
"Dicen que Wilder ha perdido el contacto con el tiempo en que vivimos. Lo considero francamente un cumplido. ¿Quién demonios desea estar al día en los tiempos que corren?"
Billy Wilder
Conviene insistir mucho en los orígenes de Billy Wilder, que se traslucen en todas sus películas en forma de una oposición estructural entre Europa y América. Como es lógico, los sentimientos de Wilder hacia ambos continentes son ambivalentes, lo que contribuye a explicar en gran medida la tensión que subyace en toda su obra.
Sus evocaciones de Europa están teñidas de melancolía y de un humor que le sirve para protegerse del sentimentalismo, como ocurre con el París de antes de la ocupación en Ninotchka, la recreación de la Viena de Lubitsch en El vals del emperador, el Berlín destruido de Berlín-Occidente, y el dividido en Uno, dos, tres. En las grandes películas de Wilder, ambientadas en París, el tono es siempre romántico, mientras que en las que transcurren en Berlín, el tono es más sobrio y contenido; pero, en ambos casos, teñido siempre de nostalgia.
Casi la mitad de la producción de Wilder está ambientada en un país u otro de Europa, casi siempre en las ciudades en las que transcurrió su juventud, y llenas, por tanto, de asociaciones autobiográficas: Viena, Berlín, París, etc., lo que dota a sus películas de gran autenticidad. Pero, si las examinamos atentamente, veremos que Wilder explora más una realidad psíquica que física. Muchas veces, esas ciudades han sido reconstruidas en estudio (por ejemplo, para Irma, la dulce. Wilder mandó reconstruir el barrio parisino de Les Halles en Hollywood), y la acción de las películas ambientadas en las mismas, ocurre con frecuencia en interiores, tales como habitaciones de hotel, bares, etc. Sin embargo, Wilder logra transmitir al espectador la influencia moral y espiritual de Europa que, al menos en las historias románticas, funciona como un lugar de rehabilitación, educando a los habitantes del Nuevo Mundo, lo que recuerda bastante a la obra de Henry James. Una y otra vez, Wilder envía a sus personajes americanos a Europa, donde experimentan un proceso de humanización. El mejor ejemplo de ello lo constituye ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?, en la que un ajetreado ejecutivo de Baltimore (Jack Lemmon) viaja a Italia para reclamar el cadáver de su padre, debido a complicaciones burocráticas, su vuelta a Estados Unidos se retrasa, lo que le permite descubrir una nueva forma de vivir y la posibilidad de ser feliz. Todo esto puede parecer bastante obvio y convencional; pero en el contexto de su larga carrera y gracias a su hábil dirección y a la brillante interpretación de Lemmon, su actor favorito, ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?, se convierte en una emocionante peregrinación personal y en una obra maestra de Wilder, en la que también cabe incluir la infravalorada Sabrina y Ariane, en las que los personajes tan típicamente americanos como los encarnados por Humphrey Bogart y Gary Cooper, respectivamente, se ven fuertemente influenciados por Europa, demuestra el gran ascendiente de Lubitsch sobre él y su capacidad para la comedia ligera, elegante y sofisticada. Sin embargo, el aspecto de la obra de Wilder, más valorado por la crítica, es el cáustico y satírico, más conectado con Stroheim.
Resulta significativo que, tanto en Berlín-Occidente como en Uno, dos, tres, las fuerzas americanas ocupantes (el ejército en la primera y la Pepsi-Cola en la segunda) sean incapaces de imponer sus valores y puntos de vista a los europeos. El proceso de transformación no funciona nunca en sentido inverso. Cuando se les niega el acceso a Europa y a su capacidad para reinterpretar la vida, los norteamericanos de Wilder son víctimas de la paranoia, se ven arrastrados por la codicia o el deseo y terminan casi siempre mal; aunque también, en algunos casos, renuncian desconcertadamente a la seguridad material en aras de principios morales y personales más elevados. Los protagonistas de Wilder tienen que elegir muchas veces entre el dinero y la felicidad, y lo que señala su grado de madurez (y la mayor o menor estima que siente su creador hacia ellos) es inclinación por la opción humanista en lugar de por la materialista.
Entre los títulos pertenecientes a este grupo, cabe incluir Perdición, El gran carnaval, Traidor en el infierno, que utiliza un campo de concentración alemán como microcosmos de la lucha por la vida en una sociedad "civilizada", El apartamento, Bésame tonto y Bandeja de Plata.
Este es mi post número seis que dedico al gran Billy Wilder. Vendrán más. Nadie es perfecto.
6 comentarios:
Un bonito y concienzudo repaso de la Europa de Wilder y su visión de la historia. Hace poco he vuelto a ver "Irma la dulce" para comentarla en el próximo número de Cineuá. Me parece interesante la reconstrucción más o menos real que presenta aquí. Un abrazo.
Wilder es un maestro, uno de los mejores de todos los tiempos. Cualquier película suya garantiza una tarde de cine excelente, siempre con un toque écido bajo el humor y una crítica demoledora con apariencia inocente. Si tengo que elegir entre las que mencionas me quedo con "El apartamento" e "Irma la Dulce", con la misma pareja protagonista, qué grandísimos actores, qué historias... Gracias por recordárnoslo.
Un saludo.
Que vengan, que vengan. Wilder es inagotable. Y menuda foto la del principio; menudo par...
Abrazos.
Y en eso el dios Wilder no acertaba (quizás solo era un deseo, incluso un sueño), mas parece que Europa se contagia de la moral americana que viceversa.
La felicidad puede que se encuentre en algún punto equidistante entre la caduca Europa y la vana América.
A mí cada día me más gusta el cine de Wilder; menudos títulos mencionaste... Permanecemos a la espera de ese séptimo post.
Un abrazo.
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