
La historia que sigue es de origen persa y está entre mis cuentos favoritos. Es un relato que ha ido evolucionando a lo largo de los tiempos, pero en su esencia, sigue siendo el mismo. Encierra cierta virtud, algún singular principio de permanencia. Solemos ser personas que intentamos correr más que nuestras propias sombras. Huimos del tiempo que nos persigue sólo para dirigirnos ciegamente hacia la última frontera.
Esta es mi interpretación personal del cuento.
Una mañana, el director de una multinacional vio que su mejor ejecutivo agresivo se presentaba ante él en un estado de gran agitación. El director le preguntó por la razón de aquella aparente inquietud y el ejecutivo le dijo:
-Se lo suplico, deje que me vaya de la ciudad hoy mismo.
-¿Por qué?
-Esta mañana, en el centro comercial, he notado un golpe en el hombro. Me he vuelto y he visto a la muerte mirándome fijamente.
-¿La muerte?
-Sí, la muerte. La he reconocido, toda vestida de negro con un chal rojo. Allí estaba y me miraba para asustarme. Porque me busca, estoy seguro. Deje que me vaya de la ciudad ahora mismo. Cogeré uno de mis mejores coches deportivos y esta noche puedo llegar a La Olivilla, uno de los pueblos más remotos de Andalucía.
-¿De verdad que era la muerte? ¿Estás seguro?
-Totalmente. La he visto como le veo a usted. Estoy seguro. Deje que me vaya, se lo ruego.
El director, que sentía un gran afecto por el ejecutivo que tantos ingresos y beneficios había proporcionado a la empresa, lo dejó partir, pero con cierta reticencia. El ejecutivo se dirigió al estacionamiento privado de la multinacional y se subió en un Ferrari F250 y partió hacia La Olivilla.
Un instante más tarde el director, a quien atormentaba un pensamiento secreto, salió del edificio deprimente de la multinacional camino del centro comercial. Buscó a la muerte con la mirada inquisitiva y la vio, la reconoció. El ejecutivo no se había equivocado lo más mínimo. Ciertamente era la muerte, alta y delgada, vestida de negro, el rostro cubierto por un chal rojo de algodón. Iba por el centro comercial de grupo en grupo sin que nadie se fijase en ella, rozando con un dedo el hombro de un anciano que estaba comprando, en la sección de deportes, una bicicleta estática, tocando el brazo de una mujer que estaba comprando unas cremas antiarrugas, esquivando a un niño que corría hacia ella con un nuevo videojuego.
El director se dirigió hacia la muerte. Ésta lo reconoció al instante y se inclinó en señal de respeto.
-Tengo que hacerte una pregunta-le dijo el director en voz baja.
-Te escucho.
-Uno de mis mejores ejecutivos es todavía un hombre joven, saludable, eficaz y probablemente honrado. Entonces, ¿por qué esta mañana, en este mismo lugar, lo has tocado y asustado? ¿Por qué lo has mirado con aire amenazante?
La muerte pareció ligeramente sorprendida y contestó.
-No quería asustarlo. No lo he mirado con aire amenazante. Sencillamente, cuando por casualidad hemos chocado y lo he reconocido, no he podido ocultar mi sorpresa, que él ha debido tomar como una amenaza.
-¿Por qué sorpresa?-preguntó el director.
-Porque no esperaba verlo aquí. Tengo una cita con él esta noche en La Olivilla.
13 comentarios:
Siempre que pienso en un cuento corto me viene éste a la cabeza.
Mi primer encuentro con él lo tengo asociado a Bernardo Atxaga, quien lo pone en boca de algún personaje, seguramente en Obabakoak, aunque no lo recuerdo bien. Detecto cierta carga explosiva en esta versión "revisada y actualizada". Tengo cierta debilidad por los cuentos sufíes y especialmente por ese personaje mezcla de Quijote y Sancho que se suele llamar Nasreddin o Nasrudín.
Otra cosa: posiblemente ya lo sepa, Francisco, es a propósito del clip que enlazó en el anterior posteo, el de las soluciones, que es del grupo Eels y de su cantante (Mr. E.), para comentarle que es el autor de un bonito libro. No he llegado a tiempo de comentarlo alli, así que lo suelto ahora.
(Continúo off topic: aquí hay un enlace más jugoso sobre el libro que he mencionado.)
Borges hubiera firmado este relato.
Un abrazo.
excelente, además impone esa foto de la carretera bajo los nubarrones
Muy bueno amigo Paco. Es un relato magnífico y una interpretación estupenda de esa última frontera a la que todos tememos. Estupendo. Mi enhorabuena. Un fuerte abrazo.
Excelente cuento.
A mí, no me preguntes por qué, estoy sobrio, te aseguro, esa muerte me ha recordado a Lady Gagá.
Yo me hubiera quedado, entonces.
Si tenía un Ferrari F250 la muerte lo llevaba chungo para lograr darle alcance. Bueno, eso o se mataba en alguna curva y no hacía falta llegar a La Olivilla. Por cierto ¿y por qué La Olivilla? Inquietante destino.
Saludos.
Apreciado Francisco: Sin duda que los relatos se aprecian mejor en la misma pluma de quien los originó, sin embargo, aunque moderno o modernizado, en La Ultima Frontera se descubre la sutileza de un relato bien dicho. Y mejor si ha aparecido en tu blog. Gracias.
Momento de coger un tren hacia La Coruña...
Cuántas veces el cine, aunque sea de camuflaje, se ha acordado de este relato...
Abrazos.
Licantropunk
La Olivilla es un pueblecito que tiene cien habitantes,escondido en un paisaje abandonado por la mano de dios.Eso sí,es muy bonito.El cuento de origen persa se refiere a Samarkanda,una ciudad que en su tiempo tuvo un gran esplendor.Es el lugar donde huye el visir.Hay una cierta magestuosidad en el maravilloso cuento,digo de Las mis y una noches.Como los tiempos no dan para tanto,puse La Olivilla,nombre muy modesto.Estuve buscándo por google pueblos pequeños con nombres simples.Fíjate que estuve a punto de poner Canta la Vieja,un publecito de Valencia.
Alejo Urzass
Conozco en libro de Mark Oliver Everett,el componente del grupo Eels,Cosas que los nietos deberían saber.A mí me gustó mucho,creo que es un libro,en mi lista personal,de los mejores del año 2010.Muy bien contado,lúcido y lleno de anécdotas maravillosas.Por otro lado Eels es uno de mis grupos favoritos.
Gracias por el enlace.Quizá escriba una reseña del libro.
Pues Canta la Vieja (aquí cerca hay un Cantalapiedra) hubiera quedado muy bien también. De Samarcanda leí hace una pila de años la novela del mismo título de Amin Maalouf: mítica de lugares remotos.
Saludos.
Tan inquietante como magnífico. Felicidades y un fuerte abrazo.
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