La admiración de To Be or Not to Be (1942), se produce cuando una vez vista la película se repasan las situaciones, los personajes, la complejidad de la trama. Hay que hablar del guión: de lo bien construido que está y de la perfecta definición de todas y cada una de sus historias; éstas abarcan un espectro aparentemente complejo, pero que la maestría de Ernst Lubitsch coordina y entremezcla perfectamente: la situación prebélica que se vive, el mundo del teatro y la comedia-farsa de su eje principal.Lubitsch delimita el marco referencial de la obra; se circunscribe al hecho de presentar una historia, sus acontecimientos de forma que se disfrute con todo lo que acontece, tanto dentro del personaje y en su relación con el entorno, como en el propio mundo que le rodea. El ingenio, oportunismo y la rabiosa movilidad de la trama está continuamente reflejando la claridad-oscuridad que se trasluce por todos los lugares, lo que hace que resulte fascinante todo lo que acontece ante el espectador.
Uno de los aspectos más significativos de toda la película quizá sea la dicotomía que replantea a lo largo de la misma: el actor y el invasor (nazis). El actor arropado en una máscara que le facilita la libertad de movimientos, que le ayuda a encubrir sus mediocres interpretaciones, consigue revalorizar su creatividad y su prestigio falseando una serie de situaciones frente al invasor. Los nazis se sienten desplazados, aislados en su propio mundo; la inseguridad es la tónica dominante en un ambiente presidido por la frialdad del mando, en el que la violencia impera superando todo tipo de barreras, obstáculos fácilmente salvables por los actores que juegan al arte de despistarles. El poder de la palabra es enorme, prevalece y supera al poder de la fuerza. La inteligencia revive momentos que la dignidad exige; el actor se convierte en público ambulante de su propia representación.
To Be or Not to Be pertenece a una época en la que la madurez expresiva de sus realizadores pasa, por mucho, de ser una de las más sólidas; es una obra compacta, atemporal, en la que el gran Lubitsch sabe bien manejar los hilos de la comedia, acomodando su espíritu estilístico a unos modelos revalorizados a cada paso. Las nuervas fórmulas hollywoodenses, sin embargo, olvidan en gran medida los presupuestos adoptados en estos años, haciendo incapié en banalidades perentorias y caducas, que no son respetadas con el paso del tiempo.
7 comentarios:
En telegrama:
Una joya cinematográfica. Espléndido tu análisis. Buscaré el blog que recomiendas. Gracias por todo. Saludo, enric
La teng pendiente Francisco. Me animas a verla.
Divertidísima, qué grande Lubitsch, y qué buen "toque" el suyo. Esta película, por otro lado, siempre me trae a la memoria el desgraciado final de Carole Lombard. Iba a ser muy muy grande.
Abrazos.
Una de las grandes comedias de todos los tiempos. Lubtisch en plena forma. Me encanta la forma en que mezcla la historia principal con la personal entre la pareja y los "cuernos" que le ponen al protagonista. Imprescindible.
Saludos!
Combatir al enemigo en efigie presentándolo como una caterva de imbéciles, lo mismo que hizo Chaplin: no son unos superhombres invencibles. Obra maestra.
Saludos.
El tal Lubitsch era un genio y esta peli, uno de sus más grandes méritos. Sí señor.
El problema del cine actual es que muchos de los que se dedican a esto hoy en día no se han preocupado siquiera de hacer un poco de historia y revisar lo que vino antes. La dosis de ingenio cada vez es menor en nuestro cine; ahora se lleva lo tosco.
"Ser o no ser", como tú dices, es una obra atemporal, una comedia inteligente por la que no parece pasar el tiempo. Uno de los grandes títulos del maestro Lubitsch.
Un abrazo y buen fin de semana, Francisco.
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