
"Un hombre se lanza en busca de América, y no la puede encontrar en ninguna parte", decían los carteles de Buscando mi destino (1969). Se trata de un acertado resumen del tema de esta película de bajo presupuesto, que desafió las tradiciones de Hollywood, recaudó mucho más dinero que la mayoría de las superproducciones espectaculares de ese mismo año.
Gracias a su espontaneidad y sinceridad, y a estar firmemente arraigada en la cultura de los años 60. Buscando mi destino inició una nueva tendencia dentro del cine, las películas de Hollywood se apresuró a apoderarse de la fórmula y la repitió en toda una serie de producciones sobre personajes marginados que viajaban sin razón aparente de un lado para otro. El trayecto se convertía en una metáfora de la vida, y las aventuras a lo largo del camino en una alegoría de la búsqueda del hombre de sí mismo. Buscando mi destino también lanzó la moda de las motos, sobre todo de las llamadas "Chopper"; es decir, construidas con piezas sueltas.
Wyatt (Peter Fonda) y Billy (Dennis Hopper) se lanzan a recorrer América en moto en una odisea personal que, en el fondo, pretende encontrar un sentido a la vida. Por el camino se encuentran con la hipocresía y el odio de las pequeñas comunidades rurales, que desprecian y temen su anticonformismo, y que terminan asesinando a los portadores de sueños que son incapaces de comprender. Pero Wyatt y Billy también descubren personas que buscan "formas alternativas de vida" y que se oponen a esa estrechez mental y limitación de horizontes: la comunidad hippy, el ranchero y su mujer mexicana, el abogado que se une a ellos. Pero, aun así, al final se impone el conformismo y la mediocridad y la muerte parece ser la única posibilidad de liberación definitiva. Resulta sin embargo significativo que, en la escena que cierra la película, quede la moto ardiendo: el espíritu de rebeldía de Wyatt sigue vivo.
La filosofía básica de la película puede ser debatible, pero está vigorosamente expresada a través de la vibrante música rock, el énfasis en el consumo de droga como algo totalmente normal, los planos de bellos paisajes, vistos desde la carretera, y la identificación de las motos con la idea de libertad, en lugar de con la de violencia, como ocurría en El Salvaje (1953) y sus sucesoras. Buscando mi destino fue quizá la única película que retrató la nueva cultura juvenil desde dentro de dicha cultura.

Buscando mi destino funciona también a diversos niveles míticos y simbólicos. Durante el rodaje, Hopper se sentía profundamente interesado por el Tomismo (el sistema filosófico basado en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino), y, de hecho, cabe interpretar la película como la historia de un profeta moderno, desde las dificultades para encontrar alojamiento hasta la crucifixión final. Otra interpretación puede ser la de que Wyatt y Billy son los equivalentes de los personajes del cine del Oeste que evocan sus propios nombres, y que, invirtiendo el sentido tradicional del western, viajan de Occidente hacia Oriente, en motos en lugar de en caballo, en una especie de implícito rechazo del viejo Hollywood, de sus mitos y sus sueños. Otra curiosa coincidencia consiste en que Henry Fonda, el padre de Peter, interpretó a Wyatt Earp en Pasión de los fuertes (1946) de John Ford. Pero, en Buscando mi destino, no hay héroes, y la identificación con los protagonistas se efectúa más en base al estado de ánimo que transpira toda la película que a los personajes en sí, que carecen de historia y se prestan, por tanto, a ser los sujetos ideales de toda clase de leyendas míticas.
Descansa en paz Dennis.









