miércoles 22 de diciembre de 2010

Nube tóxica


"La historia es la suma total de todas las cosas que nadie nos cuenta."
Don DeLillo


La posmoderna cultura de consumo norteamericana aflora a través de Ruido de fondo (1985), de Don DeLillo como un fatal subidón de azúcar. Nos presenta con gran detalle un mundo sumamente penetrado por los medios de comunicación de masas, en el que la piel humana es "un color que necesito llamar afín a la carne", en el que cabe musitar durante el sueño las palabras "Toyota Celica" como una plegaria. Pero aquí los personajes no son los engañados por el sistema, sino sus analistas profesionales, enmarcada en una ciudad universitaria del Medio Oeste de Estados Unidos. Sus principales protagonistas son Jack Gladney, profesor de estudios hitlerianos, su esposa Babette y sus hijos habidos de matrimonios anteriores de ambos. Esos hijos, como observa DeLillo, son más espabilados y están mejor adaptados a la cultura moderna de los adultos, aunque también es mayor su desilusión acerca de ella. Henrich, por ejemplo, a sus catorce años, juega al ajedrez por correspondencia con un asesino en masa recluido en una prisión.

Gran parte de la novela, narrada desde la perspectiva de Jack, se orienta a la vida doméstica y refiere retazos de información y conversación de forma a la vez alienante y confortadora. No está claro si DeLillo afirma la capacidad del ser humano para crear relaciones íntimas y significativas a partir de los materiales menos prometedores, o si se lamenta de una total pérdida de autenticidad. Ruido de fondo se mueve con destreza y comprensión, pero trata también de una realidad más siniestra que proyecta sobre la última parte del libro una sombra imposible de obviar a base de cháchara consumista.
DeLillo se adelantó un año al desastre nuclear de Txernòbil producido en 1986, la fuga tóxica que funciona como motor narrativo a causa de un terrible accidente industrial y por esta causa las familias son evacuadas de sus casas al anunciarse que se ha formado en las cercanías una nube tóxica.

Como si fueran bactérias observadas por la lupa de Jean Baudrillard, los personajes se mueven en círculos, formando una coreografía de ondas y radiaciones que los sitúa lentamente en aquella tierra de nadie, tan propia de la cultura americana, en que la comedia surrealista, la ciencia ficción, el ensayo apocalíptico y las teorías conspiranoides parecen convertirse en sinónimos, atrapadas en la sobreinformación de una realidad que obliga a creer en ellas por decreto mediático. Las criaturas de DeLillo se pasean como sonámbulos mirando los escaparates de los supermercados con el mismo interés con que observarían una caída de meteoritos. Son muertos tocados por la gracia de una sabiduría mecánica y despiadada.

A veces se tiene la sensación que DeLillo escriba como si J.G.Ballard se haya transformado en Thomas Pynchon (o al revés). Ruido de fondo es tan original, tan espontánea en sus inteligentes visiones de futuro, tan brillante en su uso y guarde una prosa lírica y sangrante, que continúa estando fresca como el primer día. El miedo y la muerte son los temores de la sociedad moderna, incluyendo la televisión como instrumento básico de desinformación, y sobre todo el progreso brutal de las tecnologías. Un progreso que, a medida que aumenta, desarrolla unos miedos cada vez más primitivos respecto a sus consecuencias a veces catastróficas.

Escrita en las postrimerías de un siglo y de un milenio, abre un camino para entender nuestro pasado colectivo, excava en el arcano engranaje de nuestra cultura y articula conexiones entre mecanismos visibles y ocultos del poder estatal. Así también, su turbadora intuición de las fuerzas invisibles que impulsan el curso de la historia hacia la redención o la aniquilación parece aguardar la llegada del nuevo milenio.
Paul Auster dijo: "Un autor al que hay que leer si queremos comprender el mundo en el que estamos entrando." Buena parte de la literatura americana contemporánea está en deuda con Ruido de fondo: David Foster Wallace, George Saunders, Chuck Palahniuk, Bret Easton Ellis, Rick Moody y Dave Eggers, entre otros. 


8 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Traspasando la nube.

Como no es tiempo de dispendios, te traigo un regalo sencillo, mi poema, mi voz y mi falda. Pincha en : te regalaré mi falda.
FELICES FIESTAS

Beatriz dijo...

Ya te lo he dije en nuestro encuentro en Barcelona,¡me gusta leerte!. Soy curiosa y admiro a aquellos de los que puedo aprender.
¡Paz, suerte y sonrisas para enfrentar el futuro!
un abrazo-

Montse dijo...

Francisco, te deseo unas felices fiestas llenas de alegría y felicidad para tí y los tuyos.

¡FELIZ NAVIDAD! y muchos besos.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Estupendo post, Francisco, y muchas gracias por la hiperbólica recomendación final.

Como bien dices, DeLillo es el hijo clandestino de Ballard y Pynchon, un matrimonio transatlántico que destila las ficciones más adecuadas para la realidad de nuestra época.

Me alegra esta sintonía estética e intelectual.

Mis mejores deseos para el año nuevo.

Un fuerte abrazo,
JF

Licantropunk dijo...

De este autor tenía ganas de leer alguna de sus obras así que me apunto esta.
Felices fiestas, amigo.

Luis Recuenco dijo...

La lectura de tus posts siempre despierta en mí nuevas curiosidades. Lo mejor para el año entrante, amigo mío.

Un abrazo.

Ofelia dijo...

Como contrapunto al ruido de fondo, te deseo unas cuantas "Silent nights"
Un gran abrazo***

Kinezoe dijo...

Tiene buena pinta. Me apunto el título.

Un abrazo.