
La soledad de la infancia. El tiempo aprendido. El tiempo ganado.
Para Mita Ruiz
"Cuando el ser humano se olvida de que tiene un mundo interior se olvida también de sus propios valores que debemos añadir al mundo que nos rodea, debemos crear, inventar. Si de vez en cuando no emprendemos un viaje por nuestra propia vida interior con el fin de encontrarnos, estos valores acabarán por perderse."
Michael Ende
Nunca me contaron cuentos cuando era niño y tuve que ponerme a leer por mi cuenta a los Grimm, a Perrault, a Barrie, a Collodi, a Lewis, etc., es decir, a todos los grandes del cuento tradicional europeo. Este hábito ha perdurado a lo largo de los años.
Tanto los mitos como los cuentos de hadas responden a las eternas preguntas. ¿Cómo es el mundo en realidad? ¿Cómo tengo que vivir mi vida en él? ¿Cómo puedo ser realmente yo?
A pesar de toda nuestra complejidad, somos conflictivos, ambivalentes y estamos llenos de contradicciones, la personalidad humana es indivisible. Una experiencia, sea del tipo que sea, afecta siempre a todos los aspectos de la personalidad al mismo tiempo. Y la personalidad total necesita el apoyo de una fantasía rica, combinada con una conciencia sólida y una comprensión clara de la realidad, para ser capaz de llevar a cabo las tareas que exige la vida cotidiana. Todo ser humano ha olvidado quién es. Se puede llegar a entender el Cosmos, pero jamás el ego; el yo está más distante que cualquier estrella. Todos sufrimos la misma calamidad mental; todos hemos olvidado nuestros nombres. No recordamos quiénes somos realmente. Todo eso que llamamos sentido común y raciocinio, pragmatismo y positivismo, no quiere decir sino que en determinados espacios muertos de nuestra vida olvidamos que hemos olvidado. Todo lo que denominamos espíritu, y arte, y éxtasis, sólo significa que durante un terrible momento recordamos que hemos olvidado.
El sentido más profundo reside en los cuentos de hadas que no me contaron en mi infancia, y que leía por las noches, más que en la realidad que la vida me ha enseñado.
Soy de los pocos que defiende la hipótesis de que, originalmente, no existía una literatura escrita específicamente para niños, se creó en la época victoriana, como la idea de que la infancia era pura y santa, por tanto, era necesario que la literatura infantíl fuera santorrona. Es difícil leer, por ejemplo, Los niños del agua, de Charles Kingsley sin sentir una punzada de dolor. Los cuentos de los hermanos Grimm fueron recopilados pensando en los lectores adultos, pero cuando los Grimm supieron que la gente leía aquellos cuentos a los niños pequeños, expulgaron cuidadosamente los textos para hacerlos más apropiados.
Como digo; no tienen nada de infantiles, en ellos encontramos la clave de las miserias que asolaban al ser humano desde que el mundo es mundo. El hambre de los campesinos durante la Edad Media podemos conocerla a través de los libros de Historia, pero nunca con la intensidad con que la intuimos a través de cuentos como Pulgarcito o Hansel y Gretel: entonces el campesino enviaba a sus hijos al bosque, para que se los comiesen las alimañas, antes que ver cómo morían de hambre en su casa. ¿Y dónde podemos apreciar mejor la perversidad de los sentimientos humanos que en Piel de asno, con ese rey que se enamora de su hija? En Las habichuelas mágicas se da una lección caballeresca: que hay que matar a los gigantes porque son gigantescos. Es una revuelta contra el orgullo como tal. Porque la rebelión es más antigua que todos los reinos. Contamos con la gran enseñanza de La bella y la bestia, que revela que es necesario amar antes de que el objeto de nuestro amor sea digno de ser amado.
Los cuentos son la voz del pueblo. ¿Cómo podríamos saber de la crueldad del señor feudal, sino a través del personaje del ogro? El ogro es el señor feudal que quitaba vidas y haciendas, que sorbía a sus súbditos la sangre, que se los comían literalmente. Destesto a todos los que han contribuído a escamotear los finales de los cuentos de hadas. Por ejemplo, el final demoledor con que Andersen clausura El patito feo, después de que el protagonista haya descubierto que en realidad es un cisne: "Y entonces se sintió enormemente solo", escribe Andersen. No hay esperanza para el que destaca, rodeado de mediocres: su destino es la soledad. Y pensemos en la terrible alegoría de La bella durmiente, de Perrault, donde nos cuenta cómo la criatura humana fue bendecida con todos los dones al nacer, pero recibió la maldición de la muerte y cómo quizás ésta pueda dulcificarse convirtiéndose en un sueño. Esa niña que estuvo durante cien años dormida, hasta el primer beso de amor. Y nos han robado el final, en el que la madre del Príncipe Azul resulta ser una ogresa caníbal que intenta hacer creer a su hijo que La bella durmiente se ha comido a sus propios vástagos. La vida no es sólo el primer beso de amor: después viene la convivencia con una suegra horrible, que quiere comernos y a nuestros hijos. Una suegra que muy bien podría representar la sociedad represora.
Creo que una de las razones de que los niños se han olvidado de leer cuentos es esta manipulación, que a ellos les suena a moralina y a censura. Porque los niños soy muy inteligentes; luego se vuelven tontos, cuando crecen.
12 comentarios:
Afortunadamente a ti te queda mucho de niño (y que sea por mucho tiempo) y lo digo por lo de la inteligencia y por este razonamiento tan acertado acerca de la literatura infantil.
Es un placer leerte-
un abrazo
Es muy emotivo, muchas gracias, mi descanso de la guerrera. Ahora quisiera ser como la princesa dormida de esa foto.
Lo voy a fotocopiar y colgarlo en la pared encima de mi ordenador.
En marzo estuvo Javier Marías en Frankfurt, fui a oírle y le llevé una copia encuadernada de El Castillo de irás y no volverás (el cuento que siempre le contaba-leía su madre) y me encantó cuando una sonrisa de niño asomó a su cara, oí de su voz un secreto que yo no conocía: "Yo me parezco a mi madre".
Son los niños los que deberían escribir sus propios cuentos.
Besos
A mí tampoco me leían cuentos, pero siempre me han fascinado y lo siguen haciendo. He disfrutado mucho de tu entrada, querido Paco.
Besos y un fuerte abrazo
Chapeau, Francisco. Los cuentos, como el refranero, son el depósito primigenio de la sabiduría acumulada. Efectisvamente, luego viene Disney, y la sabiduría se va al garete. Lo políticamente correcto acabará por convertirnos en amebas.
Abrazos.
Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com
Maldita sea! Otro post que me hace ponerme melancólico. Vuelvo a descubrir que de niño fui muy feliz y ahora pienso que no lo soy tanto.
Al crecer nos volvemos estúpidos. No tiene remedio.
Un abrazo
Esta entrada es un derroche. Me voy a apuntar un par de frases que utilizaré sin vergüenza ni remordimientos.
Saludos.
Nunca escribiremos cuentos para niños, pese a que hay buenos intentos. Los cuentos para niños son para adultos, como tú lo dices. Son como los tangos: Se componen para todos incluyendo a los jóvenes, pero los jóvenes gustarán (y amarán) los tangos cuando ya la vida los haya madurados.
Mi nieto de 5 años crea cuentos hablados mientras juega. Sin embargo, se han contaminados con las historietas agresivas de la TV que provienen del Japón y de otras culturas.
Como siempre me encuentro a gusto con tus escritos. Abrazos.
Yo también tengo en mi entrada una bella durmiente... feliz coincidencia. Ella tampoco sueña con mundos de rosa.
Esta tarde justo haré un curso sobre la creación y recreación literaria de las formas recibidas de la tradición. Los cuentos de hadas tienen un universo inacabable de interpretaciones: a mí me fascinan.
Me encantó este posteo.
Un beso.
Sé todos los cuentos
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.
Hace tiempo que dejé de creer en ellos;)
Gracias por pasarte y por la invitación, se te echaba de menos.
Besos, Machuca.
Me ha encantado este post, me encantan los cuentos, siempre me han gustado, y eso que me leian cuentos de pequeña, he querido que me los siguieran contando de mayor, pero es una tarea díficil, plas, plas, plas.
Un abrazo Paco,
Los niños son inteligentes y nada retorcidos. Saben identificar lo bueno y lo malo a la primera. No tienen esa necesidad de ocultar todo lo que no deseamos ver, que caracteriza a los adultos.
¡Caca!, señalan, cuando se cagan.
Desde la cita inicial de Michael Ende hasta el magnífico párrafo final fue una gozada leerte. Me encantó tu reflexión acerca de los cuentos, Francisco.
Un fuerte abrazo.
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