
A la memoria de Fernando Fernán-Gómez (1921-2007)
El carácter autobiográfico de Las bicicletas son para el verano determina que una de las figuras mejor perfiladas sea la de Luisito. A lo largo de la pieza teatral asistiremos a su evolución desde la adolescencia hasta una madurez precipitada por las consecuencias de la guerra. Sus problemas e inclinaciones son los de un chico de su edad: los estudios y su falta de aplicación; sus inquietudes culturales (el cine, la literatura); sus charlas con amigos como Pablo; el despertar del deseo sexual; los proyectos para un futuro que será muy diferente del que imagina. Su visión ingenua y despreocupada de la vida se presenta en el prólogo: la guerra sólo se concibe como un juego de imposible traslación a su realidad inmediata, centrada ahora en sus planes para las vacaciones. La conversación del epílogo, en cambio, ya no es con un amigo sino con su padre, quien le desvela el futuro que aguarda a los vencidos republicanos: depuraciones, campos de concentración, cárcel. Ante esa previsible ausencia del padre, el adolescente queda investido por las circunstancias como el cabeza de familia. Y esa responsabilidad se sella con un gesto que la acotación expresa con precisión: "El padre ha sacado un pitillo, lo ha partido y le da la mitad a su hijo. Lo encienden". Fumarse la mitad del cigarro junto a su padre significa para Luis la conquista de su mayoría de edad, su acceso al tiempo de las responsabilidades, a un mundo adulto particularmente difícil a causa de una guerra que comportará drásticas consecuencias en su vida. La bicicleta que se quería "para salir con una chica" se configura, a su vez, como metáfora de una adolescencia truncada en el espacio de un verano que es ya un paraíso irrecuperable.
Don Luis se destaca asimismo por encima de esta composición coral. Sus constantes intervenciones, irónicas y mordaces, son el medio de mantener una clara postura ética a lo largo de la obra. Como tantos protagonistas de películas y obras del gran Fernán-Gómez, don Luis es un antihéroe, un hombre que se ve obligado a renunciar a sus aspiraciones e ilusiones ante las obligaciones que impone la sociedad. Como explica doña Dolores a su hijo, "en una época en que nos iban muy mal las cosas" don Luis guardó sus libros en un baúl de la buhardilla "y se echó a la calle a buscar otro empleo para las horas libres. Y desde entonces empezó a irnos un poco mejor". Doña Dolores tiene una visión más tradicional de las cosas, más realista y pragmática, aunque se muestra capaz de aceptar buena parte de las ideas políticas de su marido, de su hija o de su sobrino Anselmo cuando la ocasión lo requiere. Ella motiva con su actitud que don Luis asuma responsabilidades que no cuadran con su forma de pensar. Pero la integridad moral de don Luis permanece incólume incluso en estos momentos, como en el caso del despido de María, la criada. Su actitud ante la vida se evidencia claramente en dicho episodio y en las palabras que dirige a la muchacha: "A este valle de lágrimas hemos venido a llorar lo menos posible. Y a gozar y a divertirnos lo más que podamos", actitud vitalista que luego matizará ante su hijo: "Hay que hacerse a las circunstancias: Hay que vivir siempre". En este sentido, es el personaje más lúcido de la obra, el que demuestra una posición más comprensiva y tolerante hacia todos porque sabe que lo importante es siempre vivir manteniendo coherencia de su pensamiento dentro de los límites marcados por las circunstancias personales e históricas. Esta derrota en sus aspiraciones se compensaba con la esperanza depositada en sus hijos. Ambos recogen su legado: Luis con su vocación de escritor, Manolita con una moral libertaria ante la vida y su opción por el mundo del teatro. Pero el caso es que todo termina frustrándose, como le había sucedido al padre. El resultado de la guerra dará al traste con sus ilusiones: Luis, convertido en chico de los recados; Manolita, madre soltera y actriz en una sociedad de moral restrictiva como la que sobrevino en la postguerra; y el propio don Luis con el panorama de la detención, la depuración ante un futuro incierto.Los ideales políticos de don Luis no dejan lugar a dudas: él es de izquierdas, republicano. Su vocación de escritor se aúna con estos ideales al declarar su aspiración a ser como Máximo Gorki, escritor social que apoyó la revolución soviética; pero ello no le impide exclamar: "¡Joder con los leales y con los facciosos y con la madre que los parió!"; o contemplar la guerra como una catástrofe que afecta por igual a las personas, al margen de su inclinación ideológica. Pero al final, cuando se tiene ya la certeza de la derrota del bando republicano, don Luis afirma que él sí sabe quién tenía razón, que siempre ha tenido ideas políticas, aunque "me di tregua hasta que éstos (sus hijos) crecieran". Su mirada sabia, escéptica y siempre comprensiva resume perfectamente lo que sería la situación durante toda la dictadura por venir: "no ha llegado la paz, Luisito: ha llegado la Victoria", una frase en que se traslucen las trágicas consecuencias para los vecinos en la guerra y que condena plenamente el drama futuro.
Sabe Dios cuándo habrá otro verano.
9 comentarios:
Que grande ese Fernando malhumorado, intolerante con la estupidez, gran actor, mejor escritor y director que nos dejó.
¿Que añadir a tu magnifico análisis?
Saludos
He disfrutado leyendo la entrada, Paco. Si nada que añadir, te dejo un fuerte abrazo
Bonito homenaje a la figura de un grande. Gran texto, Francisco.
Un abrazo y buen fin de semana.
Del verano uno se da cuenta cuando ya ha terminado. De ahí que vivamos anclados permanentemente en un otoño que deriva inevitablemente hacia el invierno.
Un abrazo.
Sólo quien la ha vivido sabe de la brutalidad de una guerra; y las secuelas que deja, en la civil española, todavía hoy tristemente se viven.
Un abrazo, amigo.
Sabe Diós cuándo volverán a España los grandes cineastas.
Saludos.
Qué buen final, Paco. Añoramos otro verano. Me ha encantado este post dedicado al gran Fernando Fernán Gómez. No he visto "Las bicicletas son para el verano" (y aún así, como he dicho, me ha encantado leerte) pero sí he visto, por ejemplo, otra maravilla titulada "La lengua de las mariposas" en el que tambiñen se dejan unas frases como las perlas que nos has dejado de esta otra película. Un abrazo, amigo.
Perdone mi atrevimiento al utilizar la hoja de comentarios para pedirle un favor. Una amiga mía ha empezado un blog, donde escritores nobeles pueden empezar a darse a conocer. Y creemos que si usted nos la colgara en su página daríamos a las personas más oportunidades para conocerle: http://esperandoagala.blogspot.com/ . El otro blog es de cuentos infantiles que en cada uno de ellos escribe los valores humanos que se están perdiendo hoy en la sociedad, y me imagino que en su blog entren muchos padres a los que les puedan interesar: http://habiaunavezuncuento.blogspot.com/
esperando que le guste estos blog y que pueda ponerlo en el suyo para poder darlo a conocer, agradeciéndoselo de antemano.
Cariños sinceros desde gran canaria.
Me temo que seguimos esperando ese verano... Yo siempre recuerdo el gran papel de Agustín González. Magistral, para enmarcar.
Abrazos.
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