
"Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando el dinero se tiene, sólo se piensa en él."
Jean-Paul Getti, industrial estadounidense
"El talento es como el dinero: para hablar de él no hace falta tenerlo."
Jules Renard, Diario
El otro día una amiga me dijo que escribiera algo sobre el dinero. Es más, me recomendó que reseñara El Capitalismo (1867), de Karl Marx. Conozco muy bien esa obra. Marx predijo el final del capitalismo. Se equivocó: el comunismo se derrumbó y quedó el capitalismo. En todas partes pueden encontrarse las huellas de la conmoción causada por este libro. Pero hoy pertenece al pasado. El volcán se ha extinguido.
De inmediato me puse a recordar a mi querido Carl Barks (fonéticamente suena muy parecido a Karl Marx). Barks fue el más conocido dibujante y guionista de los estudios Walt Disney, ideó a Tío Gilito, el rico pato que nació como la encarnación de la primera potencia económica del mundo, los Estados Unidos a finales de los años cuarenta.
Dejé a mi amiga con la palabra en la boca y corrí a mi estudio para revisar mis viejos cómics de la infancia del gran Carl Barks.
En el mundo de la familia del pato Donald todo gira alrededor del dinero, o, más concretamente, el poder del dólar. ¿Quién no recuerda a los famosos héroes de la familia de los patos: los tres despiertos jóvenes Jorgito, Jaimito y Juanito, su despótico tío Donald y su inminente rico Tío Gilito que, literalmente, nada en dinero? Con sus grandes cabezas y gordos traseros, todos tienen el gracioso aspecto de torpes niños pequeños, pero este camuflaje encantador esconde antivirtudes bastante poco infantiles. Las cualidades que se necesitan para escribir una historia de éxito en el sistema capitalista son las siguientes: ambición, codicia, afán por hacer carrera y temor constante al fracaso. Lo que parece simplemente animadas travesuras, constituyen, en realidad, las leyes del mercado libre. Se trata de enriquecerse, explotar a los demás y apropiarse de recursos ajenos a costa de otros. Lo fundamental es que al final uno debe haber conseguido éxito y dinero.La familia de los patos (en inglés se llaman Duck de apellido) no se relacionan entre sí con confianza y cercanía, sus vínculos se asemejan más bien a la organización de una empresa. Los papeles están repartidos de acuerdo con un esquema que han conservado algunas comedias estadounidenses: por un lado, se presenta el jefe, inalcanzable, poderoso y moralmente cuestionable, el Tío Gilito; el duro de mollera Donald, que bloquea cada innovación y el dinámico trío, Jorgito, Jaimito y Juanito. que constantemente logra salvar la situación con inteligencia, improvisación y valor.
En la versión original de Walt Disney, el jefe de la empresa, el Tío Gilito, se llama Uncle Scrooge. El personaje toma nombre del tacaño protagonista del célebre cuento de navidad de Charles Dickens. Pero además, Uncle Scrooger comparte en el idioma original inglés las mismas iniciales que los Estados Unidos, United States.
En contraposición al Tío Gilito, Donald es el eterno perdedor. Es un fracasado, siempre está trabajando, pierde todos los empleos, nunca tiene éxito y siempre está arruinado. Donald personifica el empleado medio que pasa toda su vida deslomándose por la empresa y, a pesar de todo, nunca logra llegar a nada.
Sus tres despiertos sobrinos son los verdaderos héroes de la compañía: cuentan con todas las cualidades que aparecen hoy en las ofertas de puestos de dirección: son sociables, tienen iniciativa propia y flexibilidad, están dispuestos a asumir riesgos y poseen la capacidad de pensar de forma creativa y planificada. Sobre todo, tienen ese don que constituye hoy la cualidad favorita de todo jefe de personal: el espíritu de equipo.
Desde los años cuarenta hasta los sesenta, este mundo de patos expandió un mensaje simple y, a la vez, muy politizado. Carl Barks inventó los "Golfos Apandadores" en los tiempos de la Guerra Fría y de la histeria anticomunista de la era de McCarthy. Estos personajes, que tomaron el aspecto de perros enmascarados, representaban a los enemigos (los comunistas), que tenían como objetivo apropiarse del dinero del Tío Gilito (la potencia Estados Unidos). Los cómics de Carl Barks eran historias sobre los todopoderosos Estados Unidos y el éxito del capitalismo.
Uno no da crédito cuando, tras una segunda lectura, descubre la fina sátira que se esconde tras el mensaje políticamente correcto. Las grandes luchas ideológicas entre el capitalismo y el comunismo, que mantuvieron en vilo al mundo hasta finales de los años ochenta, revestían un aspecto completamente cómico en Patolandia: la potencia mundial estaba en manos de un tacaño (el Tío Gilito), que buceaba en sus depósitos de dinero levantando el trasero.
9 comentarios:
Me has dejado pasmada y encantada a la vez. Nunca lo había visto así.
Besos, querido Francisco
Impresionante. Nunca había visto de esta amnera a la tierna familia Donald. Pero leyéndote he recordado un librito de Disney que tenía de pequeño en el que el tío Scrooge (o Gilito) tenía, en lugar de ojos, el símbolo del dólar. Yo m lo tomaba como un tipo avaroq ue estaba loco por el dinero pero es fabuloso aprender con tu ayuda todo lo que hay escondido detrás de esos dibujitos.
Debo confesar que nunca había visto a la familia de Donald desde ese punto de vista, pero luego de leerte te encuentro bastante razón.
Un abrazo.
No sé dónde leí que el dinero no da la felicidad, pero produce una sensación tan semejante que es difícil de distinguir.
El mundo se divide entre los que tienen el dinero (pocos) y los que querríamos tenerlo (todos los demás). Donald nos cae más simpático pero tío Gilito es el que se identifica con nuestra interpretación de la vida.
Pero tal vez me respondas con eso del "aurea mediocritas" como estado ideal de la vida. Puede ser. A mí los ricos me caen mal, muy mal. Los veo autosatisfechos, tienen una sonrisa falsa repugnante, se consideran al margen de los vaivenes del destino... Siento en mi fuero interno, cuando los veo, que merecerían una experiencia de conocimiento importante: perder todo y enfrentarse a la vida sin la protección del dinero.
Pero en el fondo, fondo, no me importaría pertenecer a su mundo, aunque ahora pensando creo que no. Mi "aurea mediocritas" me es estimable. Ni exceso de dinero ni de talento. Un poco tonto y de clase media que aspira no sé a qué, tal vez a tener alguna idea.
No pienso que tu interpretación del mundo Donald haya sido percibida por los lectores de la saga. O sea que es demasiado sutil y por lo tanto incomprensible. No creo que den para tanto, y además nunca me gustó Donald. A mí me gustaba Bugs Bunny, el conejo de la suerte. Tal vez lo puedas analizar.
Debe ser todo un lujo tener cerca tus ojos, que captan; tu mente, que interpreta ... y sobre todo tus palabras, que transmiten el resultado con tanto acierto siempre y que tan fácilmente nos dan hecho el trabajo.
Un saludo.
Es siempre tan enriquecedor leer tus posteos.
Ya te comenté que con frecuencia me abren caminos hacia adentro: esta vez me llevaron a mi niñez y a esas historietas que mi padre compraba en el kiosko de Teri (qué raro apellido, sonaba tan natural entonces para mí...). Yo las adoraba y devoraba, mis ojos de niña nunca hubieran visto este lado de la historia que nos muestras. El "Tío Gilito" era "Pato Rico" en las versiones que yo leía, y los sobrinos: Hugo, Luis y Paco. Cosa de los traductores.
En ese mundo, ni Donald ni el anciano ricachón lo pasaban muy bien. Los sobrinos sí: creo personalmente que quizá se debía a que no tenían que manejar todavía la fortuna familiar.
Besos, y aplausos.
Tú como siempre!! Sorprendiendo!
:))
Besos
Genial, Francisco. Me pregunto, eso sí, qué pinta Daisy en todo esto... En fin, quizá sea novia del sobrino pero se acueste con el tío...
El caso es que yo siempre me remito a otro Marx, Groucho, que es el Marx que más me gusta, cuando decía eso de que hay cosas más importantes que el dinero, pero cuestan tanto...
Abrazos.
Estoy de acuerdo contigo en que la serie de Disney es una gran parodia del capitalismo; pero no pudo predecir su crisis.
¿Por qué nadie pensó entonces en que el sistema estaba construido sobre nada?
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