martes 17 de agosto de 2010

La Tierra permanece


Como 1984, de George Orwell, tampoco este libro se publicó con el rótulo de "ciencia ficción", pese a lo cual ha llegado a considerárselo como una de las grandes novelas norteamericanas del género. Y no cabe duda de que es ciencia ficción. En este caso, la ciencia que tan eficazmente sostiene la narración es la ecología (que en 1949 distaba mucho de ser una palabra de moda). George R. Stewart enseñó inglés en la Universidad de California y escribió más de treinta libros, desde novelas históricas hasta estudios eruditos de toponimia. Tenía un inagotable interés por la historia y la geografía de los Estados Unidos, así como una profunda comprensión de las maneras en que el medio ha moldeado la actividad humana. Sus novelas Storm (1941) y Fire (1948) tratan de los esfuerzos de los norteamericanos para enfrentar las catástrofes naturales. En la mejor de sus obras, La Tierra permanece, describe con todo detalle el tiempo posterior a un desastre inusual: una misteriosa plaga mata a la inmensa mayoría de la raza humana.

Ishewood Williams, un graduado en geografía, vuelve de pasar una temporada en la montaña y descubre que todo el mundo está muerto. Al comienzo de la novela actúa como un Robinson Crusoe, con un continente entero para mantenerse. Deambula por ciudades y pueblos vacíos, y observa la degradación del paisaje con desapasionada mirada de científico. Se hace amigo de un perro; observa plagas de insectos y roedores; cómo se degrada los campos y se resquebrajan las autopistas. Todo esto se describe con un soberbio naturalismo, inspirado en un riquísimo y sólido conocimiento. Al final, Ish regresa a San Francisco, donde encuentra a una mujer sobreviviente, que se convierte en su pareja. Tienen hijos y alrededor de ellos nace una pequeña comunidad. Los años pasan mientras repiten la vida de sus antepasados, una existencia ligeramente más cómoda por estar asentada en los vestigios de la civilización.



Ish trata de enseñar a sus hijos a leer libros y a comprender los logros del pasado de la humanidad, pero el joven Joey, el más brillante de los hijos, muere. Los otros se las arreglan solos, adquiriendo las habilidades físicas necesarias para desenvolverse en el medio, pero sin dar muestras de interés por el pasado. Al cabo de algunas décadas, los pocos sobrevivientes de la era anterior a la plaga van muriendo, y finalmente Ish queda como único testigo de la grandeza pretérita. Los nietos y bisnietos lo recuerdan casi como una deidad tribal, un anciano incomprensible que habla de cosas imposibles. Se han convertido en una banda de cazadores-recolectores, en armonía con el medio, y recorren la Costa Oeste, de la misma manera que los antiguos amerindios.
La historia ha cerrado el círculo y, en el momento de morir, Ish advierte que "los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece".


La novela está escrita con gran convicción y mucha emoción. A mí me hizo llorar cuando la leí por primera vez. Se lee como una buena narración y tiene significados profundos. Con esta hermosa meditación sobre la ecología, el pasado y la inexorabilidad del cambio, George R. Stewart ha escrito, aun sin saberlo, una de las obras maestras de la ciencia ficción.

7 comentarios:

Elvira dijo...

He leído con mucho gusto tu reseña, querido Paco. No tengo nada interesante que añadir. :-)

Besos

Kinezoe dijo...

Me encanta esa frase: «los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece»... Tengo que leerla.

Excelente entrada, amigo. Un abrazo.

Licantropunk dijo...

Apocalíptica y desesperanzada: no future prepunk.
Saludos.

Marcos Callau dijo...

Pues me apetece un montón leerla por cómo la has descrito y porque me encantan las novelas de ciencia ficción. Ésta lo tiene todo para ser como dices de las grandes en el género. Presumo que me van a gustar mucho las descripciones de un San Francisco bajo una plaga mortal en la que es posible sobrevivir. Ya te contaré. Un fuerte abrazo, amigo.

Cris dijo...

Recorda la història de La Carretera de Comac Mccarthy... Em sorpren que els seus descendents no es questionin el passat. Que visquin el present en estat pur. Això de la història és una invenció molt contemporànea, sembla, oi?

Preciosa i romàntica imatge...

Brandkommando dijo...

mmm... la parte de la plaga que comentas azotando a la humanidad no es nueva, creo que fue Mary Shelley la pionera con "The Last Man", sin embargo el desarrollo parece interestante.

Saludos

Juanjo dijo...

Interesante libro. Imagino que ni una plaga mundial conseguirá acabar con la enfermedad de repetir todos los errores de nuestros padres.