1977 fue un año decisivo en mi vida. Tenía trece años y un montón de conflictos internos y externos. Yo venía de una familia en que cada miembro hacía daño de alguna manera a los otros. Después, arrepentidos, cada uno se hacía daño a sí mismo. ¿Por qué 1977? Se estrenó La guerra de las galaxias y vino a decirme, a diferencia de todos los demás, que mi infancia tocaba a su fin. Fue una despedida a lo grande que no olvidaría jamás, y, Annie Hall, que me salvaría para el resto de mi vida de no acudir a un psiquiatra. En primer lugar, y en términos puramente cinematográficos, Annie Hall trata de una película que muestra un considerable ingenio cómico. El ejemplo más sorprendente lo constituye quizá la escena en que los subtítulos divulgan los pensamientos y sentimientos secretos y angustiados que se ocultan bajo el cortés intercambio de banalidades que se oye en la banda sonora durante el primer encuetro entre Alvy (Woody Allen) y Annie (Diane Keaton). Pero hay muchos ejemplos más, como la disparatada recreación de la infancia de Alvy, contada en términos no realistas y de una enorme comicidad. O el episodio en el que Alvy vuelve a visitar espiritualmente la escuela en la que pasó la infancia y una serie de compañeros suyos se vuelven hacia la cámara para anunciar lo que van a ser en el futuro.
No obstante, lo que diferencia a Annie Hall de las anteriores películas de Woody es que contiene una dimensión claramente personal. Alvy Singer no es simplemente un retrato autobiográfico de su creador, pero existen claros puntos de contacto. Por ejemplo, cuando se ve a Alvy interpretando delante de un público estudiantil, el texto que declama procede de una obra escrita anteriormente por el propio Woody. Alvy comparte también con él toda una serie de gustos y manías, como la afición al tenis, la admiración hacia La gran ilusión (1937), de Jean Renoir, y la desconfianza, típicamente neoyorquina, hacia la Costa Oeste. Y, lo que es más importante, la relación amorosa entre Alvy y Annie recuerda bastante a la iniciada a comienzos de los 70 entre Woody y su "partenaire", Diane Keaton.
Recuerdo que en la campaña publicitaria de la película se insistía en que se trataba sobre todo de una historia de amor, y eso es lo que en realidad es, a pesar de estar plagada de gags y escenas divertidad. De hecho, en su construcción dramática, aunque en su atmósfera ni en el estado de ánimo que provoca en el espectador, Annie Hall se parece bastante a las típicas películas para mujeres, como Tal como éramos (1973). Y la escena final en Los Angeles, en la que Alvy va destruyendo poco a poco el coche alquilado tras su ruptura con Annie, combina a la perfección las funciones de un mecanismo cómico de liberación y las de una metáfora que refleja su sensación de pérdida y desconcierto.Posiblemente, el título de la película induzca a error. Pues, mientras que a Annie se la concede una existencia independiente dentro de la misma (incluyendo flash-backs), sigue siendo en todo momento la que le da la réplica a Alvy.
La subjetividad de Annie Hall queda señalada desde el primer momento, en las escenas en las que Alvy rumia sus problemas ante la cámara, y esa perspectiva se mantiene hasta el final. En un giro irónico, Alvy incluye la escena de su separación de Annie en la obra que está escribiendo; con la única diferencia de que, en su versión, Annie responde extasiada a sus peticiones de que vuelva con él.
Sí, 1977 fue un año decisivo en mi vida. Por un lado, se restañó una herida, y, por otro, se abrió una de nueva.
8 comentarios:
Para mí también fue un año decisivo. Recuerdo aquella semana santa en que fue legalizado el Partido Comunista por sorpresa. Me cogió en el Pirineo compartiendo unos días con mis compañeros de partido (no el PCE). Hoy aquello puede parecer banal. Tú seguramente no te enterarías, pero fue un hito en la restitución democrática. Fueron las primeras elecciones democráticas y escuché por primera vez a Felipe González que me cautivó. ¡Qué euforia! ¡Qué ganas de cambiarlo todo! Vi por supuesto Annie Hall, una de mis preferidas de ese discípulo aventajado de Bergman que se superaría a sí mismo posteriormente con Interiores y Manhattan. Un año para recordar, aunque por motivos diferentes para ti y para mí. ¿Y a los trece años veías ya a Woody Allen? Me temo que a esa edad todavía me dedicaba a leer al Capitán Trueno. Saludos.
Un gran momento decisivo para mí fue ET (en serio)
Ah, de las otras recomendaciones me encanta Julian Barnes, sobre todo Love, etc.
Buena noche del miércoles.
Vaya 1977 que viviste, Paco. "Annie Hall" me parece una maravilla, hoy mismo lo he reconocido en otro blog donde se ensalzaba también esta creación de Allen. Como dices, y como confesaron en su propaganda, es básicamente una historia de amor a pesar de toda su comicidad. Una visión estupenda la que nos prestas aquí, como siempre. Un fuerte abrazo.
Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com
Para mí 1977 Sí que fue DECISIVO de verdad porque es el año en que nací y vine a este mundo.
Adoro ANNIE HALL, por cierto. No me canso de verla. Pero creo que a mí no me salvará del psiquiatra, jajajaja.
Un abzo.
Yo es que tenía un añito...
Tu texto viene a confirmar la máxima woodyalleniana por excelencia: necesitamos los huevos.
Abrazos.
Yo tenía sólo 9 años. Obviamente (hubiera muerto de preocidad) a esa edad no sabía de la existencia del genio, con lo que Annie Hall no pude verla hasta muchos años después.
Pero claro, si que vi la de Lucas. De hecho es mi primer recuerdo cinematográfico; que no la primera película que vi. Fue por ejemplo la primera vez que me trasladaba de mi pueblo a la capital para ver un espectáculo con mayúsculas, un espectáculo de colas interminables frente a la puerta del Cine Goya, un evento de expectativas grandiosas y renombre internacional. Un evento de esos que te haen ser parte, por primera vez, de un mundo "globalizado".
Ya hablaré en otra ocasión de Allen, que se me ha pasado el tiempo concedido.
Me encanta cómo enlazas las vivencias personales con el cine, y cómo pasas de los recuerdos del celuloide a la vida cotidiana y viceversa. "Annie Hall" es exquisita y "La guerra de las galaxias" una aventura de las que ya no se hacen. Yo me toparía con ellas un poco después, pero ambos títulos me traen también bastantes recuerdos.
Un fuerte abrazo y buena semana.
Año 1977, ya era mi segundo año en la universidad por lo que me había acostumbrado a no ver a mi familia más que tres veces al año y a estudiar rodeada de chicos-hombres en un mundo técnico y claramente masculino.
Fue el año en que lleve a mis jovenes primos (trece años) a ver a Luke y la Princesa Leia, y a tomar helado después, y comprobar que su infancia se iba acabando y que a veces seguía siendo una niña.
Año de ver Annie Hall y comprobar que eramos tan diferentes de aquellos personajes y de que queriamos cambiar.
Año 1977, un año de momentos decisivos, si.
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