martes, 1 de febrero de 2011

El blues de la encrucijada

Yo no creo que el demonio exista. Quizá usted sí crea en su existencia. Acerquemos posiciones: si alguien me convenciera de que hay demonio, apostaría lo que más quiero a que Robert Johnson le conoció personalmente. No por la leyenda, sino por los hechos. La leyenda, muy conocida, dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de carreteras de Clarksdale, Misisipi, a cambio de convertirse en el mejor guitarrista del mundo. ¿Los hechos? Casi no hay.

Robert Johnson pasó por la vida como una sombra. Se desconoce su fecha de nacimiento (parece probable un asesinato con veneno), y quienes le trataron le recordaban como alguien fugaz, huidizo, sonriente, carente de amigos, en un continuo viaje. En palabras de Martin Scorsese, uno de sus devotos: "Robert Johnson sólo existió en sus discos, fue pura leyenda". Muchos biógrafos y musicólogos han trabajado durante años para desenterrar algunos datos. La hermanastra Carrie creía recordar que su madre le había dicho que Robert nació el 8 de mayo de 1911 en Hazlehurst, Misisipi. Es posible, pero no existen registros. Dicen que el padre de Robert abondonó a la familia porque un grupo de terratenientes blancos le perseguían para lincharlo. Sí se sabe que en 1929, con 18 años, se casó con Virginia Travis, y que Virginia murió al año siguiente mientras paría.

El músico de blues Son House trató a Robert Johson en esa época desgraciada, y le recordaba como un guitarrista pésimo, carente del más mínimo talento. Son House contaba que Robert desapareció durante unos meses, y que volvió convertido en un maestro supremo de la guitarra. Ahí comenzó la leyenda del diablo, de la que el propio Robert habló alguna vez. Decía que, en efecto, había vendido su alma. Seis de sus canciones hablaban del diablo.
Investigaciones posteriores indican que House no tardó unos meses, sino casi dos años, en rencontrarse con Robert. En cualquier caso, Robert aprendió a tocar, cantar y componer ya adulto y en muy poco tiempo. Atención, no estamos hablando de niveles normales. Hablamos del mejor bluesman de todos los tiempos. Hablamos del compositor de Love in vain. Hablamos de un hombre que sólo dejó dos sesiones de grabación y hoy es considerado uno de los mejores guitarristas de la historia. Cuando los Rolling Stones hicieron una versión de Love in vain para el disco Let it bleed, Keith Richards se negó a interpretarla como blues para no incurrir en sacrilegio.


En noviembre de 1936, Robert grabó varias canciones en San Antonio (Tejas). Entre ellas, Crossroad blues (El blues de la encrucijada). Si la escuchan ("Fui a la encrucijada y caí de rodillas, pedí al Señor, ten piedad, salva, por favor, al pobre Bob") creerán que, en efecto, Robert sufrió una experiencia terrible en un cruce de caminos, porque en su voz se percibe un terror absoluto. Parece verosímil, y menos sobrenatural, que en una encrucijada hubiera corrido un serio peligro de linchamiento. Al año siguiente, en Dallas (Tejas), grabó otro puñado de canciones. Una de ellas era Love in vain, maravillosa, inmensamente triste.

Robert murió en 16 de agosto de 1938, a los 27 años, en un cruce de caminos, cerca de Greenwood (Misisipi). Todo hace pensar que fue envenenado. El músico Sonny Boy Williamson, que tocaba con él aquellos días, explicó que alguien puso estricnina en el whisky de Robert por un lío de faldas. Hay tres lápidas en Greenwood dedicadas a Robert, sobre tres supuestas tumbas. No parece que ninguna sea auténtica. Se cree (al menos lo cree Sonny, que edita sus grabaciones) que el guitarrista fue enterrado bajo un árbol, sin lápida ni cruz, al lado del cruce de caminos.
En su canción Yo y el diablo, Robert decía: "Enterrad mi cuerpo junto a la carretera, para que mi viejo y malvado espíritu pueda subirse a un autobús de la Greyhound y viajar".
El cruce de las carreteras 61 y 49 en Clarksdale (Misisipi), donde se supone que el diablo afinó la guitarra de Robert, se ha convertido en lugar de peregrinación.

11 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2009/06/i-went-down-to-crossroads.html

http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2010/10/el-dolor-es-un-blues.html

Leido, disfrutado, sentido, compartido, ofrecido. Un abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Mi querido Emilio,acabo de volver de sus enlaces y ha sido una verdadera gozada,un cruce de caminos en donde no he vendido mi alma,pero sí la he dejado allí por unos momentos.
Un fuerte abrazo.

s a n d r a dijo...

Definitivamente, sin Robert, Clapton nunca hubiese sido Clapton! ; )

Déjame que me quite el sombrero.

P e t ó

Francisco Machuca dijo...

Sandra
Te quitas el sombrero y yo te canto un tema de Robert.Tú y yo conocemos bien según que cruces de caminos.
Petons guapa.

s a n d r a dijo...

Si tú me cantas un blues, yo me encargo personalmente de que aparezca el mismísimo diablo! ; )

Licantropunk dijo...

No sé si Robert Johnson toca como el demonio (qué sé yo), pero tu escrito huele a azufre: por si acaso ni te acerques por las rotondas (al menos en Salamanca son más que los cruces), no sea que te toque pagar deudas. Magnífico.
Saludos.

Marcos Callau dijo...

Excelente amigo Francisco. Entré en contacto con Robert Johnson gracias a un disco en que Eric Clapton lo homenajea abiertamente, cantando todos sus éxitos y posteriormente en un magnífico DVD editado para la ocasión y filmado donde Robert solía grabar. En efecto su sonido es espectacular. No creo que haya habido un guitarrista semejante en toda la historia. Yo qyue me iba a acostar temprano hoy, me acabas de obligar a escuchar el disco de Robert Johnson, una vez más. Un abrazo, amigo.

chanclas dijo...

Jo... Francisco, es una verdadera gozada entrar en tu blog. Apasionantes tus personajes.
Un abrazo

39escalones dijo...

Uf, prefiero no pensar en un pacto con el diablo; en ese caso habría que creer en Dios, y no quiero saber nada de contratos con ese tipo...
Fenomenal texto, amigo.
Abrazos

Kinezoe dijo...

¿No es este el mismo personaje que aparece en la cinta de los Coen "O Brother!"?... Interesante reseña, amigo. Siempre aprendiendo.

Un abrazo.

Juanjo dijo...

De creer en algo, creería más bien en un diablo gélido. El blues, pese a su nombre, tiene un punto cálido que va más allá de la tristeza. Y el infierno está varios grados por debajo de esa pena.

Un abrazo.