El mes pasado me entretuve en releer algunas de las novelas americanas de Georges Simenon: Tres habitaciones en Manhattan, El fondo de la botella y En los dominios del "coroner", y me puse a pensar sobre la cantidad de whisky o bourbon que corre por ellas. En principio, la cosa no tendría nada de particular. Sabido es que los escritores norteamericanos pueden dividirse en dos mitades: los que beben y los que han dejado de beber. Y Simenon lo sabía muy bien. Antes de abandonar Francia, terminada la Segunda Guerra Mundial, e instalarse primero en Canadá y luego en Estados Unidos (1945-1955), Simenon se había leído, a conciencia, algunos de los grandes escritores norteamericanos: William Faulkner, Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Jim Thompson...todos alcohólicos. En las novelas de esos escritores se bebe mucho whisky, algo perfectamente normal en una sociedad alcoholizada, en la que el alcohol se convierte en símbolo de virtud y libertad ciudadanas, sobre todo a raíz de la ley que prohibió la venta y el consumo de esa bebida durante cerca de catorce años, del 18 de octubre de 1919 al 17 de febrero de 1933.
Bebían los escritores, bebían sus personajes y bebía todo el mundo en Estados Unidos. Así pues nada tiene de extraño que la novela Tres habitaciones en Manhattan, todo un homenaje a Nighthawks, el célebre cuadro de Edward Hopper, sea también una guía alcoholizada de los bares nocturnos de Nueva York.
Así pues, como les decía, eso no tendría nada de particular. Pero ¿y Maigret? En En los dominios del "coroner", el comisario apenas abandona la barra del bar de Tucson en el que se cepilla un whisky tras otro mientras se distrae contemplando a la clientela. Sabíamos que el comisario Maigret no era ningún angelito, sabíamos que bebía en horas de servicio (algo normal en la policía francesa de los años treinta), sabíamos que su afición por la cerveza, de que no le hacía ascos a una copita de fine; sabíamos que el calvados le servía de estimulanate...pero eso de cepillarse un whisky tras otro...LLegados a ese punto cabe preguntarse si los hábitos alcohólicos de Simenon cambiaron los de Maigret, a raíz de su llegada a Estados Unidos. Pues, según cuentan sus biógrafos, no fue así. Antes de la guerra, Simenon se bebía una media de tres botellas de vino diarias (Saint-Émilion) y así siguió en Estados Unidos, amén, claro está, de tomarse algún que otro whisky, como ya solía hacer en París.
Si Maigret se cepilla un whisky tras otro es porque es un alcohólico, porque no tiene una fine o un calvados a mano y, muy probablemente, porque el whisky no le desagrada. Leyendo a Simenon periodista, gran reportero para ser exacto, leyendo, por ejemplo, la serie La América en automóvil, relato del recorrido familiar de 5.000 kilómetros que llevó a los Simenon de Canadá a Florida, uno se percata de la extraordinaria capacidad de observación del escritor belga. Algunas de esas instantáneas fotográficas, aparecerán luego en esa barra de bar de Tucson donde se halla Maigret. Y comprendemos que si Maigret bebe whisky tras otro es por seguir aquel sano consejo de donde fueras haz lo que vieras. El whisky de Maigret no es exótico, como no lo es el personaje. Maigret sabe que todos los hombres, sean de donde sean, son iguales y, como Simenon, va a la caza del homme nu, desnudo de whisky, pero para desnudarlo antes hay que bebérselo.

7 comentarios:
Creo que leyendo a los autores norteamericanos y viendo las películas norteamericanas aprendimos a beber y a fumar, o quizás no, pero nos parecía que estaba bien.
Ha sido muy interesante este comentario tuyo.
Un abrazo
El whisky es un elemento ornamental, un elemento ético, un elemento espiritual, un elemento lúdico y un elemento lúbrico. Hay whisky en las mejores canciones de Tom Waits y en todo Faulkner. Hay whisky en La reina de África y hay whisky en todo el mejor cine del oeste. Lo hay en una época de mi vida en la que bebí por lo que no he bebido después, y eso no me hizo escribir mejor ni sentirme en nada mejor, pero eran otros tiempos, y buenos tiempo eran, como diría Joyce. Un abrazo. Por cierto no he leído nada de Simenon. Lo buscaré. Por dónde empiezo, Francisco?
Estupendo. Me has abierto el apetito con esta entrada de hoy, Paco. Como sabes me queda mucho por descubrir y George Simenon está dentro de ese mundo todavía por descubrir. Me pongo a ello ya mismo. Tengo muchas ganas, no solo por cómo lo has descrito sino porque además comparas "Tres habitaciones en Manhattan" con "Nighthawks" que es mi obra preferida de Hopper. Y ¡qué demonios!, también yo he estado en la barra de un bar bebiendo un whiskey para hacerle un homenaje a Hopper así que este autor y yo hemos tardado demasiado en encontrarnos pero gracias a tí me empaparé de su lectura. Un abrazo amigo.
Ya lo dijo alguien, no recuerdo quién: "Todos deberíamos creer en algo... Yo creo que me tomaré otra copa".
Abrazos.
Emilio Calvo de Mora
La editorial TusQuets ha publicado gran parte de su obra.A mí,personalmente me gustan mucho:El hombre que veía pasar trenes,El fondo de la botella,Tres habitaciones en Manhattan,El hombre de Londres,Barrio negro,La huida,El hijo del relojero,El tren,Tren a Venecia,La mirada inocente,El gato,La habitación azul,etc.
Es sin duda alguna uno de los escritores más grandes y prolíficos del siglo XX. Y es que Simenon es un olvido o una pedantería imperdonable de la literatura europea.
Buena lectura,amigo.
Soy un gran desconocedor de la obra de Simenon. Tan solo leí una novela suya y me parece que no empecé por la mejor... Tras leer tu artículo siento que debo darle otra oportunidad.
«Lo siento por la gente que no bebe. Se levantan por la mañana y eso es lo mejor que se van a sentir durante todo el día»
(Dean Martin)
Abrazos.
Si ahora hicieran una película, a Maigret no se si le dejarian beber, pero seguro que no le dejarian fumar.
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