









Los 13 relojes contiene todos los ingredientes esenciales de un cuento de hadas con misterio. Hay un príncipe disfrazado de juglar andrajoso, una princesa trágica encerrada en un castillo por un duque malvado y una misión temeraria que debe completarse en un tiempo imposible. Este apremio es un elemento clave de la historia porque el duque afirma haber "asesinado" al tiempo y los trece relojes del castillo están congelados a las cinco menos veinte. El príncipe debe encontrar un tesoro de un valor inestimable y entregarlo cuando los relojes den las cinco. Su única esperanza es Gólux, un brujo diminuto poseedor de una lógica extraña y de un sombrero indescriptible.


Menudo tipo, Marcos y, luego cantaba I've got you under my Skin como nadie. El monólogo inédito que pronunció Sinatra poco después de cumplir los 50 sobre el escenario del hotel Sands de Las Vegas es una de esas perlas del CD que acompaña el libro. En él despliega sus dotes de cómico, las que cultivó durante los años de la radio, los que elevó a la categoría de arte flanqueado por Sammy Davis Jr. y el querido Dino (Dean Martin, un guiño para Kine), sus colegas del célebre Rat Pack. "Tuve una infancia normal", cuenta en tono de broma a los que esa noche asistían al show, "cuatro agujeros en la cabeza y seis cicatrices en la cara; ya sabéis, la típica adorable infancia en un barrio deprimido". Inflexiones de tipo canalla, alusiones de las noches locas. Sinatra se despide: "Señoras y señores, me gustaría dejarles con una reflexión: las personas que no beben me dan pena por eso; porque, cuando se levantan por la mañana, el día que tienen por delante sólo puede ir a peor".
Y eso lo sabemos Marcos y yo. Beber un buen cocktail hacia la medianoche nos susurra al oído cosas de un tiempo pasado que nos descubre, a cada sorbo, que una gran parte de lo auténticamente moderno siempre viene de atrás.






Casi la mitad de la producción de Wilder está ambientada en un país u otro de Europa, casi siempre en las ciudades en las que transcurrió su juventud, y llenas, por tanto, de asociaciones autobiográficas: Viena, Berlín, París, etc., lo que dota a sus películas de gran autenticidad. Pero, si las examinamos atentamente, veremos que Wilder explora más una realidad psíquica que física. Muchas veces, esas ciudades han sido reconstruidas en estudio (por ejemplo, para Irma, la dulce. Wilder mandó reconstruir el barrio parisino de Les Halles en Hollywood), y la acción de las películas ambientadas en las mismas, ocurre con frecuencia en interiores, tales como habitaciones de hotel, bares, etc. Sin embargo, Wilder logra transmitir al espectador la influencia moral y espiritual de Europa que, al menos en las historias románticas, funciona como un lugar de rehabilitación, educando a los habitantes del Nuevo Mundo, lo que recuerda bastante a la obra de Henry James. Una y otra vez, Wilder envía a sus personajes americanos a Europa, donde experimentan un proceso de humanización. El mejor ejemplo de ello lo constituye ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?, en la que un ajetreado ejecutivo de Baltimore (Jack Lemmon) viaja a Italia para reclamar el cadáver de su padre, debido a complicaciones burocráticas, su vuelta a Estados Unidos se retrasa, lo que le permite descubrir una nueva forma de vivir y la posibilidad de ser feliz. Todo esto puede parecer bastante obvio y convencional; pero en el contexto de su larga carrera y gracias a su hábil dirección y a la brillante interpretación de Lemmon, su actor favorito, ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?, se convierte en una emocionante peregrinación personal y en una obra maestra de Wilder, en la que también cabe incluir la infravalorada Sabrina y Ariane, en las que los personajes tan típicamente americanos como los encarnados por Humphrey Bogart y Gary Cooper, respectivamente, se ven fuertemente influenciados por Europa, demuestra el gran ascendiente de Lubitsch sobre él y su capacidad para la comedia ligera, elegante y sofisticada. Sin embargo, el aspecto de la obra de Wilder, más valorado por la crítica, es el cáustico y satírico, más conectado con Stroheim.
Entre los títulos pertenecientes a este grupo, cabe incluir Perdición, El gran carnaval, Traidor en el infierno, que utiliza un campo de concentración alemán como microcosmos de la lucha por la vida en una sociedad "civilizada", El apartamento, Bésame tonto y Bandeja de Plata.
