lunes 13 de diciembre de 2010

Cuento de navidad

Lleva, no sé cuanto tiempo enclaustrado, no atreviéndose ni a sacar la nariz por la ventana, ni sobre todo a aparecer en el balcón, asfixiado por las terrazas vecinas; aún menos arriesgarse a salir a la calle, donde se expondría a las redadas masivas. El aislamiento impuesto por la mediocridad del medio. En ningún momento se siente atribulado ni le domina la tristeza o la depresión. Le ha tocado vivir un tiempo, como cualquier tiempo, abocado a un final. No termina nada. No empieza nada. Hace tanto tiempo que intentamos sobrevivir a base de dinero, sexo, envidia, bienes inmuebles, fútbol, televisión, alcohol..., piensa. Se ve claramente que no pide nada a nadie, que trabaja a tiempo parcial para su conveniencia, y que en este mundo con su filosofía no puede verse nunca asombrado o turbado. Está, como suele decirse, curado de espantos. Sabe que el desencanto ante la existencia en general alcanza a los diversos fenómenos sociales del ser humano como de los supuestos beneficios de la civilización, la cual ni suprime definitavamente las necesidades básicas ni ahuyenta nuestras más profundas inquietudes; antes al contrario, en algunos casos, las acrecienta. El mayor reproche que cabe dirigirle es que, en lo esencial, no aporta nada. La civilización es la enfermedad con la que el ser humano ha pretendido curarse. Sigue pensando: las cosas irreales han determinado nuestras vidas mucho más que las reales.

Al fin decide salir a la calle para airearse. Lo increíblemente tragicómico, piensa, es que hayamos perdido la cabeza sin habernos dado cuenta que los que caminan por las calles, los polígonos industriales, los centros comerciales, etc., son meramente cuerpos sin cabeza. Somos seres reducidos a necesidades elementales: comer, cohabitar, trabajar y consumir. Y por otro lado, el afán de rodear la vida de seguridades, de vallas, para que nadie se pierda ni se ausente. No se siente identificado ni atraído por el mundo que los demás representan; representación de lo inauténtico, de lo falso, del engaño, de los tabúes e ideas preconcebidas. Quizá nos daremos cuenta, o no, cuando pase la tormenta; todo presente es siempre una tormenta. De momento la vida de los seres humanos continúa siendo absurda e inútil, y todo lo que hace o emprende confirma su absurdo y su inutilidad. Él, de esa agencia, que se ha convertido, desde hace muchos años, en el sitio de partida de sus propios funerales.

Se encuentra con dos indeseados. Lo arrollan y se lo llevan al bar más cercano. Él insiste que no tiene tiempo. Pero ya está sentado a una mesa. Su supervivencia se conecta automáticamente. Está preparado para satirizar las vanidades e idioteces del mundo. Hoy te veo algo alicaído. Ya andas con tu famoso bajón. Vamos, que vuelves a estar deprimido, le dice uno. ¡Que ya estamos en navidad! le dice el otro. Manifiesta tal cansancio interno por el constante ajetreo humano sin ningún objetivo, por las conversaciones triviales... el absurdo, la desesperación existencial, la inmóvil vacuidad de los días. Piensa: somos tan superficiales, tan vanos, que casi nunca diferenciamos una conducta de una vida. Buscamos el ingenio y encontramos la necedad. La idea de un mundo imposible de someter a un proceso de racionalización.

Menuda desidia que arrastras. ¿Pero es que nunca deseas nada? Lo que antes era síntoma de lucidez ahora se ha convertido en síntoma de depresión, piensa. Parecían como si todos, de común acuerdo, quisiesen convencerme de que yo estaba dejando pasar la gran oportunidad de mi vida. Recuerda una máxima de La Rochefoucauld que decía que antes de desear una cosa conviene comprobar la felicidad que encuentra quién la posee. Se ha creado un mundo de necesidades inútiles. Los intereses creados es una forma de totalitarismo. Por esta razón cuesta más vivir sin nada que vivir colmado de inutilidades. Recuerda que Aristóteles escribió que la paideia, la educación, era sobre todo educación del deseo. Se puede desear mucho y siempre será demasiado poco. Pero lo que deseamos poseer siempre es demasiado. Quienes tienen menos de lo que desea, ha de saber que tiene más de lo que vale. La racionalidad del deseo es incompatible con la de la moral. ¿Pero es que no deseas nada? Repetición de la pregunta. Se dijo que personas así son capaces de ensuciar todo con una mirada de mi amodorramiento, de un bienestar animal. ¿Conocéis el viejo cuento de los tres deseos? No. Una hada concede tres deseos a una pareja de campesinos muy pobres: ¡Quisiera una espléndida salchica!, exclama la mujer. Y he aquí que la salchicha surgía ante sus ojos, provocando la ira del marido: ¿Estás loca? Derrochas así uno de los deseos. ¡Ojalá que la salchicha cuelgue para siempre de tu nariz! Y he aquí que cuelga de la nariz de la mujer, de la que sólo el tercer deseo podrá liberarla. Cada deseo es derrochado para remediar en el último momento la imprudencia del anterior.


Hablan y hablan. Se interrumpen constantemente para verificar por desconocimiento de lo hablado, a través de Google por mediación de sus móviles. Después aprovechan para revisar el correo, total, para acabar preguntándo cuando se desconectan de sus artilugios: ¿por dónde iba? La ciencia se entrega al fetiche del progreso. La comodidad es el antecedente del aburrimiento. ¿Habéis visto o leído Días felices de Samuel Beckett? No. La protagonista está enterrada en la tierra y lo único que todavía permanece a su alcance son las cosas. Y se pasa todo el tiempo jugando con ellas, peleándose y haciendo las pases, en ellas están toda su vida. Fuera de las cosas, al margen de las cosas no le queda nada. Necesitas ir a un buen centro comercial y comprarte ropa, comprarte un móvil, ponerte internet en casa y hacer amigos a través de Facebook. No conviene atesorar. Todo lo que creemos poseer nos será quitado. "No es bueno que todo suceda como deseamos", Boussuet, recuerda él.

De modo que este encuentro ha consistido en toda una prueba de resistencia ante los acosos de la rutina o las abulias de lo demasiado previsto, piensa. Se levanta. Paga la cuenta y dice que se siente muy cansado. Nada te hace más fuerte que admitir tu debilidad, se consuela. Quienes hablan de valores de un mundo futuro debería saber que esos valores venideros sólo saldrán de los que incubemos en el mundo presente. Sale a la calle. Casas de buena apariencia que por dentro habitan sombras arruinadas, mendigos de oro. Camina anónimo y algo melancólico. Quizá no conoce el amor. Se pierde en los meandros de las calles y de la tarde, desapareciendo en la sombra como un día que se acaba. En el cielo nadie ve a los tres fantasmas del tiempo que se dan de cabeza entre ellos. Suenan villancicos en un centro comercial muy cercano.



14 comentarios:

Beatriz dijo...

Había una vez un cuento que se parecía tanto a la vida misma...

Simplemente era "Un cuento de Navidad" que leo en tu post y que recomendaré

Felices fiestas-

s a n d r a dijo...

Yo diagnosticaría,en efecto, falta de amor. Qué lástima, pienso muchas veces, la de amaneceres y olores que se pierden los que ya se fueron.
Quizá sí hay mediocridad, falta de raciocinio y muchas más cualidades ejemplares, pero esto va en el "pack" de las comodidades que nos ofrece la civilización. Te imaginas pasarnos medio día para ir a buscar solamente un cubo de agua?

A parte de mi diagnóstico, este cuento está cojonudamente bien escrito!

Un beso

Miguel Sanfeliu dijo...

Un cuento melancólico con muchos puntos para la reflexión. Estas fechas consiguen, en muchos casos, hacernos sentir más solos, por paradójico que pueda parecer, y eso lo expresas muy bien en este cuento.
No obstante, Feliz Navidad, Francisco.

39escalones dijo...

Sin palabras, amigo Paco. Menos mal que Internet también trae otras cosas más gratificantes que ayudan a no sentirse solo y a conocer gente con la que compartir este relato anti-Dickens...
Abrazos.

Raúl dijo...

Relato anti Dickens, lo llama Alfredo, y parece acertada la ocurrencia.
Me ha gustado desde la sordidez que se respira.

Mita dijo...

Se acepta en general el desencanto como una realidad, quizás es más cómodo así porque luchar por ser quien uno mismo es, desbaratar esquemas que sobre uno mismo construyen, los otros y la sociedad, poder seguir asombrándose de lo que "el otro" percibe en ti...es difícil, imponerse y negarse a aceptar que es posible "estar de vuelta de todo" (porque eso es imposible), rechazar el aislamiento interior, rechazar esa especie de tristeza colectiva que tiene que surgir por oposición a esa alegría circundante como si fueran una obligación tanto la una como la otra, ...todo eso requiere una especie de "autoafirmación".

La rutina, las conversaciones triviales, el vacío de la cotidianeidad, la sencillez, la lentitud son unos valores muy positivos, presuponen una cierta armonía y descanso.

La gente ha pasado de proteger su intimidad a querer ser el centro del inmenso escaparate multimedia. Y la mayoría de las veces lo hacen gratis!! Eso sí que es incomprensible. Hable aquí, cuelgue fotos allí, llame así, conéctese...una maquinaria dividida en parcelas donde el verbo predominante es la forma del imperativo. Alucinante esa aceptación sin más.
Claro que también la red ofrece millones de otras cosas, positivas.

¿No conoce al amor? ¿No lo conoce porque no lo siente o porque no lo han sentido hacia él?
Se pueden amar tantas cosas.

Y...al fin y al cabo esto es un cuento, es decir, una irrealidad (de la que estamos hechos) donde uno puede escribir sobre perlas, amores, tesoros escondidos...porque hay que presuponer que estas cosas existen, el que presupone...encuentra, el que nada cree ni presupone, no encuentra nada.

Y la casita esa del villancico, de madera, ventanas de luces de velas y mogollón de nieve...es...real.

"Nada te hace más fuerte que admitir tu debilidad"...ufff, esto me ha encantado.

Felices días de fiesta

Mita dijo...

No hay que aceptar el desencanto como una realidad.

Es imposible "estar de vuelta de todo" , imposible.

La rutina, la sencillez, la lentitud, lo cotidiano puede ser enormemente placentero...(basta solo perderlo)

¿No conoce el amor porque no lo ha sentido o porque no lo han sentido hacia él?

Estamos hechos tanto de realidades como de irrealidades, eso es evidente.

Y esto es un cuento, y por tanto podrías escribir sobre cosas que hay que presuponer que existen, tesoros escondidos, amores, perlas, felicidad, sonrisas, maravillas escondidas...porque quien presupone, encuentra; el que nada presupone, no encuentra nada.
¿no?

Mira esa casita de la foto del video...de madera, de luces que vienen de velas, cálida, ...la nieve fuera...pues ...es ...real!

:) Felices días de fiesta desde por la mañana hasta la noche y también durante toda la noche!

mindinmungui dijo...

Bufffffff, Navidad...
También yo me he quedado sin palabras, hoy a mediodía miraba a los no muertos con sus super-aguinaldos en la mano, y pensaba...
Genial post Francisco, un abrazote.

Marcos Callau dijo...

y más villancicos, y más villancicos... y vuelta a empezar. El día a día cansa, por vulgar, porque siempre es igual. Al final llega el hastío de la navidad, una vez más pero diferente y pero que el resto de las que conociste... Buena manera de transmitir esa inconfundible tristeza que contagia este tiempo. A pesar de todo, felices fiestas, mi buen amigo y millones d eagradecimientos por esas palabras tuyas llenas de cariño en el blog del amigo Kinezoe. Abrazos.

Kinezoe dijo...

Uf!! Estoy hay que digerirlo poco a poco, amigo. Melancólico, desesperanzado, falto de objetivos... La verdad es que si uno se para a pensar es todo deprimente, por eso a veces es mejor meter la directa y dejarse llevar por la inercia. Mecanismo de defensa... Está claro que la educación del deseo es uno de los puntos clave en este asunto, pero la gente está muy perdida. Estamos todos muy perdidos. En cualquier caso, ¡Feliz Navidad!

Gran entrada, Francisco. Un fuerte abrazo.

chanclas dijo...

Solo diré: "qué tremendo castigo es a veces la inteligencia"
Un abrazo.

Mita dijo...

jajaj, ayyy, que he salido doble...Paco!
Me estoy riendo porque Raúl se asombró de que te diera el apelativo (mundano y cosmopolita, según él...de "Fran"

Libre Albedrío dijo...

La realidad de muchos vs la realidad de los otros.
Bonito cuento-realidad.

Felices Fiestas

mi nombre es alma dijo...

A mi lo que me parece más desasosegante es que unos pecen en el rio beban para ver al dios nacido. Eso si que da miedo. (sonrío)