"Ser escritor significa vivir rodeado de pánico percibiendo a tu alrededor bultos que pasan de un compartimiento a otro con los calcetines mojados."
Tonto, muerto, bastardo e invisible, es la historia de un cuarentón, de nombre Jesús. Es cesado de su puesto de ejecutivo de una papelera multinacional. A partir de este hecho, Millás desata una narración que critica la insustancialidad de la vida contemporánea, ya desde el punto de vista laboral, sentimental, familiar, moral, e incluso histórico. Late tras las páginas de esta novela el deseo de ironizar sobre la deshumanización de las sociedades contemporáneas, que anulan al individuo y lo convierten precisamente en una suerte de adjetivos que son los que dan título a la obra: tonto, muerto, bastardo e invisible. Esos cuatro adjetivos resumen cáusticamente la degradación del individuo actual. No obstante, el punto de vista del autor es siempre amable, humorístico y no ajeno a una ternura de fondo, lo que hace que su crítica a esa deshumanización sea benévola y epidérmica. Millás tiene una peculiar manera de envolver el pensamiento por medio del humor, la paradoja o la ironía que acaba por engullir la noticia, lo que puede haber en ellos de comentario sobre la actualidad.
La novela está narrada en primera persona; tal punto de vista convierte todo el texto en un monólogo con algunos toques surrealistas o disparatados: el bigote del narrador es un postizo, que procede del cabello de Beatriz Samaritas, astróloga y quiromántica. Este narrador posee una psicología desquiciada, pero es un desquiciamiento de novela humorística, que a veces recuerda a Gómez de la Serna. El objetivo de criticar las sociedades actuales se pierde en el marasmo de acontecimientos y relaciones delirantes: la relación con su mujer, que es forense, la relación con su amigo "el huelemierdas", o sus visitas al sex-shop donde trabaja la china Gretel.
Millás tiene una lúcida visión crítica de la realidad vertida en la mejor literatura posible hoy en España.
6 comentarios:
Tuve mi época Millás en que me seducía su mundo turbio. Recuerdo El desorden de tu nombre, El jardín vacío, La soledad era esto y algunos más. Dejé pasar tiempo y volví a él pero ya no me atraía. Leí esta novela que comentas y no me interesó, de igual modo que El mundo me pareció alargada innecesariamente. Le leo todas las semanas en El País, sigo sus entrevistas, lo escucho en la cadena Ser con Gemma Nierga... Me sigue cayendo bien. Es un buen tipo. No le encuentro nada que me lleve a pensar que es un farsante, pero francamente estoy saturado de él y ya sus imágenes, su visión del mundo, sus paradojas... me cansan. Suele pasar. Me pasa con Javier Marías, pero este ni siquiera me gusta como novelista. Pero sí, Millás es irremplazable, pero en menos dosis, por favor.
Millás es asignatura pendiente para mí. Apuntado queda.
Abrazos.
Me apetece leer siempre las reseñas que haces de autores a los que no leo, como Millás.
Me los haces accesibles y un poco más conocidos, así no me siento extraña por no leerlos.
Ya el título de esta novela me echa para atrás.
Creo que esta semana se la voy a dedicar a Italo Calvino.
Besos
Leí a Millás enfebrecido. Lo desleí después. Llega a obsesionar. Ve una realidad que no vemos los normales: él sí. Me gusta enormemente su prosa periodística. No hay viernes que no compre El país (desde hace años, no sé, veinte tal vez) y mire la columna trasera. Estos últimos años, suya.
Gloriosamemte-
Estoy con Joselu, pero yo quizá le quiero un poco más, será que no leo los periódicos ; )
Acabo de encontrar tu blog y me he quedado maravillada. Cine, literatura... ¿se puede pedir más?
Enhorabuena!
Seguiré leyéndote.
Un saludo.
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