martes, 28 de diciembre de 2010

Trauma y violencia



El acontecimiento que se narra en La carretera, de Cormac McCarthy, no ha ocurrido aún, pero podemos percibir señales en nuestra vida diaria y en el escenario que nos rodea de que el cataclismo ocurrirá, como había percibido el protagonista: "le había dado por ver un mensaje en cada ejemplo de la historia tardía, un mensaje y una advertencia, y eso resultó ser este retablo de muertos y dovorados."

Tras el 11 de septiembre: trauma y violencia en No es país para viejos y La carretera aborda las dos últimas novelas de McCarthy. En el contexto, ya casi inevitable en la sociedad norteamericana contemporánea, de los atentados. Podemos leer estas dos novelas como una reflexión post-traumática sobre esa sociedad. El personaje de Llewely Moss en No es país para viejos es un símbolo de la actuación de los Estados Unidos en varios escenarios bélicos mundiales, tales como las guerras de Vietnam e Irak. La espiral de violencia que desata la actuación norteamericana en esos escenarios, supuestamente orientada por principios democráticos, pero en el fondo motivada por intereses económicos, conduce a multitud de muertes inocentes. Son la población civil en Vietnam, en Irak, y en los atentados de Nueva York; pero es también, de manera paralela, la familia de Moss, víctima simbólica del comportamiento del veterano de Vietnam. El trauma individual del sheriff Bell se suma a este cuadro traumático estructural, y el sueño final de ese personaje-con el fuego que porta su padre-enlaza muy bien con el motivo post-apocalíptico de La carretera, que presenta como una nueva tierra baldía de Eliot, aunque en MacCarthy es un escenario más bien físico y no tan intelectualizado con el caso del poeta.

La desolación de La carretera es como una alegoría más del mito de la excepcionalidad norteamericana. El padre es el símbolo de esa actividad política depredadora de los Estados Unidos en su actuación exterior, basada supuestamente en la excepcionalidad del país, en su carácter único en la comunidad de naciones, tanto por su génesis como por su propia configuración multicultural, multiracial,etc. La actitud del padre, que en su camino hacia el mar no ayuda a nadie (para preservar el bienestar de su hijo), aunque siempre está contando historias de los que ayudan a los demás. Por otra parte, La carretera se sitúa en la tradición literaria norteamericana de la road novel, y resalta los elementos metafóricos que hacen de la novela mccarthyana un relato espeluznante. Aunque alude a aspectos claramente conectados con cierto tipo de ciencia ficción, el interés principal se centra en el tipo de solución estética y ética que McCarthy plantea ante el dilema de estos dos personajes post-apocalípticos. La memoria es uno de los elementos cruciales en este planteamiento frente a los traumatizados por el Holocausto, por ejemplo, que recurren al recuerdo de la vida anterior para recuperar su dignidad moral y humanidad, los personajes de La carretera abandonan ese recurso por el riesgo implícito de debilidad y miedo que ello conlleva. Sin embargo, la figura del padre no puede por menos que transmitir a los lectores su percepción de que ese cataclismo sobrevenido era ya, muchas veces en la vida anterior, previsible.

Cormac McCarthy no es solamente un novelista sino que, en reflejo de Albert Camus, es también un filósofo que ahonda en los mitos para escribir su literatura y que establece como uno de sus símbolos más poderosos la imagen, contraria de la oscuridad, que tiene su poder en el sol. Ese padre que lleva el cuerno de la luz, como única esperanza, aunque onírica, a la condición traumatizada del sheriff Bell reaparece con fuerza en La carretera porque en el contexto post-apocalíptico de esa novela los sueños y las memorias se van perdiendo y hay que mirar al futuro como única y posible vía de escape. Si en el universo de Camus la luz es lo que impulsa al hombre rebelde contra el absurdo existencial, en La carretera el protagonista es un hombre que va penosamente convirtiéndose en "viejo" y necesita volver a reescribir el antiguo mito de la luz como fuerza y como razón de ser para literalmente pasar la antorcha de la condición humana (y no infrahumana) a su hijo.

No es país para viejos representa un giro sorprendente en la narrativa de McCarthy, una ruptura radical con su estilo tradicional y una incursión en un género muy diferente de todo lo que había escrito hasta ese momento. Esta novela resulta un paso lógico en la ficción de McCarthy pues representa el cierre, siquiera temporal, de su incursión en el Sudoeste como territorio literario, y supone una revisión de algunos de los motivos fundamentales que conforman la espina dorsal del universo imaginario del escritor y, sobre todo, su constante preocupación por la naturaleza de la depravación humana. Elementos que convergerían poco después en el conmovedor epílogo que supone La carretera.

12 comentarios:

Blanca dijo...

Cierras el año con uno de mis autores preferidos, y además con La carretera nada menos, que lo he comentado con delirio.
FELIZ AÑO 2011 amigo.

Blanqui

Juanjo dijo...

Ya que no llego para felicitaros la Navidad, por lo menos desearos un gran año 2.011.

Un fuerte abrazo.

Licantropunk dijo...

"La carretera" lo tuve que leer a la segunda: la primera vez que me puse con él me resultó demasiado apocalíptico y no estaba yo para muchas tristezas. Obra maestra. Por cierto, la película no vale para nada: demasiada religiosidad que yo no percibí en la novela.
Y a "No es país para viejos" tendré que echarle un vistazo. Su reflejo en celuloide me gustó.
Saludos y feliz año nuevo, amigo, en el que nos seguiremos encontrando. Fijo.

Antonio Tello dijo...

Muy agudo e inteligente tu análisis de las novelas de Corman McCarthy. La carretera, como también la reseñé en mi blog de lecturas, me parece una de las novelas más importantes de los últimos tiempos. Un fuerte abrazo y feliz año nuevo

jimarino dijo...

Mil gracias Francisco, por encabezar el texto de esas dos novelas que adoro conmigo y mis perros calados hasta los huesos. es un honor, te lo aseguro. McCarthy es mucho autor, y sabes que La carretera es para mí junto a 2666,dos de los textos maravillosos que inician la literatura del siglo XXI.
Preparando un artículo largo para Shangri-la, que saca el próximo mes número dedicado por entero a Dostoiesvki, me he dado cuenta de el inmensa relación literaria que mantienen Cormac McCarthy y el ruso. Es literatura religiosa, sagrada, literatura que aspira a construir con las palabras una especie de oración moral por un mundo sin rumbo, propia de periodos de extinción. Le sucede algo parecido, aunque con una intención estética diferente, a Pierre Michon y a la mayor parte de sus libros, otro monstruo, o a Ricardo Menéndez Salmón, que es de aquí y de nuestra generación, y ha escrito La luz es más antigua que el amor, una obra sublime guiada con ese afán de convertir las palabras en una especie de ritual.

Bueno, mis comentarios sobre tus textos responden a lo que pienso desde hace tiempo, no hacen falta agradecimientos. El tiempo ganado es una joyita de envergadura lo mires por donde lo mires. Es egoísmo, sólo quiero que sigas, que cuando entre en tu página la semana que viene, estén tus palabras. Siempre tranquilizan y siempre ilustran.
De nuevo gracias. Tu texto cojonudo, comme d´habitude.
Un abrazo fortísimo, compadre.
Nos vemos el año que viene.

mi nombre es alma dijo...

"No es país para viejos" es una frase con mucho truco. Porque no es país para viejos ni para nadie.
"No es país para" también lo tiene porque verdaderamente no es país para nada. Si me apuras, no se habla tampoco de un país.
En mi faceta de concreción de frases, yo resumiría esta en una palabra: NO

Y bueno FELIZ MANAÑA, SI.

vicente dijo...

Una de las ventajas de ser viejo (que por esa ventaja aún no somos viejos) es que podemos mirarnos en un espejo mucho más transparente. Ante la lectura de tus escritos experimento, por ejemplo, una natural modestia cuando eres capaz de mostrar lo importante como importante y lo mínimo o lo cotidiano también como importante. De tal forma que leo tus líneas y entre líneas con el goce de la buena lectura.
Que tengas un gran año. Abrazos.

Elèna Casero dijo...

La lectura de Cormack no te deja indiferente. Viajé en ese periplo con padre e hijo por el inhóspito paisaje futurible y acabé sintiendo esa misma desolación y angustia.

Feliz año, querido amigo y que nos sigas deleitando y enseñando, como es mi caso, con tus comentarios sobre literatura y cine.

Un abrazo

Marcos Callau dijo...

Que tengas un muy feliz año nuevo, Paco. La fotografía que encabeza tu texto todavía me resulta difícil de mirar, escalofriante. Recuerdo que no podía creer estar viviendo aquella tragedia que nos mostraban los noticiarios. Me apunto estos títulos que hoy nos aconsejas con esas palabras con las que, como nos tienes ya acostumbrados, nos animas a la lectura. Un fuerte abrazo.

Luis Recuenco dijo...

A mí, 'No es país para viejos', me pareció una película mediocre, aupada por el magnetismo mediático de los Cohen hasta cimas que nunca mereció. Pero es solo una opinión.

Un abrazo.

39escalones dijo...

Yo, sin embargo, pienso que esa naturaleza que describe en sus libros, aunque seguramente azuzada por el fenómeno 11-S (el de 2001, no el de 1973), es consustancial a los EE.UU. y está presente en sus acciones desde su fundación. Me refiero a enmascarar de riqueza democrática aquello que no es más que filibusterismo práctico, tanto a la hora de conformar su funcionamiento como Estado como en su conformación territorial y posterior actividad exterior. En última instancia, no han dejado de estar imbuidos de la doctrina del "Destino Manifiesto". Bajo ese prisma, el "11-S" no es más que un episodio, importante, pero repetido, de una esquizofrenia imparable.
Abrazos.

Kinezoe dijo...

Vi las dos películas pero no leí ninguna de las dos novelas. Me da la sensación de que la lectura de estos libros me habría reportado más satisfacción que la aventura cinematográfica. Las pelis, en realidad, ni fu ni fa...

Un abrazo, amigo.