
Para Carlos, Julia, Ramón y Luisa. Ellos me han sobornado para que siga escribiendo sobre cine clásico.
Los sobornados (1953), es una de las típicas películas de gángster de los 50 y, al mismo tiempo, la mejor película realizada por Fritz Lang durante dicha década. Típica de la época en la preocupación por la delincuencia organizada y sus relaciones con la policía y la corrupción judicial. Las investigaciones del Comité Kefauver había revelado la existencia de verdaderos imperios del hampa, que pagaban a los policías, y el tema reapareció a todo lo largo de los 50.
Los principales protagonistas de Los sobornados, Mike Lagana y Dave Bannion, son ambos tipos representativos del cine de gángster. Lagana es, en apariencia, un italoamericano próspero y respetable. Pero, debajo de esa fachada se oculta un implacable rey del hampa, dispuesto a eliminar a cualquiera que se interponga en su camino. Tiene al Comisario de policía en el bolsillo y puede incluso utilizar las fuerzas policiales para obstruir las investigaciones de Bannion.
Bannion (Glenn Ford) es el típico policía honesto y amargado, que decide hacer justicia por su cuenta. En un determinado momento recibe la ayuda de lo que no es de hecho sino un ejército privado, un grupo de amigos del servicio militar de su cuñado, que aparecen armados hasta los dientes para montar guardia y proteger a la hija de Bannion, dispuestos a enfrentarse a los gángsters en caso necesario.
El suicidio del sargento Tom Duncan, con el que se inicia la película, fija ya la atmósfera de violencia en la que se desarrollará toda ella. Aunque algunos de los incidentes no son mostrados, sino sólo comentados por los personajes, el estado de ánimo reinante en Los sobornados es el de brutalidad sin paliativos, como queda claro en el café hirviendo que Vince (gran Lee Marvin) arroja al rostro de Debbie (Gloria Grahame), la bomba en el coche y varias palizas y peleas a punta de pistola que la película contiene. Los sobornados marca el paso gradual de la violencia implícita o sugerida de las películas de los 30 y los 40 a la violencia mucho más gráfica y explícita de los 60 y los 70.

Los tensos diálogos de Los sobornados fueron escritos por Sidney Boehm, que había trabajado anteriormente como periodista especializado en el mundo de la delincuencia. La labor de dirección es vigorosa y directa; el ritmo de la película, rápido y sin descanso. Lang resumió su forma de enfocar Los sobornados cuando dijo: "Hay que mostrar al protagonista de manera que el público pueda sentirse identificado con él. En primer lugar, utilizo la cámara para mostrar las cosas desde el punto de vista del protagonista (siempre que sea posible). De ese modo, los espectadores se ponen en su lugar y piensan junto a él." Lang construyó la película de tal manera que la tensión fuese el argumento. Por ejemplo: Glenn Ford está sentado, junto con su hija; la mujer sale para meter el coche en el garaje. Se oye una explosión. Al no mostrarla, se logra primero el efecto de shock y sorpresa. ¿Qué ha sido eso? Ford sale corriendo. Ni tan siquiera puede abrir el coche. Ve sólo la catástrofe. Inmediatamente el público siente lo mismo que él.
La interpretación es espléndida. Glenn Ford combina su tenacidad e integridad como policía, con la profunda sensibilidad y vulnerabilidad del hombre que intenta mantener intactos sus ideales en un mundo corrompido y dominado por el crimen. Gloria Grahame está perfecta como la amiguita de un gángster, que al final provoca la caída de ese imperio del hampa; sus mordaces comentarios reflejan el conflicto interno entre el amor al lujo y al dinero y el desprecio que siente hacia el hombre que le proporciona ambas cosas. El elegante y omnipotente rey del hampa, interpretado por Alexander Scourby, el sádico sicario encarnado por Lee Marvin y la fría y corrompida viuda, interpretada por Jeanette Nolas, son tres vigorosos estudios sobre el mal y la depravación.
En las películas de Fritz Lang, Los sobornados, Mientras Nueva York duerme, nos enseña, a través de la crisis de sus personajes masculinos que soportan la posguerra, un mundo esquizoide, pesimista, incómodo, que conduce al crimen, al soborno, a la mentira, a una confusa sexualidad. Las mujeres de Lang siempre están prisioneras del deseo, del dinero, de la ansiedad, del destino; o de una existencia gris, vulnerable; se sienten desplazadas por su propia cotidianidad, sin un sitio real. La ciudad se ha transformado en un lugar extraño, duro, inhóspito, que te trata mal, que no te proporciona un buen empleo ni una casa agradable para vivir. En las grandes ciudades el amor siempre declina, y el lado oscuro, y oculto, de las personas se abre y enturbia la atmósfera.
Corren unos tiempos ideales para volver al cine de Fritz Lang.
4 comentarios:
Muy bien Paco. No has podido volver de mejor manera al cine clásico. Me encanta "Los sobornados" y en particular todas las películas de Fritz Lang de esta época. Glenn Ford y Gloria Grahame están perfectos y no digamos Lee Marvin!. Un fuerte abrazo, amigo.
Qué gran película y qué gran entrada, amigo. Ni que lo digas, unos tiempos idóneos para revisar esta obra maestra del género... Impresionante el papelón de Lee Marvin. En él deberían fijarse los que hacen de malos hoy en día. La escena del café es memorable por su crudeza.
Un abrazo.
Desde luego que sí: retomar el cine de Lang es sabia decisión, porque uno se alivia al comprobar que el cine es un arte de expresión de primera categoría.
Lang sin duda era un grandísimo director de intérpretes -además de excelente cineasta- porque en esta película extrae de su elenco el mejor jugo posible mientras les ofrece, eso sí, la posibilidad de lucirse y ello comporta, forzosamente, que el espectador se quede enganchado al asiento del primer minuto al último.
Con entradas así, a uno le falta tiempo para ver películas...
Saludos.
Pues yo me uno a la extorsión, ¿cuánto hay que poner?
Ay, Lang, esa Grahame que corta la respiración, y ese Lee Marvin que es para mí el tipo duro por excelencia del cine de siempre. Ves ahora a los "machotes" del celuloide digital, los comparas con Marvin, y a mí me entra la risa floja...
A seguir con el cine clásico, amigo.
Abrazos.
Publicar un comentario en la entrada