
"Hacía una semana que le había dicho mi último adiós a Harry, cuando vi cómo el féretro que contenía sus restos era introducido en la fría tumba, por tanto, me quedé de piedra cuando le vi pasar, sin dar la menor seña de reconocerme, entre la multitud de extraños del Strand."

Los planos angulados, los expresivos escenarios naturales y el magnífico juego de luces y sombras consiguen transmitir a la perfección la sensación de tensión y corrupción. Esta atmósfera se ve resaltada por pequeños toques de humor negro, como la secuencia en la que unos extraños obligan a Holly a montarse en un coche y éste cree que le han raptado, cuando en realidad le llevan a un acto cultural, confundiéndole con un famoso novelista.
Este breve texto de Graham Greene se convirtió en la base de El tercer hombre (1949), de Carol Reed. Greene escribió primero la historia en forma de novela y luego, colaborando estrechamente con Reed, la convirtió en un guión. Aunque se trata en muchos sentidos de uno de los relatos característicos de Greene marcado por los temas que le obsesionan, como la culpabilidad, la decepción, la corrupción y la traición, el propio Greene ha reconocido la participación de Reed en el guión y le ha atribuido buena parte de las memorables cualidades de la película. Fue Reed quien insistió en un final duro y sin compromisos en el que Anna (Alida Valli), tras asistir al funeral de Harry (Orson Welles), no se echa en brazos de Holly (Joseph Cotten) como ocurriría en cualquier película convencional, sino que sigue altivamente su camino. Fue también él quien descubrió al tocador de cítara Anton Karas, cuyo tema musical tanto contribuye a la atmósfera sombría y romántica de la película. Finalmente fue Reed quien convenció a un reacio Orson Welles para que interpretase el papel relativamente corto, pero esencial para la historia, de Harry Lime. Welles se entusiasmó tanto con la película que aportó al guión su conocida justificación de las actividades criminales de Harry:
"En la Italia de los Borgias reinaron durante treinta años la guerra, el terror, los envenenamientos y los derramamientos de sangre. Pero produjeron un Miguel Ángel, un Leonardo da Vinci y un Renacimiento. En Suiza han tenido mientras tanto fraternidad, quinientos años de paz y democracia, ¿y qué es lo que han producido? El reloj de cuco. Adiós, Holly."
Por supuesto, Carol Reed fue el encargado de trasladar a imágenes el brillante guión de Greene, logrando una fusión perfecta entre palabras e imágenes, sonidos y símbolos. La odisea de Holly en busca de una verdad que terminará destruyendo a su mejor amigo, a la mujer a la que ambos aman y, en cierto sentido, al propio Holly, tiene como marco la Viena de posguerra, inolvidablemente evocada por la vigorosa fotografía de Robert Krasker, que le valió un merecido Oscar. Los enormes edificios barrocos, llenos de resonancias, que sirven como cuarteles generales para los militares y las viejas y decadentes pensiones son un melancólico recuerdo de la antigua Viena, la ciudad de los valses de Strauss, del refinamiento y la elegancia, sumergida como consecuencia de la guerra en un mundo de pesadilla, lleno de intrigas políticas, actividades delictivas y asesinatos. Las estrechas callejas en sombras y los edificios destruidos por las bombas constituyen el refugio de los estraperlistas y de los miembros asustados y desconcertados de una sociedad en ruinas. Existe también un profundo simbolismo en los lugares en los que Harry hace aparición: una gigantesca noria, desde la que mira desdeñosamente a los demás mortales, y las alcantarillas de Viena donde, tras una emocionante y angustiosa persecución, es finalmente acorralado como si fuera una rata y muerto por sus perseguidores.

Los planos angulados, los expresivos escenarios naturales y el magnífico juego de luces y sombras consiguen transmitir a la perfección la sensación de tensión y corrupción. Esta atmósfera se ve resaltada por pequeños toques de humor negro, como la secuencia en la que unos extraños obligan a Holly a montarse en un coche y éste cree que le han raptado, cuando en realidad le llevan a un acto cultural, confundiéndole con un famoso novelista.
A mi juicio, es una película casi perfecta, y digo, casi, porque Harry Lime dice que los suizos inventaron el reloj de cuco. Mentía; el reloj de cuco es bávaro.
6 comentarios:
Caramba, querido Paco, siempre consigues que me apetezca ver de nuevo las buenas películas que ya he visto.
Un fuerte abrazo, amigo
Un título que debería revisar; me queda muy lejana en el tiempo "El Tercer Hombre".
Muy interesante como siempre tu reseña, Francisco.
Un fuerte abrazo.
Me encanta esa Viena derrotada y decadente; es un fantasma de un tiempo pasado, el vestigio de una puerta entre Oriente y Occidente, de aire germano, balcánico, eslavo, turco y a la vez extrañamente occidental. Un mundo de terror, casi de cuento infantil. El momento en la noria, el diálogo sobre el cálculo de los puntos móviles lejanos en el suelo que podrían permitirse con tal de ganar unos cientos de dólares más, es puramente magistral y una metáfora ineludible para explicar el mundo. Fantástico texto.
Abrazos.
Buenos días estimado Francisco, te leo y te escribo desde una fría ciudad de Jaca. Me encnata esta obra maestra. Como suelo decir con obras de este tipo, debiera estar en los museos, colgada en una pared para que la gente la pudiera ver cada vez que quisiera. Los planos angulados que destacas y ese ambiente tan oscuro son irrepetibles. Un abrazo amigo.
Esta película es toda una lección de cine. La iluminación y los ángulos que comentas rozan el expresionismo, como si la ciudad fuese casi una pesadilla. Seguro que tanto Reed como Greene conocían a la perfección el terreno en el que se movían, porque la visión de Viena se adapta perfectamente al guión y a la Europa derrotada. De hecho, leí hace tiempo, en alguna parte, que Graham Greene no solo escribía relatos sobre espías sino que, además, había sido uno de ellos.
Un gusto leer tu reseña, saludos.
No había visto esta película, pero la busqué después de leerte. Me gustó muchísimo. Esa ciudad quebrada, recorrida por esos personajes... realmente me encantó.
Un beso.
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