
El abrigo de la infancia crea, con los años, por contraste, la sensación de intemperie y de inseguridad. La vida se convierte en una nostalgia de la dulzura perdida, de la felicidad robada. Nadie sobrevive al tiempo en el que esperábamos el sentido. Contra el contagio humillante ante el tiempo y el flagelo de la realidad adulta, siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar el futuro.

Ninguno más dotado que Tim Burton para elevar la fábula al cuadrado. Él recoge el caos de este mundo absurdo, las paradojas y da sentido a tanta demencia con encanto. Trabajó para la Disney, pero sus dibujos no les acababan de convencer. Fue despedido después del cortometraje Frankenweenie, la historia de un niño que resucita a su perro al estilo Frankenstein. "Demasido terrorífico para nuestra audiencia", dijeron entonces. La infancia de Burton fue como una especie de sueño construido a lo largo de su vida, con todos sus hermosos sueños disímiles.

A mí me gustan más sus dibujos que la mayoría de sus películas. Hay excepciones, claro, como Eduardo Manostijeras (1990), Ed Wood (1994) o, Big Fish (2003). Sus creaciones no obedecen a ningún estilo determinado. Su capacidad de diseñar personajes no parecen tener fin. Sus cánones abrazan desde la antropomorfo, como su serie de dibujos Criaturas, hasta el mundo circense. Su inspiración es oscura. Burton enfría el entorno de sus diseños. Cementerios, pueblos fantasmas y casas encantadas son algunas de sus localizaciones favoritas.

La fantasía y originalidad de este devoto de Godzilla y Vicent Price nos lleva a mundos sin sol, a medio camino entre los sueños dulces y las pesadillas. Lugares poblados por niños ojerosos (magnífico su libro La melancólica muerte de Chico Ostra), esqueletos con vida, caballeros sin cabeza, gigantes de tres metros, incapacitados sociales, héroes desheredados. Siempre hay una estética inconfundible de cuerpos y espacios deformados que han creado una legión de adictos a su merchandising.
Tim Burton es un señor con gafas oscuras y cabello despeinado; el niño introvertido que jugaba a espantar a sus vecinos anunciando la llegada de los extraterrestres. Triste y débil que sigue en un rincón con sol extraño de infancia, mirándolo todo atónito. Barton ha llegado a seducirme con su estética.
6 comentarios:
fantástico post, como siempre, D. Francisco¡¡¡
aunque pocas veces te comente, me admira muchísimo leerte...
este primer párrafo, introductorio, es tan cierto como acertado¡¡¡
a mí también me gusta Burton... con todas sus fantasías infantiles y esas imágenes tan especiales, sacadas de una imaginación de fábula...
un saludo
Me atrae también el universo oscuro y ambiguo de Tim Burton. No he visto su versión de Alicia, pero parece que en este caso ha defraudado expectativas. No puedo juzgarla porque no la he visto.
Fantástico, sí, como siempre, amigo Francisco. Pero a mí hay dos cosas que me parecen preocupantes: una, que ha vuelto a caer en brazos de Disney para su "Alicia"; dos, que con ello se ha convertido en altavoz de esa maniobra orquestada que, a través de la permanente inoculación del infantilismo en la sociedad pretende convertir al ciudadano en el niño-adolescente identificado con el consumidor perfecto: caprichoso, irreflexivo e inmaduro. Vuelve, Tim, vuelve a ser lo que fuiste. La gente necesita conservar su infancia, pero para encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, no para que los tiburones se aprovechen de su inocencia y candidez para venderle una sombra de felicidad irreal.
Abrazos amigo.
Vaya post...wow
Yo también adoro el escalón de la infancia del que Burton no ha querido moverse.
Jeanne
Tremendamente original en su estilo, he de reconocer que últimamente he desconectado un poco del cine de Burton. Me ha pasado como con Woody Allen, que se me ha hecho un poco repetitivo...
La que más me gusta de entre sus últimos trabajos: "Big Fish". Una maravilla.
Abrazos.
A mí Burton me atrae tanto como me repele. Es algo de lo más curioso.
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