
"Mamá y papá eran un par de críos cuando se casaron: él tenía 18 años, ella 16 y yo tres." "Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que estaba embarazada, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de sufrir un ataque cuando se enteró. Era buena gente que nunca había oído hablar de cosas semejantes en su barrio de Baltimore." "Pero los dos críos eran pobres, y, cuando se es pobre, se crece deprisa." "Es un milagro que Sadie Fagan, mi madre, no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero ella me quiso desde el mismo instante en que notó en su vientre un suave puntapié mientras fregaba suelos. Se presentó en el hospital e hizo un trato con la directora, para pagar su estancia y la mía, se ofreció a fregar suelos y atender a las demás mujeres que esperaban tener a sus hijos. Trato hecho: mamá tenía 13 años ese miércoles 7 de abril de 1915, cuando yo nací en Baltimore."
Palabras duras para el comienzo de una autobiografía, pero toda la vida de Billie Holiday fue dura, muy dura, y la cantante de jazz más grande de todos los tiempos no quiso ni evitar ni camuflar esa dureza cuando, cuatro años antes de morir, se decidió a relatar su vida en primera persona. Lady Sings the Blues es un libro doloroso, pero más dolorosa aún fue la vida de Lady Day; tragedia y dolor que se traslucen en todas y cada una de sus interpretaciones. Incluso en las aparentemente más alegres que hicieron de ella la voz más estremecedora de toda la historia del jazz, la cantante de jazz por excelencia. Una voz que no admitía ningún tipo de comparación: Billie Holliday no imitó a nadie; después, todas las cantantes la han imitado a ella.
Su padre repartía periódicos a domicilio cuando ella nació, pero soñaba con ser trompetista de jazz. Finalmente acabó siendo un mediocre intérprete de banjo y guitarra. Influyó muy poco a la pequeña Eleanora (nombre verdadero de Billie) ya que su matrimonio se rompió de forma prematura a consecuencia, precisamente, de las largas giras del guitarrista.
Tras el abandono, Billie creció con su madre, que seguía fregando suelos para malvivir en uno de los peores barrios de Baltimore. A los 10 años, Billie trabajaba también como fregona en uno de los burdeles de la ciudad, que tenía la suerte de poner una victrola. En ese burdel Billie entró en contacto por primera vez con las canciones de Louis Armstrong y Bessie Smith, gastándose una parte de su sueldo en hacer funcionar la victrola.
Cuando Billie todavía tenía 10 años, uno de los huéspedes que su madre alojaba en casa para redondear la economía familiar la violó al regresar de la escuela. Tras ese incidente y viendo las pobres perspectivas que ofrecía la ciudad, madre e hija se trasladaron a Nueva York en 1929. En la ciudad de los rascacielos, y a escondidas de su madre, Billie se inició a las artes de la prostitución en un elegante burdel. La experiecia no duró mucho debido a la intervención policial. Billie fue a parar a la prisión de Welfare Island. Al parecer, durante su estancia en el burdel entró en contacto por primera vez con la marihuana. Tras ese primer arresto de cuatro meses, Billie decidió decantar su vida profesional hacia la música de cabaret.
El crescendo trágico de su vida privada, en un sinfín de desengaños amorosos y su cada vez más pronunciada tendencia al alcoholismo y la drogodependencia iba emparejada con el reconocimiento. En 1947 fue arrestada de nuevo por posesión de estupefacientes. La prensa sensacionalista aprovechó para maltratar a la cantante, afirmando, no sin cierta razón, que las drogas estaban alterando su salud y también su voz. En 1952 tuvo que ingresar bajo control policial en un centro de desintoxicación de Belmot. La prensa se cebaba de nuevo para lanzar una nueva campaña de desprestigio contra la cantante. A partir de ahí, sus problemas con la policía fueron constantes y siempre aireados por la prensa. Los sinsabores de Billie culminaron con la retirada de su tarjeta profesional para ejercer como cantante en lugares en los que se vendiera alcohol (categoría en la que se incluían todos los clubes).
En su primera gira europea, ella se sorprendió de la acogida que había recibido y manifestó su intención de quedarse en el viejo continente; sin embargo, al acabar la gira regresó a los Estados Unidos. Su salud se resquebrajaba. En 1958 visitó por segunda vez Europa pero ya no era la misma Lady Day a quien el público había aclamado pocos años antes. Un patético documental de la televisión británica (existe copia en DVD) nos muestra a una Billie casi esquelética, con el horror de la muerte reflejado en sus ojos, esforzándose por no dejar de ser lo que había sido; poco quedaba de su voz, pero su personalidad al atacar cualquier canción seguía siendo desgarradora.La persecución policial cedió con su regreso a los Estados Unidos, no se le devolvió su tarjeta profesional y Billie vivió sus últimos días sin poder pisar un club. Su última aparición pública fue en un recital benéfico a principios del mes de mayo de 1959. Días después ingresó en el Metropolitan Hospital de Nueva York aquejada de problemas hepáticos y cardíacos. Mientras estaba ingresada, la policía neoyorquina volvió a acusarla de posesión de estupefacientes y se dictó arresto hospitalario, colocándole un policía de vigilancia en la misma habitación. A las tres de la madrugada del 15 de julio de 1959 fallecía en ese mismo hospital, tras diez semanas de ingreso y arresto con la mano derecha esposada a la cama.
Nunca he podido olvidar esta última imagen de la vida de mi admirada y querida Lady Day.
8 comentarios:
Me apetece mucho leer esta biografía de la mejor cantante de la historia del jazz. cuánta razón tienes cuando afirmas que todas las voces han sido influidas por ella y que ella no copió a nadie. Ese es el secreto. Ella es original y auténtica, irrepetible por tanto. Su voz es tn trsite que resulta desesperada. Como digo, haré lo posible por leer este libro.
Y algunos artistas pierden el culo por almacenar supuestas "experiencias vitales", pero, eso sí, con arnés de seguridad y tarjeta Visa contraimprevistos. A esto lo llamo yo antecedentes de vida.
Brava mujer.
Qué trágica vida. Mitos construidos a golpes a los que hay que tenerles mucho respeto. Y disfrutarlos, claro.
Saludos.
Pues fíjate que yo la "descubrí" hace apenas un par de años, y desde entonces no hay una semana que no escuche alguno de sus discos. Esa voz rezuma dolor, pero a ti que la escuchas te reconforta, es un milagro.
Abrazos, amigo.
Impresionante vida la de esta mujer, y esa voz...
Impresionante también este post Paco, me ha encantado.
Abrazos,
Tengo poca costumbre de releer mis libros sin embargo su biografía, no sé qué tiene pero esta escrita de verdad, desde lo más hondo pero con un lenguaje simple y de la calle.
Todo el mundo debería admirar a Billie y a tantos artistas de su generación. Apenas quedan auténticos genios a quienes adorar por su arte.
Felcidades por tu blog
Se me olvidó comentar que el mejor modo de disfrutar de la lectura es darle al play al álbum que ilustra tu post, Lady in Satin. Es imposible no conmoverse.
Es impresionante leer cómo la tragedia se cebó con Billie Holyday. Interesantísima biografía. Me apunto este título.
Un abrazo desde el Nuevo Año, amigo.
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