
La carrera de Steve McQueen parece un ejemplo clásico del sueño americano hecho realidad, del muchacho de provincias que triunfa a pesar de la adversidad, de unos humildes orígenes, de la falta de educación, hasta convertirse en una de las superestrellas más buscadas de todo el mundo. Fue un hombre que encontró el amor que no había conocido de niño en la admiración de millones de fans, que acudían entusiasmados a contemplar las películas interpretadas por este actor, de rasgos irregulares, pero enormemente atractivo. Se le aclamó de inmediato como el sucesor de James Dean, y su comportamiento en la vida real, su rebeldía, independencia e inconformista manera de vestir y de comportarse contribuyeron también a afianzar dicha imagen. Fue mi ídolo de adolescencia y películas como La gran evasión, El rey del juego, Papillón, Bullit o La huída, reafirmaron para siempre mi pasión por el cine.
Antes de convertirse en leyenda de Hollywood y el actor mejor pagado de su generación, Steve McQueen robó en gasolineras, trabajó para la mafia de Nueva York, ejerció de proxeneta, frecuentó burdeles, conoció el reformatorio, pensó en el suicidio, y tuvo en general una infancia y juventud miserables marcadas por el desprecio a su madre y la ausencia de una figura paterna a la que respetar. Su turbulenta vida quedó marcada por el hecho de que su madre fuera una prostituta a tiempo parcial, su padre le abandonó a los seis meses, y se sintiera como un hijo no deseado. Ello contribuyó a una amargura y un carácter a la vez infantil, caprichoso y violento tanto en las relaciones con los hombres como en las mujeres, que recurría a los puños cuando no se salía con la suya. A los doce años el joven Steve se pasaba ya la mayoría de las noches en burdeles o incluso a la intemperie. Hurgaba en los cubos de la basura buscando comida, se emborrachaba y atracaba casas y tiendas. Steve admiraba Los inútiles (I vitelloni, 1953), de Federico Fellini, por su acertada descripción de la vida de unos adolescentes que se dedican a vagabundear por las calles sin nada mejor que hacer. El joven Steven, díscolo y conflictivo, fue enviado a un reformatorio, en el que pasó dos años. No obstante, su paso por este centro influyó positivamente en Steve, quien posteriormente volvió a él en varias ocasiones para llevarles regalos a los muchachos en el internado o para ayudarles cuando tenían problemas. No había cumplido los dieciseis años cuando se embarcó en un buque y apareció en la República Dominicana. Se alistó en los marines, pero su carácter indisciplinado no encajó demasiado bien en la rutina del ejército.
Cuenta la leyenda que Steve McQueen se presentó sin previo aviso en la casa de Sam Peckinpah, sucio, sin afeitar y deprimido, por los problemas matrimoniales con su primera mujer, Nelie Adams, una relación violenta que al poco tiempo acabaría en divorcio. Steve necesitaba a alguien con quien hablar, que le acompañara en las excursiones con su moto y compartir unas cuantas cervezas en cualquier pub.Después del divorcio de Nelie Adams, a la que pegaba, se casó con la actriz Ali McGraw y con la modelo Barbara Minty, que le acompañó hasta su muerte prematura a los cincuenta años. Esta declaración de Steve es estremecedora:
"Mi problema es que no sentía respeto por las mujeres. Las quería, pero las veía como criaturas serviles que tenían que renunciar a sus carreras y dedicarse a cuidar de los niños, cocinar, hacer las tareas domésticas y estar listas para el sexo cuando a mí me apeteciera. Siempre odié a mi madre, y a todos los hombres que hubo en su vida y que con frecuencia me golpearon. A más de uno estuve a punto de matarlo. Llevaba a cuestas demasiados fantasmas de los que nunca me deshice."
Cuando Steve trabajó para la mafia neoyorquina fue un gángster quien le dijo que lo suyo no era matar y robar, sino representar que mataba y robaba.
De Steve McQueen siempre nos quedará en la memoria un puñado de buenas y memorables interpretaciones. El gran aficionado de las carreras automovilísticas y la velocidad. La de su otra carrera cinematográfica, también meteórica. Duro, lacónico e independiente. Sí, Steve parecía hecho para ser el vencedor nato.














