viernes, 16 de julio de 2010

Nínfulas


Lolita narra uno de los grandes paradigmas de nuestro tiempo. ¿Lolita una novela de amor? Tal calificativo se le atraganta a cualquiera cuando se examina de cerca la pareja protagonista: el profesor de literatura Humbert Humbert, de cuarenta años, y su amante Lolita, de doce. Lolita narra la historia de una perversión. Humbert desea a chicas de aspecto infantil, que apenas acaban de comenzar la pubertad. Incluso inventa una palabra para ellas: nymphets (nínfulas).


Al comienzo de la novela, el narrador, el propio Humbert, está en prisión, acusado de asesinato. Desde allí, relata la historia de su obsesión. Tras la Segunda Guerra Mundial, él, originario de Francia, se traslada a Nueva Inglaterra, en los Estados Unidos. Está buscando una habitación y así conoce a Charlotte Haze, una mujer atractiva pero adulta y, por esa razón, carente de todo encanto para él. La señora Haze le ofrece un cuarto aun menos atractivo. Ante tamaña tristeza, Humbert pretende marcharse pero entonces ve a Dolores, la hija de doce años de su patrona, que le recuerda al amor de su infancia. Humbert se enamora irremediablemente de Dolores, a quien bautiza como Lolita. A partir de entonces, el profesor se entrega totalmente a la nínfula. Acepta la habitación y más tarde, por puro pragmatismo, se casa con Charlotte para así poder permanecer cerca de Lolita.

Humbert registra cada paso de Lolita en su diario. Describe la excitación y los momentos de éxtasis que le provocan cada visión y cada contacto aparentemente inocente o casual con ella. Charlotte descubre este cuaderno, pero muere en un accidente de coche antes de que este hallazgo tenga consecuencias para Humbert.

Humbert monta a Lolita en su coche y ambos comienzan un viaje de varios meses a través de los Estados Unidos. ¿No fue Nabokov con Lolita quién inventó una América de moteles y carreteras de las que aún se nutre buena parte de la narrativa americana contemporánea? Como Hitchcock y el pintor Edward Hopper, nunca dejaron de mirar los Estados Unidos con una mirada de forastero que observa lugares y costumbres siempre ajenas a ellos, exótica en su continuidad.

La pareja, que aparenta ser padre e hija, visita de día los monumentos y curiosidades locales que hallan en su camino. Recorren los restaurantes de carretera y pernoctan en moteles, cuyos nombres pseudo-fantasiosos apenas esconden su lastimosa mediocridad. La primera noche, Humbert se acuesta con Lolita en un motel llamado The Enchanted Hunters (Los cazadores encantados). Cualquier intento de recrear este episodio está condenado al fracaso desde el principio, por lo contradictorio de los motivos que conforman el mismo: Lolita seduce a Humbert y éste viola a Lolita. La nínfula, que ha perdido la inocencia recientemente en tempranos juegos de niños en el campamento de verano, introduce a Humbert con toda candidez en este reino de goces infantiles, sin sospechar lo que significa el sexo en el mundo adulto. Humbert simula ser ignorante, "al menos mientras me fue posible". La situación es sumamente paradójica: Lolita es la inocencia y la víctima activa; Humbert es el manipulador pasivo y el culpable seducido. La escena demuestra que en la novela de Nabokov nada puede juzgarse de forma unívoca y que carece de sentido tanto la emisión de un juicio moral como el intento de sustraerse al mismo. Durante el viaje a través de los Estados, Humbert experimenta, noche tras noche, momentos de indescriptible felicidad, pero estos van acompañados de los sollozos de Lolita, que comienza a llorar en cuanto cree que el profesor se ha dormido.



Tras un tiempo asentados en una ciudad universitaria, Humbert y Lolita reemprenden el viaje. Poco después, Humbert advierte que les siguen. El perseguidor es el dramaturgo Clare Quilty, también bastante mayor que Lolita y con el que ella mantiene una relación secreta. Con él se escapa un día. Todos los intentos de Humbert para encontrarlos resultan vanos. Tres años después de la última vez que se vieron, Humbert recibe una carta de Lolita: está casada, espera un hijo y le solicita dinero para trasladarse a Alaska con su marido, un muchacho inofensivo. Es entonces cuando Humbert conoce la identidad de su antiguo perseguidor, Quinly, y lo mata a tiros. Encarcelado, comienza su relato. Hay que leer la novela para poder concebir cómo Lolita puede ser todo a la vez: romántica, erótica, cómica, trágica y angustiosa.

La Lolita de Humbert es una ficción. La niña que ama el protagonista no existe en la realidad. Lolita es una niña totalmente normal-si bien muy bonita-de doce años, llamada Dolores, a quien la belleza del paisaje le da exactamente lo mismo y cuyo mal gusto adolescente altera los nervios de Humbert. La niña a la que Humbert ha bautizado como Lolita sólo existe en su imaginación y está emparentada con las figuras artísticas de perfección sobrenatural que son adoradas en la cultura europea desde hace siglos. La verdadera historia de amor de Lolita transcurre en el reino de la ficción. De forma subliminal, Lolita es una novela sobre la tradición de la literatura europea. La gran novela de Nabokov es una declaración de amor a dicha literatura.
Stanley Kubrick realizó en 1962 una estupenda versión con un James Mason inolvidable.

10 comentarios:

Elvira dijo...

Gran reseña, querido Francisco. Besos

Marcos Callau dijo...

Muy acertada, como siempre, tu magnífica alusión a la Amércia de carreteras y moteles. Efectivamente de ella se siguen nutriendo hoy en día todo tipo de manifestaciones artísticas. Es difícil explicar esta novela tan bien como lo has hecho, Francisco. Enhorabuena.

Luis dijo...

Describiste muy bien una de las obras más controversiales de la "actualidad", y digo de la actualidad porque los argumentos usados: seducción y manipulación han sido más que conversados a raíz de los crecientes casos de pedofilia en la omnipresente iglesia.
Un abrazo.

Kinezoe dijo...

Genial reseña, amigo. Más allá de lo escabroso de su argumento ─en la peli subieron la edad de la nínfula hasta los catorce años, teniendo en realidad Sue Lyon dieciséis en el momento de su estreno─, Lolita es puro goce, y me refiero sobre todo a la novela.

Espléndidamente narrada, con el exquisito trato que su autor acostumbra para con el lector (grande Nabokov); inteligente, perversa y de una belleza inconmensurable. Un viaje de costa a costa a través de los EEUU, al mismo tiempo que un descenso a los infiernos. Una auténtica obra maestra. De obligada (y muy placentera) lectura.

«[...] Cierta desesperada honradez que vibra en su confesión no le absuelve de pecados de diabólica astucia. Es anormal. No es un caballero. Pero ¡con qué magia su violín armonioso conjura en nosotros una ternura, una compasión hacia Lolita que hace que nos sintamos fascinados por el libro al mismo tiempo que abominamos de su autor!»
(Palabras de John Ray, el personaje que prologa el libro, por supuesto, invención de Nabokov...).

Un fuerte abrazo y buen fin de semana, Francisco.

Joselu dijo...

Leí hace muchos años la novela, creo que un par de veces. Yo era profesor de literatura y quedé fascinado por la relación que estableces Humbert Humbert con Lolita. La primera parte me pareció extraordinaria y se ve que es Lolita quien inocentemente seduce a HH. La segunda parte, cuando se van juntos por los moteles y recorriendo carretera, se va convirtiendo la historia, que se ha iniciado en el terreno del encantamiento semejante al que opera don Quijote con Dulcinea, en algo profundamente desolador y triste. El final cuando HH reencuentra a Lolita embarazada es demoledor. Hubo quienes nos enamoramos de Lolita con HH, pero luego fuimos conscientes con él de la profunda perversión que había llevado a cabo. Hoy tengo una hija de trece años y me doy cuenta de la fragilidad de las nínfulas. Una novela que desciende a abismos terribles. Una de las historias más tristes que he leído nunca y que nunca volvería a leer como lo hice la primera vez, de modo que pienso que no tornaré a ella.

Juanjo dijo...

No he leído "Lolita", pero siempre he pensado en que la historia no es tan descabellada como parece. De hecho, he conocido algunas niñas que daban el tipo. Por suerte, no se encontraron con gente tan perversa, pero su vida siempre ha estado marcada por el hecho de manejar el arte de la seducción mucho antes de tiempo.

jordim dijo...

Nabokov dio tanto en el clavo que da miedo.

mi nombre es alma dijo...

Leí una vez que para reconocer a una nínfula se requieren idénticas dosis de sensibilidad y demencia.

Un acierto esta frase y un esplendido acierto todo lo que dices.

39escalones dijo...

Magnífico, texto, Francisco. Yo veo además mucha ironía y mucho cinismo en esta historia, no sé si porque Nabokov vio un antecedente directo para su historia en "El mayor y la menor" de Billy Wilder. Es otra cosa, es una comedia en la que Ginger Rogers se hace pasar por una niña de doce años, pero la escena en la que Ray Milland le lee un cuento no tiene desperdicio.
Abrazos.

Licantropunk dijo...

Fantástica entrada. "Lolita" es/debe ser un amor platónico: la irremediable atracción de la belleza más pura. Y, como bien dices, hasta para el propio H.H. sólo existía en su imaginación.
Saludos.