viernes, 25 de marzo de 2011

The Crowd




¡La ciencia, la nueva aristocrácia! Progreso. ¡El mundo sigue andando!

Arthur Rimbaud, Una temporada en el infierno


Y el mundo marcha (1928), de King Vidor posee una frescura narrativa que camina pareja con sus audaces secuencias, como las que se desarrollan en el interior de las grandes oficinas donde trabaja John Sims (James Murray). Billy Wilder, treintaidós años después en El apartamento (1960) realizó un homenaje a la película de Vidor para presentarnos a su inolvidable personaje C.C.Baxter. En su temática, la película presenta el drama de un hombre que trata toda su vida de ser alguien, pero que acaba engullido por la multitud, lo que en España Ortega y Gasset llamaría La rebelión de las masas. En el ambiguo final, se pensó en hasta siete posibilidades diferentes, se expresa la amargura del fracaso al desaparecer el impulso individual, aunque caben también interpretaciones diversas; no en vano la solución de los conflictos es, en apariencia, feliz.

La descripción de la vida matrimonial de los Sims, encarnados con propiedad por James Murray y Eleonor Boardman, entonces esposa de Vidor, tiene una autenticidad que hace vibrar la pantalla. Vidor logra instantes de inolvidable patetismo, como la secuencia del atropello de la niña, cuando el padre, desesperado, sale a la calle y pide a la multitud que guarde silencio, que su hija está enferma. Un policía le detiene y le dice: "El mundo no puede detenerse porque tu hija haya tenido un accidente". Es uno de los planos más impresionantes y dramáticos de la Historia del Cine.

John es un joven de la clase media baja norteamericana, quiere sobrevivir entre la mediocridad de la multitud. Con Bert, un compañero de trabajo, sale con las chicas de una oficina, Mary y Artelle, a Coney Island. Enamorado de la primera, contraerá pronto matrimonio. Tras la luna de miel en las cataratas de Niágara, tienen dos hijos. Pero enseguida la necesidad les va a apremiar seriamente.

En plena esfervescencia de los "felices 20", cuando parece que la vida sonríe a ambos, ganan un premio de 500 dólares, y sueñan con triunfar, muere la hija mayor atropellada por un camión. Este hecho les desequilibrará anímica y sentimentalmente. John, abatido por el dolor, pierde su empleo; Mary, aconsejada por su familia, opta por la separación. Al sentirse abandonado, él está a punto de suicidarse. Finalmente, conseguirá un trabajo como "hombre-anuncio", y animados también por la música preferida de la pareja, el matrimonio se vuelve a unir.

El final muestra a John, su esposa e hijo sentados entre los espectadores de un pequeño teatro de variedades, riéndose de las payasadas de un clown. La cámara va retrocediendo y se eleva para dejarlos entre la multitud, como los había encontrado. De hecho la película se titula originalmente The Crowd (La multitud). Esta verdadera y modesta tragedia americana era una premonición, en aquellos años de la loca prosperidad, de las esperanzas y los límites para todo ciudadano del país, en un momento en que iba a estallar la gran crisis de 1929: la mayor catástrofe económica de la historia, con millones de parados y marchas de hambre.

Obra mítica, por tanto, que avanza técnicas e innovaciones narrativas, en su comentado arranque y en el desenlace, que luego desarrollaría Orson Welles en Ciudadano Kane (1941) y la cual, asimismo, inventaría el antihéroe en el arte cinematográfico.

Cada vez que vuelvo a esta película junto a la obra maestra de Paul Fejos Soledad, realizada en el mismo año, tengo la convicción de que no hemos prosperado tanto. "¡El mundo sigue andando!".

2 comentarios:

39escalones dijo...

Digamos que marcha "a pesar de".
Abrazos.

Josep dijo...

La prosperidad ha sido más que nada, tecnológica y, por lo menos en el cine, no ha servido para avanzar mucho...

Un abrazo.