viernes 18 de febrero de 2011

El espíritu censor

Leo en un artículo de Javier Marías:

Un editor estadounidense ha decidido reeditar Huckleberry Finn, de Mark Twain, sustituyendo la palabra despectiva "nigger", que los personajes del siglo XIX emplean, por "esclavo", y la más bien humorística "inju" (Transcripción de una determinada pronunciación de "indian") por no sé bien, seguramente por "americano nativo", que es como ahora exige el espíritu censor que se denomine a comanche, siux, cheyenes y demás. Lo peor de todas estas iniciativas no es su ridiculez intrínseca, sino el ánimo que subyace a ellas, y que no es otro que el de mentir, falsear, ocultar, tergiversar, adulterar y censurar el pasado, la historia y la literatura. Ya que el pasado no fue como debería haber sido ni como el presente que aspiramos a instaurar, vamos a falsificarlo sin más." Leer el artículo completo aquí.

Olé por el editor americano. No voy a tener la presunción de pensar que soy yo el que está en lo cierto. Pero sí digo lo de la imbecilidad reinante es de que muchas de las cosas que suceden ahora son agresivas, como la creciente incapacidad de mucha gente para razonar, para argumentar, para incluso entender una argumentación. Cada vez hay menos permisividad para muchas cosas. Eso llamado políticamente correcto. Los problemas de libertad se resuelven con más libertad; no con menos. Incluso en la propia percepción de la sociedad se detectan mermas de libertad. Y luego, hoy, cualquier imbecilidad que se diga o se haga prospera. Quizá por ese falso respeto que existe por el cual todo está bien, toda opinión es respetable. No confundamos. Es respetable que alguien emita su opinión, su derecho a opinar. Pero hay opiniones despreciables. Hoy, se da una especie de exacerbación del democratismo, pero mal entendido. Porque una cosa es que todo el mundo sea inicialmente igual y otra que, después de que cada uno haga lo que hace, también siga siendo igual. Todos somos iguales en principio, pero al final no lo somos.

El editor estadounidense ha dado la señal de salida. Luego vendrán todos los demás: editores afiliados a La Sociedad Protectora de Animales. Reeditarán, por ejemplo, Moby Dick, sustituyendo la mala baba del capitán Ahab por un hombre concienciado que acaricia la cabeza de la gran ballena blanca. Reeditarán Colmillo blanco, sustituyendo al hermoso lobo por un perro atado a una correa con todos lo papeles en regla, seguido de su amo con un guante de plástico a la espera de que el perrito se cage. Vendrán los editores de gimnasio antitabaco y sustituirán la bebida y los cigarrillos en las novelas de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, por zumo de piña y chupa chups. Las prostitutas de Bukowski por buenas samaritanas...

No quiero dar ideas porque siempre he mantenido que las cosas irreales han determinado nuestras vidas más que las reales, y no quiero acabar con la sensación de que me he convertido en una especie de fantoche justiciero con la obligación de fabricar la catarsis a cualquier majadero que te exige el culto de su manía. Por favor.

6 comentarios:

Elvira dijo...

"No confundamos. Es respetable que alguien emita su opinión, su derecho a opinar. Pero hay opiniones despreciables."
"Porque una cosa es que todo el mundo sea inicialmente igual y otra que, después de que cada uno haga lo que hace, también siga siendo igual. Todos somos iguales en principio, pero al final no lo somos."

Genial, querido Francisco. Lo has clavado, lo expresas perfecto.

Besos, amigo

Miguel Sanfeliu dijo...

¡Bravo, Francisco! Hay que gritar contra todo lo absurdo. Denunciar la imbecilidad (creo que no hay otra forma de llamar a esto). Mientras tanto espero leer un King Kong donde el pobre animalito vuelva a la jungla y que alguien denuncie esos libros donde tanto se fuma.
Un abrazo.

Licantropunk dijo...

Es preocupante esa corriente de gilipollez que inunda el mundo: intentar arrancar la obra de Mark Twain de su tiempo, mintiendo y falseando la historia. Hace poco pasó con "Tintín en el Congo", que quisieron hacerlo desaparecer de las librerías (estoy leyendo "Sangre vagabunda" de James Ellroy, que retrata "a saco" el racismo americano de finales de los 60: a ese tipo -está un poco pirado, la verdad- no le pidan corrección política).
En fin, es lo que tiene el cómo se cuenta la historia: admite revisionismo. Pero el hecho histórico verdadero, ese no hay dios que lo cambie.
Saludos.

Elèna Casero dijo...

Leí el artículo de Marias. No suelo perdérmelo nunca.

Me parece tan fantástico.

Estamos confundiendo el culo (perdón, trasero) con las témporas

Un abrazo

39escalones dijo...

Chapeau, amigo.
A este paso, alguien no tardará en promover una reescritura de la Biblia para conseguir por fin que Jesucristo y Jehová se parezcan en algo a Dios. Tiempo al tiempo.
Abrazos.

Josep dijo...

Pues sí: eso mismo llevo pensando desde que percibí la excesiva atención que se le presta a declaraciones que sobre lo divino y lo humano prestan mentes preclaras y bien construidas como la de cualquier personaje popular, sea de la farándula sea del deporte.

Mi padre siempre me dice que no hay peor cosa que un tonto con un micrófono.

Y sí: los fanatismos nos llevarán, sin duda, a revisionismos espúreos e imbéciles.

Saludos.