenten al clan de los Clanton. Pero son una familia unida, cuyo sentido de la interdependencia trasciende incluso a la muerte. En frente de ellos están los Clanton, simbólicamente aislados en medio de un territorio duro y salvaje, dedicados al pillaje y llevando una vida tan primitiva como violenta. Están dominados por una figura patriarcal amenazante y soberbia, que desobedece las leyes y domina a sus hijos mediante el miedo.
La última escena de la película podría ser muy bien la marca de fábrica de Ford: una mujer contemplando desolada cómo un hombre desaparece por un sendero, con su deseo de aventuras todavía insatisfecho. John Ford adivina que la vida siempre es el recuerdo de un amor frustrado. Eso es lo que han rastreado siempre sus personajes. La pasión de los solos. El horizonte es el hogar de los héroes.
13 comentarios:
Ford es el cine. Hitchcock también es el cine. El resto son obreros, pero ellos, a mi entender, al juicio de quien ha visto mucho cine y ha disfrutado mucho de ese cine, son la esencia, el sentido primero de qué debemos contar cuando nos pregunten, alguien torpe, alguien ajeno, alguien que no sea de este mundo, qué cosa es el cine. El cine es Henry Fonda mirando el desierto. Es Cary Grant escapando de una avioneta. Me parece que visitaré tu blog con frecuencia. Uns aludo.
Muy buen artículo Francisco. Vas a pensar que te lo digo siempre pero qué puedo comentar después de escribir tantas verdades sobre John Ford. Siempre he visto en los personajes de las películas de Ford un fondo claramente pacifista, contrario a cualquier enfrentamiento. Wyatt es un buen ejemplo. Su forma de contar la historia de su país fue tan única como su forma de filmar, en efecto. Comop dice Garci, se llevó el secreto a la tumba. También me ha gustado mucho la primera frase de garci que encabeza el texto. Fenómeno, Francisco.
Fue una de las primeras películas que vi repetida. Aun hoy, de vez en cuando la repaso. Me sigue pareciendo una extraordinaria producción muy por encima a todas las demás.
Que difícil (por no decir imposible) seria hoy en día conseguir el mismo ambiente y la misma atmósfera.
Una entrada soberbia amigo.
Un abrazo
No va a ser un mal tema para tratar este fin de semana, querido Paco.
Apuntar, que si bien estoy totalmente conforme contigo en la mayor: Ford es sin duda el MÁS GRANDE de todos, en determinados aspectos de su cine, yo si que una lectura, cómo podríamos llamarla... conservadora. Me refiero, precisamente, a esa salvaguarda del concepto de familia americana tradicional, o al tratamiento que tienen las mujeres en sus películas. En cualquier caso, hablar por hablar, pues estamos hablando de lo mejor d elo mejor que jamás se haya hecho.
Paso, leo, disfruto y aprendo. Me has acercado al cine clásico a partir de tus comentarios (y los de Raúl), que lo sepas. Leer vuestros textos (antes y después de ver las pelis) suma al disfrute de las obras.
Un abrazo.
Yo que la verdad soy poco entendido en cine, me quedo con la inconceniencia de los estereotipos y los sambenitos.
Ford consigue que me emocione el desierto, que quiera ser un héroe solitario, me llena la cabeza de aventuras y de esa extraña dignidad de sus personajes desde que ví por primera vez la Diligencia o Río bravo.
No soy capaz de hacer un análisis tan erudito y estupendo como el tuyo, pero me encanta volver a ver de vez en cuando Mogambo y Un hombre tranquilo, quiza menos celebradas por los cinéfilos, pero me va ese sentido de humor socarrón...
Ford es uno de los grandes, y eso no se puede discutir.
Un beso, Francisco, sigo por aquí poniéndome al día.
De esta película hay una cosa que no me gusta: Victor Mature, con toda seguridad, uno de los peores actores del Hollywood clásico.
Y otra cosa que no es que no me guste, sino que me llama la atención: la forma bondadosa en que se trata a un tipo como Wyatt Earp en América. Un tipo que durante un tiempo, sí, fue servidor de la ley junto a su familia, pero sin olvidar que en aquel tiempo eso implicaba corrupción, negocios sucios (porcentajes en salones, prostitución, tráfico de bebida) y vista gorda para según quién, como por ejemplo, los Clanton y los McLaury, que en realidad también fueron, además de forajidos, agentes de la ley. Al hilo de esto, conviene recordar las andanzas de Earp en Nome (Alaska) o en California, su época de árbitro (sobornable) de boxeo, sus negocios en Hollywood y la mala fama que llegó a adquirir en ciertos círculos. El cine ha apostado por la leyenda, porque como dice el periodista de "El hombre que mató a Liberty Valance", cuando la leyenda supera a la historia, se escribe la leyenda.
Un abrazo, amigo.
Excelente reseña. Muy buena. De una de las grandes películas de todos los tiempos. Una de mis favoritas del maestro. A la que le tengo un respeto enorme y sobre la que no me decido a hablar porque sé que un par de escenas acapararían todo el texto, practicamente sin decir nada. Y ambas se refieren al aspecto más destacado de la cinta, que tú has conseguido explicar perfectamente: le dimensión humana de Wyatt Earp (del Wyatt Earp de John Ford, que no tiene nada que ver con el real; ni falta que hace). El plano que has destacado, del sheriff balanceándose en el porche con la silla, resume este elemento fundamental en el cine de Ford. También la secuencia del baile (el maestro rodaba los bailes como nadie; bueno rodaba todo como nadie) incide en lo mismo. De estas dos escenas quería hablar. Ahora ya tengo algo en lo que apoyarme, gracias a ti.
Por cierto, Victor Mature está sensacional en su papel oscuro. Otro mérito de Ford.
Un abrazo.
Se decía eso de Ford en una época en que se ensalzaba a autores como Godard. Y, como siempre, los hay que no saben subir a unos sin bajar a otros, como si el arte tuviera que ser siempre una lista de los cien mejores, quitando y poniendo nombres. También se atacaba al cine estadounidense, y Ford era uno de sus más destacados representantes. Y, por último, se despreciaba el western, por lo que tenía de falso en realidad con la verdadera historia del Oeste. Ni con unos ni con otros ando yo, Francisco, y en una época de poca vehemencia fílmica. Pero anoto todo lo que dices, porque tu criterio es de los que me gusta recordar, repasar y confrontar. A veces te impones a mis propios criterios tras la confrontación silenciosa y amistosa. Por algo será.
Hola Francisco, un saludo de esta ocupada. Ford, a poco que se vean un par de sus películas, se deduce que fue más bien antibelicista, como dices, aparte de un maestro, un genio del 7 arte.
Te deseo un buen verano y como siempre en tu rinconcito. Aupa!
Blanca
La tengo demasiado olvidada como para comentar algo al respecto. El recuerdo que me queda, eso sí, es muy bueno. Destacar simplemente la grandeza de tu texto y, por supuesto, del cine de Ford, maestro de maestros (aunque no sea mi favorito...).
Mis felicitaciones por la entrada. Fuerte abrazo, amigo.
hi, new to the site, thanks.
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