sábado, 3 de julio de 2010

Invisibles

Los que pecan (The Sinful Ones) 1953, es una de las más originales fantasías de horror construida sobre una premisa simple pero ingeniosa y demoledora. Escrita en la misma época aproximadamente que el popular libro de sociología de David Reisman, La muchudumbre solitaria, pero muchos años antes de que se acuñase expresiones como "marginación social" y "contracultura". Describe el sentido moderno de la alienación urbana de modo muy eficaz. El aislamiento que nace de una supuesta comodidad y la incomunicación que produce la falta de sentimientos sirceros y la pérdida de valores que en algún momento parecía fundamentales. "El rito terrible del progreso sin propósito".

El protagonista, Carr Mackay, tiene un ingrato trabajo en una agencia de colocación. También tiene una chica ambiciosa que lo exhorta continuamente a mejorar."La hija de un hombre rico, sobre protegida, neurótica, vanamente rebelde, tiranizada por padres o sirvientes. Todo se acomodaba, de modo inútil e irremediable, del modo en que sólo puede hacerlo el dinero". Pese a los halagos de ella, se siente extrañamente alienado de su entorno. "¿Cuál era el verdadero significado de la rutina, del ritmo oscuro, que lo arrastraba a lo largo de la vida a un paso cada vez más acelerado hacia una tumba en alguna parte? ¿Tenía algún sentido-es decir-cualquier sentido que un hombre pudiera aceptar o soportar-,especialmente cuando cualquier ruptura en el ritmo podían hacerlo parecer tan muerto y tan insensato como una interminable marcha y contra marcha de marionetas?".

Entra en su oficina una muchacha a quien Carr observa en el fondo. La chica no logra explicar su conducta, pero mira a Carr con temor y desconcierto, preguntándole: "¿Realmente no sabe quién es usted?... Tal vez mi irrupción aquí fue la causa. Tal vez fui yo quien lo despertó". Cuando ella le garabatea una nota y se marcha, Carr empieza a aprender el significado de estar "despierto". "Los esquemas son tramposos. Una vez que se comienza a vivir de acuerdo a un esquema, la otra gente sabe cómo puede controlarte". "Todo y todos se congratulan para que vivas y no pienses, todos de acuerdo con un esquema". Aún desconcertado por la repentina irrupción de la chica, descuida a su cliente siguiente, hasta que le oye decir: "Gracias, creo que lo haré", y ve cómo saca del aire un cigarrillo inexistente y hace los gestos aparentes de encenderlo y fumarlo. El cliente pasa luego a mantener una conversación unilateral, respondiendo a preguntas que Carr no ha formulado. Es como si el hombre formase parte de un enorme mecanismo de relojería, impulsado a hacer ciertas cosas previsibles. "Los seres humanos son mecanismos inconscientes". "Material humano en crudo, solo un complemento de los formularios de solicitud".

Carr pronto descubre que casi todo el mundo a su alrededor se comporta de esta manera mecánica. Aparentemente, se olvidan de él, pasando por alto sus observaciones, dando vueltas a su alrededor, llevando una rutina normal de existencia que ahora parece risible en su previsibilidad y falta de vida. "La ciudad de los muertos, de los autómatas, de lo inerte, en el que se estaba más solo que en el desierto más árido. Detrás de la cara que uno miraba, detrás de las caras que lo miraban a uno, que sonreían , fruncían el ceño y hablaban no había más que un negro vacío". "...las condiciones bajo las cuales podemos conocer a la mayor parte de la gente hoy en día: la superficialidad del contacto, la trivialidad del intercambio de ideas". "Aisladas y sombrías figuras de hombres caminaban indolentes y sin propósito." "Público estupidizado como el ganado que se vuelve para mirar ante un sonido, experimentando algún breve y perezoso atisbo de conciencia, y luego retorna a su lento masticar de rumiante y a su oscura vida interior sin palabras".



Es como si Carr de pronto hubiese caído del mecanismo de relojería de la vida urbana y consiguiese toda una nueva litertad existencial. Puede moverse por la bulliciosa ciudad sin ser visto en absoluto; para todos los fines y propósitos se ha convertido en un hombre invisible. Puede ir a cualquier parte que le plazca y servirse cualquier cosa que desee. Pero también padece una terrible soledad, al menos que pueda hacer contactos con otros espíritus libres que estén similarmente "despiertos". La chica atemorizada es uno de ellos, y por fortuna ha garabateado detalles de un lugar de encuentro en el trozo de papel que le ha dado apresuradamente. Pero, ¿por qué está tan atemorizada? ¿Y quién es la amenazante mujer rubia? ¿Hay matones en la pequeña población de personas "invisibles" de la ciudad, criminales que conviertan en un infierno la nueva vida de Carr y Jane?


"La realidad es un montaje prendido con alfileres".

Todas las cursivas pertenecen a la novela.

7 comentarios:

Kinezoe dijo...

Parece un argumento muy actual. Interesante reseña, amigo. Gracias por ir rescatándonos todas esas joyitas literarias ;)

Un abrazo y buen domingo.

s a n d r a dijo...

Iba a transcribir un fragmento de "Tonto, muerto, bastardo e invisible" de Millás, que casualmente ¿? recién terminé pero era muy extenso! muy en la línea de tu post.
"Nuestra realidad" va perdiendo argumentos a pasos agigantados para convencer a la torturada razón.

Un p e t ó, pajarito ; )

Marcos Callau dijo...

Me gustan mucho tus análisis de los libros. Los haces parecer muy apetecibles y su argumento así me lo parece. Apunto tu recomendación.

39escalones dijo...

Y realmente los invisibles, los marginados, los perdidos, son los demás. Brillante, ciertamente.
Gran texto, amigo.
Abrazos.

Juanjo dijo...

Joder. Tiene una pinta excelente.

Mita dijo...

"El rito terrible del progreso sin propósito".
Es una frase muy dura.
Ayer hice un ejercicio escrito en clase sobre las nuevas formas de vivir y la influencia de las tecnologías.
Uno de los estudiantes escribió 345 palabras explicando el cambio físico que la tecnologización provocaría en el ser humano.
Esperaba en los textos lo que recibí, entusiasmo, prevención, desencanto, etc...Pero ese texto no lo esperaba.
---
Alienación es una palabra espantosa. El extrañamiento de uno mismo, sí.

Besos

Ana Pérez Ara dijo...

Tengo que saber cómo continúa, así que a por él voy, de lo que no estoy segura es de que vaya a engancharme como lo ha hecho tu post...
Besos