
Tengo los mismos gustos que mi admirado Julio Cortázar: lector emperdernido, amante de la soledad, apasionado del jazz, desconfiado de la "realidad" que nos ha sido dada, el mundo de los sueños, los cigarrillos, el whisky y caminar por las calles sin rumbo fijo. Hay quien dice que me parezco a él cuando hablo a diferencia de su hermosa voz baritonal y sus erres arrastradas. A veces sueño que estoy con él hablando en una terraza vacía y repleta de hojas otoñales. Incluso podría decir que me siento identificado con estas palabras que dijo en el mítico programa de televisión A fondo, capitaneado por el ya añorado y desaparecido Joaquín Soler Serrano: "Tengo muy mal gusto en materia de sentimientos, soy fácilmente sentimental."
Cortázar fue melómano desde su infancia. En la casa familiar de la calle Rodríguez Peña su hermana y su madre oían música clásica y tangos. A él, la música clásica, sí, pero el tango no le atraía lo más mínimo. Tendrá que pasar el tiempo hasta que lo descubra, lo que será ya en París en la década de los años sesenta. En sus años de adolescente él despertó a una música que procedía de los Estados Unidos y que en la Argentina se consideraba bárbara: el jazz. Será en los años bolivarsienses cuando se afiance su gusto por este. En estos años de Bolívar el jazz será, pues, otra manera, como lo fue la lectura, de evadirse del aislamiento provinciano.

En algún momento Cortázar dijo que comenzó a oír y a seguir jazz hacia 1928, cuando rondaba los catorce años de edad y a través de la radio. En aquella época ni en Buenos Aires ni en la Argentina había orquesta alguna que se atreviera a lanzarse a este tipo de composición e interpretación. Con la radio empezó a retener los nombres de músicos e intérpretes: Bessie Smith, Billie Holliday, Ethel Waters, Duke Ellington, Louis Armstrong, etc. "El primer disco de jazz que escuché por la radio quedó casi ahogado por los alaridos de espanto de mi familia, que naturalmente calificaba eso de música de negros. Eran incapaces de descubrir la melodía y el ritmo." Sin embargo, Cortázar lo tuvo muy claro desde el principio. El jazz ofrecía algo de que carecía la otra música: la improvisación, su capacidad metacreativa, sus takes, su movimiento espontáneo. A veces el escritor se ha referido, en este sentido, a la pobreza del tango, y que podemos extender a otras músicas formales, respecto a la riqueza del jazz. Esa precocidad, con el tiempo, irá ampliándose en cuanto a conocimiento de la música hot, tanto que en su madurez el escritor llegó a ser un auténtico especialista en la materia.
Además el jazz, por efecto contaminante, dejará su huella en su propia escritura, como reconoció él mismo: "Mi trabajo de escritor se da de una manera en donde hay una especie de ritmo, que no tiene nada que ver la la rima y las aliteraciones, no. Es una especie de latido, de swing, como dirían los músicos de jazz, una especie de ritmo que, si no está en lo que hago, es para mí la prueba de que no sirve." Pero dicha huella quedará impresa no solo en su sentido estilístico o estratégico sino también en el temático, valga la referencia subrayable a su cuento El perseguidor, basado en la vida de Charlie Parker, perteneciente al volumen Las armas secretas, el cual además marcará un punto de inflexión en su carrera y en su concepción vital. Añadamos la presencia del jazz en Rayuela o en La vuelta al día en ochenta mundos ("La vuelta al piano de Thelonius Monk"). La verdad es que resulta bastante fácil adivinar por qué se dan esos vínculos entre el jazz y la literatura cortazariana. El jazz, como he dicho, arma su discurso en la improvisación y en la espontaneidad, los cuales están muy próximos de lo irracional, territorio que como es sabido, le es especialmente proclive a Cortázar, de ahí esa afinidad con esta música equiparable al concepto de escritura automática. Breton, Aragon, Crevel, "el jazz me daba a mí el equivalente surrealista en la música, esa música que no necesitaba partituras."
Ayer volví a tener un sueño. Cortázar y yo estábamos tocando en una banda de jazz sobre una glorienta del siglo XIX. Nadie nos estaba escuchando. El suelo estaba repleto de hojas otoñales.
17 comentarios:
Seguro que yo sí os hubiera escuchado, mientras hacía unas cuantas fotos de las hojas como la que ilustra este final. Luego me hubiera quedado porque estoy bien en cualquier lugar donde no haya bullicio.
Me encanta el jazz. También soy una lectora empedernida y veo todo el cine que me puedo, adoro el silencio y prefiero estar sola que mal acompañada.
Hoy disfruté con la música, además de tus relatos, me apunté las tres pelis japonesas, creo que la de Días de tokio ya la he visto, pero no me importa volverla ver.
Y pasé un rato estupendo con tus historias de cine.
Muchos besos, Francisco.
llego hasta aquí de la mano de Elvira;y ahora estoy de pie, aplaudiéndote.
besos*
(habrás escuchado Jazzuela,verdad?)
Le recomendé a una amiga bloguera tu página, querido Paco. Ella es admiradora de Cortázar y de todos los que escriben bien como tú.
Besos, amigo
Qué sueño tan magnífico: ¿qué tocarías juntos? Una música nacida hacia adentro que sonaría muy fuerte fuera, seguramente.
Decía Kurt Vonnegut en "Un hombre sin patria" que el jazz es el motivo por el que el resto del mundo adora a los norteamericanos. Y seguramente tenía razón.
Saludos.
No habréis coincidido, pero apuesto que ambos habéis lanzado muchas palabras al viento. No siempre se quedan las mejores hojas en los árboles.
La mejor de las anarquías, sin duda, el orden dentro del caos.
Abrazos.
Soy totalmente incapaz de escribir sobre música, es demasiado grande.
Te leo, te entiendo, pero aún hay más, a que si?
Un p e t ó
Brindo por tu hermoso sueño, compadre; Cortázar, el Jazz anónimo, hecho para el ritmo de un instante, y las hojas del otoño y el invierno que se van para alcanzar la obscenidad de la primavera y el verano olvidadizos y ligeros.
Como siempre un gusto El tiempo ganado.
Un abrazo.
Hola Francisco Cuanta sabiduria llevas encima,veo que eres un hombre apasionado y amas todo lo que haces a tu modo.De donde soy estoy en esa estacion,la cual adoro.
Si amo el otoño e invierno,son mis estaciones favoritas,es cuando comienza el año para mi y renazco.
Y poder estar en soledad,fundirse en los pensamientos de uno mismo,disfrutar de unos momentos de silencio,eso es genial.
Lo unico que no comparto es lo de la musica Jazz,todavia no estoy lista para ella.
Te deseo lo mejor,besos Daniela
Disfruto leyéndote pero si además hablas de Cortazar y me cuentas ese sueño es que termino viéndote junto a él y escuchando un blues.
Un deleite para el espíritu tus palabras.
Un abrazo-
Hola Francisco,sin duda eres un autentico apasionado,que ama todo lo que hace a su modo.Yo me encuentro disfrutando del Otoño,al igual que el invierno,son mis estaciones favoritas.Ver caer las hojas de los arboles,es hermoso.Respecto de la soledad,es lo que mas me gusta es,tener unos ratos de silencio,para fundirme en mis pensamientos,leer un buen libro,escuchar musica.Lo unico que no comparto es lo del Jazz,todavia no estoy lista para el.
Esta reseña esta exquisita,me encanto.
Te saluda atentamente Celeste.
Hola querido Francisco,uno cuando admira a alguien pretende tener un cierto parecido,lo cual esta muy bien.
Aqui veo que tienes un gusto impecable,por las cosas.Si no me equivoco,eres solitario,apasionado al jazz,gustas de un buen whisky,un buen cigarillo y sobre todo disfrutas de Cortazar.Todo un genio Francisco,esta reseña esta espectacular.
Tu manera de escribir es sensacional,te felicito.
Mis favoritos del jazz son Cole Porter,Ella Fitzgerald,Charles Mingus,Gerry Mulligan,George Gershwin.Este ultimo me encanta.
Saludos
Veo que hay aquí un gran entusiasmo por Cortázar,y me satisface mucho.
Muchas gracias por vuestros comentarios tan enriquecedores.
Otoño, hojas danzando, bajo una glorieta una banda de jazz, un duo, Cortazar y Machuca, no hay público, no necesitan público, solo el otoño y el jazz.....y la nostalgia de los versos.
Hace tiempo que no leo nada de Cortázar; pero cuando le descubrí y le devoré, casi siempre lo hacía con jazz de fondo.
Conocer ahora de tu excelente mano esa afición de Julio Cortázar por el jazz, me hace comprender la sensación armónica que sentía en la lectura acompañada de música.
Un abrazo.
Recuerdo un largo artículo de Javier de Cambra en El Urogallo donde el autor se confesaba persuadido de que Julio Cortázar y Dexter Gordon eran dobles el uno del otro: "escritor tenor y saxo letrista, cronopio en blues mayor... y saxofonista de todos los fuegos el fuego... Julio Gordon y Dexter Cortázar...", decía Cambra, para acabar contando que el gran Tete Monteliú llegó a asegurar que la lectura de Julio Cortázar -¿Braille o una voz amiga?- había cambiado su manera de tocar.
Un saludo.
Publicar un comentario en la entrada