La adaptación cinematográfica de la obra de Miguel Delibes llega en uno de los momentos más importantes del cine español. El apoyo institucional, la recuperación de grandes actores y la maestría de un impecable director, aseguran la calidad de un producto que se puede conocer antes de que haya finalizado su rodaje. Los santos inocentes (1984) condiciona una primera y, quizá, definitiva mirada, a la lectura y análisis de los aspectos que la conforman como pilares inamovibles: el trabajo de Mario Camus, la historia-novela, los actores y el escenario circundante, cargado de una emotiva belleza, trágica y desoladora.Mario Camus ha demostrado, a lo largo de su dilatada carrera que adaptar una obra al cine, tal y como la recibe el lector, llevaría a cometer multitud de errores que irían desde el hermetismo al desconcierto. Se hace, pues, necesaria una reinterpretación de todos aquellos elementos, humanos y objetuales, que conforman el todo de la acción. Los santos inocentes, pues, se convierte en una reflexión, amable y agresiva, del desequilibrio social, de la marginación, el descontento, de la negación, del sentimiento en favor de saludables despropósitos. Camus se encuentra con una novela que es todo un manantial de imágenes que se agolpan en la mente del lector que desliza su mirada por cada una de las líneas de la historia. A través de ella se descubren las dos formas de vivir: el que nace para servir y el que manda; y dos manera de pensar: el que reconoce su condición de ignorante y el que vive siendo ignorante (aunque utilice su nivel cultural, la palabra, para dominar al asombrado criado, que siempre había tenido de sobra con la pequeña batalla librada con "Las cosas de la gramática"). Los primeros han tenido la fatalidad de nacer a un mundo en que todo es miseria, enfermedad, locura, deformidad; los otros creen saber aprovechar su suerte. Paco, el Bajo y su familia se resisten a contrariar a su "señorito" y éste disfruta doblegando a cada instante la triste vida de los pobres infelices: es la santidad e inocencia de los pobres que mueren nada más nacer. Con todos estos elementos, y otros muchos más que se deslizan de su lectura, Mario Camus supo, con buen hacer, evitar cualquier matización posible. El drama emerge a través de las imágenes por su propio pie, nadie condiciona ni perfila la intención del mismo. La narración anima a cada instante a ser partícipe de la historia. El acierto de una película está en conseguir, precisamente, y como ocurre en Los santos inocentes, este acercamiento individualizado.
El realismo de la historia se transmite en cada imagen con una fuerza hasta ahora no vista en ninguna producción española. Mario Camus ha conseguido llevar a buen puerto la película, porque contó con un plantel de actores que han podido demostrar de forma definitiva, y gracias a la participación directa del propio Camus, su profesionalidad. Paco, el Bajo (Alfredo Landa) sorprende por su humanidad y resignación: no sólo ha de satisfacer las exigencias de su "señorito Iván", sino que ha de cubrir todos y cada uno de los feos que le hace su cuñado Azarías (Francisco Rabal). Paco, el Bajo es un personaje que rebosa sencillez, capaz de preocuparse por el misterioso asunto de las letras y descubrir con su olfato la presencia de cualquier humano o animal. Régula (Terele Pávez) es todo bondad: abrir y cerrar el portón, cuidar de su hermano Azarías, limpiar a la Niña Chica; sólo se atreve a soñar cosas bonitas para sus hijos.

7 comentarios:
Muy buena reseña, me ha gustado. Ya se merecía Camus el reconocimiento próximo.
Saludos.
Me quedan varias imágenes de la película, sobre todo de la "Niña chica", pero hay una especial: la de Azarías calentandose las manos con su propio meado; supera a las muy acusatorias del capataz cornudo y consentido.
Un abrazo.
Descubrí hace poco tiempo esta película gracias al ciclo "Libros filmados" y a Don Alfredo Moreno. Me pareció estupenda. El papel de Alfredo Landa y esa última imagen en la que se ve al matrimonio ya mayor, sumido en la oscuridad, sin ningún tipo de futuro me parece de lo más sobrecogedor que he visto.
Alberto Q.
Lo malo que aunque esos "miserables" estén en ese entorno su vida sigue siendo "nula" o carente de alicientes. Eso sí, al menos ahí sí saben defenderse.
Una de las mejores películas españolas que se han hecho nunca.
Saludos
"Los santos inocentes" es una obra irrepetible. Un impagable retrato de la España rural, la de cortijos y señoritos, con todas sus miserias y su crudeza. Impresionantes las interpretaciones de Landa y Rabal.
Magnífica reseña, amigo. Un fuerte abrazo.
Yo me quedo con Mary Carrillo, su trasunto de Franco y su régimen y, por extensión, de una de las Españas que se enfrentan desde 1808 hasta nuestros días. Cuando sale al balcón, vitoreada por los cuatro aldeanos que rivalizan en emocionado homenaje y sordos recor y odio. Y cuando reparte las "limosnas" por la comunicón de su nieto, pregunta al campesino por sus hijos y sus cerdos, y dice eso de "no me iré sin verlos; y a los niños...". Colosal metáfora de las miserias de España en la que Goya anda por ahí más de lo que resulta evidente a primera vista.
Abrazos, amigo.
Uno, deteniéndose únicamente en la primera foto que ilustra tu entrada, ya sabe a ciencia cierta que está frente algo gfrande. Frente a una película muy grande.
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