lunes, 15 de noviembre de 2010

Luis García Berlanga

Berlanga en su obra relata la vida agridulce de la realidad, del vivir de unas gentes en las que la fábula, la ensoñación, a la vez que se les hace irresistible, no le servirán para solucionarles sus pequeños-grandes problemas. Se convierte así, la plástica cinematográfica, en una forma artística de plasmar, a través de unos fotogramas, la crónica sencilla y diaria de una pareja, de un pueblo, un personaje, a los que rodea y sitúa en un ambiente tierno, escéptico, cruel, irónico. La vida de sus personajes son un resultado del análisis personal de todas aquellas cosas, mundos, gentes, ambientes por los que deambula a diario el realizador. Sin embargo, en cada una de sus películas no trata directamente ese entorno, en realidad que ve, sino que la arropa de una fina comicidad e ironía que raya en gran medida la sátira.

El cine de Berlanga es sugerente en sus manifestaciones. Las secuencias no son aisladas en las complejas situaciones, sino que persisten en esa complejidad aprovechando lo que pudiese entenderse como desacierto: pluralidad de sonidos, travellings envolventes, una sencilla planificación, planos secuencia que conservan las unidades del tiempo, lugar y acción, profusión de espontaneidad y simultaneidad de los hechos. Berlanga fue dando estilo a su obra y sus siguientes trabajos van a ahondar en su carácter personal.



Esa pareja feliz (1951), codirigida con Juan Antonio Bardem, supone el punto de partida para el cine de Berlanga, quien se presenta como un realizador estrechamente arraigado con el sentimiento y la vida del pueblo español. Su honradez es inquieta, deslumbrante, llena de improvisación, y sus comprensivos descuidos cinematográficos dan más brillantez y frescura a los temas. En Esa pareja feliz nos habla del error en que vive la sociedad pensando que la felicidad llega de la noche a la mañana. Una pareja de recién casados inicia la vida en común dándose cuenta de lo difícil que es para ellos la existencia cotidiana. Todo ese mundo maravilloso que los medios de comunicación ofrecen a diario no existe. En un concurso son elegidos "La pareja feliz". Durante todo un día numerosas firmas comerciales les hagasajan con regalos, son llevados de un lado para otro en su flamante coche, y cuando regresan a casa se encuentran cansados y vacíos.

La ensoñación feliz continúa en ¡Bienvenido, Míster Marshall! (1952), película que sirve de espejo nacional, en el que se puede observar la realidad de una desilusión fruto de esa continuada búsqueda de un milagro social. Plenamente entrocada con los planteamientos neorrealistas, en esta película la colectividad es la doblegada por su propia realidad, una realidad humanizada, poética, solidaria, que después de soportar todo tipo de incongruencia, continúa con su vida, en silencio. Berlanga desarrolla un cine crítico, emparejado en cierta medida con las corrientes europeas del momento. Novio a la vista (1953) prorroga su línea de caricaturizar unos personajes, unos ambientes, que sirven de modelos de la situación social del momento. La controversia del enfrentamiento contra lo arcaicamente establecido sirve de punto de arranque para desarrollar una trama en la que la infelicidad adolescente ha de superarse con un compromiso de intereses, en el que la madurez demuestra mantenerse alejado de todo sufrimiento.



En Calabuch (1956) la digresión de la sociedad se ve reflejada en la posición del individuo que intenta enfrentarse a ella. La colectividad sigue conformando esa unidad, pero ahora se critica desde uno de los componentes de la misma; se produce, pues, una autocrítica. El egoísmo se va adueñando de la sociedad y la persona se encuentra cada vez más alejada de su entorno. Y si en Plácido (1961) convergen todas y cada una de las conductas sociales que lo van a llevar a su desaparición, en El verdugo (1963) se produce el sometimiento de un hombre a unos intereses ajenos a su conducta y a su modo de pensar. Se refleja la crueldad y opresión de un medio que transforma la vida de uno de sus componentes. Con un lenguaje abierto, dispar y mordaz, Berlanga nos ofrece la tragedia de un hombre que, obligado a casarse con la hija del verdugo, por problemas de habitación, se ve llevado por la fuerza, a efectuar una ejecución. En la sonrisa del espectador se cierra la tragedia, revulsivamente agria del personaje. Y como ya era constante, Berlanga no se vio sorprendido cuando hábiles censores tergiversan la narrativa de Los jueves, milagro (1959), película considerada por los mismos implicados, como la más sincera y abierta de las que hasta aquel momento habían tratado el tema religioso en el cine español, falto de juicios, rechaza la obra.

En 1967 Berlanga realiza Vivan los novios. La opresión religiosa y maternal hacen que el personaje se conserve en la ingenuidad infantil y sus sueños reales sean inalcanzables por la represión decisoria en la que se encuentra. Con esta película se completa una gran etapa de la obra del gran realizador, en la que obviamente hay que evitar aquellos trabajos que no se ajustan a los postulados principales. Casi veinte años en los que la filmografía de un autor, que pudo ofrecernos más y mejores películas, se vio fuertemente coaccionado con continuas trabas que en muchos momentos obligaban al abandono.

Después de este paréntesis, Berlanga retoma aquellos temas que le son más conocidos y próximos, que nacen de la realidad en la que vive. Colaborando una vez más con el añorado Rafael Azcona, guionista con el que trabaja desde 1961 y que, sin lugar a dudas, provoca un cambio importante en su obra, escribe el guión de La escopeta nacional (1977). Berlanga, con su crítica aguda y mordaz, se constituye en cronista cinematográfico de la vida española. Los entresijos de pasillos, la decadente sociedad que se desmorona con sus palacios, se refleja en su brillante trilogía: La escopeta nacional, Patrimonio nacional y Nacional III, influido por la llegada de la democracia y la evasión de capitales.

Berlanga fue el maestro de la cinematografía española. Su humor negro, su indescriptible genio sarcástico, le convirtió en un autor ágil, de narrativa fluida y abierta a todas las sensibilidades, conocedoras del presente que le tocó vivir. El cine de Berlanga ya pertenece a un rinconcito de nuestros corazones malheridos de una España que muere y otra que bosteza y, que ha dejado de tener un cronista irrepetible.

9 comentarios:

Kinezoe dijo...

Gran homenaje el que le rendiste a Berlanga, amigo. Sin duda, este ilustre valenciano estaba a la altura de los más grandes. Yo creo que los tres directores con los que mejor me lo he pasado viendo cine eran Wilder, Hawks y Berlanga. Se me ha ido el último.

Muy buenos títulos todos los que mencionaste. La de "Novio a la vista" la tengo ya muy olvidada. Leyéndote, me entraron ganas de volver a verla ;-)

Un fuerte abrazo.

Marcos Callau dijo...

Completísimo tu homenaje, Paco. mi preferida, "Calabuch". Un abrazo.

Anónimo dijo...

muchas gracias por la data newegg code
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LAPOR dijo...

hola, haces muy bien en dedicarle este merecido homenaje en clave de retrospectiva. Lo bueno es que se sabe q él forma parte de nuestro imaginario y es patrimonio.
Es extraño el caso del cine español; la noción de cine de autor apenas ha existido. Sus mayores referentes siempre han estado muy ligados al pueblo. Las 3 grandes Bs del cine español: berlanga - bardem - buñuel ponían toda su alma en contar historias, que eran el absoluto vivo reflejo de lo que estaba ocurriendo, como ya nunca ha vuelto a pasar.
el caso es que me encantaría que las filmotecas -y seguro que lo harán- le dediquen un ciclo y se pueda ver su filmografía al completo, que aun me queda mucho que ver.
chao, hasta otra

Beatriz dijo...

Para un gran ser humano, un hombre inteligente y un cineasta honesto, de mirada profunda y sacarcástica con la sociedad que tan bien supo reflejar, una excelente semblanza la tuya Francisco.
Es un placer leerte-
Saludos

babel dijo...

Como bien dices, se fue un cronista mordaz e irrepetible de nuestra historia, merecido el homenaje, pues. Si me dieran a elegir, me quedaría con Placido y El Verdugo.

Saludos.

Licantropunk dijo...

Gran entrada. Y no has dicho austrohúngaro ni una sola vez.
Saludos.

39escalones dijo...

Creo que sin temor a equivocarse puede catalogarse a Berlanga como "el Ford" español. Obviamente, no por su técnica, ni por sus géneros, ni por su poesía visual, sino por su carácter de cronista de una realidad histórica, política, económica, cultural y social, de un país hecho añicos, víctima de la teología.
Abrazos.

Raúl dijo...

Fíjate.
Yo siempre he pretendido (me he imaginado) que el mensaje que esconden las películas de Berlanga, era siempre casual. Que nunca fue preterintencionado por el autor, sino que, al contrario, éste surgía por sorpresa como brota la hierba en un páramo aparentemente yermo.

Siempre me he imaginado, por tanto, que lo único que prentendía el genio era divertirse, jugando a burlarse de sus fantasmas y de sus obsesiones.

Sé que no es así. Pero no es menos cierto que su arte, aparentemente tan espontáneo y sencillo, invita a pensar en lo que sólo es natural, en lo que nace únicamente porque tenía que nacer; sin perjuicio de que después (como le pasa a los árboles, como anuncia el sol o también el viento) advirtamos en él la complejidad y la hondura que siempre guardan las cosas bellas.

Esa es la magneficiencia de los genios.

Claro que me ha gustado la entrada, Paco.